LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

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La resurrección de Cristo es el corazón del cristianismo, lo que lo hace pulsar con la vida de Dios. Es la piedra del ángulo para el arco de la verdad, que mantiene unida toda la fe del evangelio. Es el fundamento de la iglesia. Es el motivo principal de la actividad cristiana. Es el eslabón que une a todos los creyentes”. Una declaración elocuente y verídica.
Pero algunos no creen que se levantan los muertos. Por ejemplo: el judaísmo no cree que Jesús se levantó de la tumba. Algunos judíos sí creen en una resurrección de los muertos. Su creencia se basa en Escrituras como Daniel 12:2; Isaías 26:19; Job 19:25–27, que parecen referirse a una resurrección. Jesús señaló a los saduceos que Éxodo 3:5–6 enseña una resurrección (Mateo 22:31–32). Pero ellos rechazan la prueba más contundente para ella – la resurrección de Jesús.

El budismo no cree en una resurrección corporal de los muertos.

Su interés principal es acerca de la vida aquí y ahora, y cómo vivirla.

El islam cree en una resurrección, pero no sobre la base de la resurrección de Jesús.

Ellos no creen en la muerte de Jesús, mucho menos en su resurrección.
Algunas religiones paganas creen en una vida después de la muerte, pero en una sobrevivencia del espíritu, no del cuerpo. Niegan cualquier resurrección corporal como la que enseña el Nuevo Testamento. Aun algunos que se llaman cristianos niegan la resurrección corporal de Jesús.

¡Pablo, sin embargo, declara que el creer en la resurrección de Jesús es un requisito para ser salvo, para ser cristiano! (Romanos 10:9). El creer en la resurrección de Jesús es una creencia cristiana distintiva.

La resurrección de Cristo fue predicho

Por los profetas del Antiguo Testamento.

Como notó Pedro en el Pentecostés, Salmo 16:8–11 es la predicción más clara de la resurrección de Jesús. Pedro lo cita en Hechos 2:25–28 y explica que David no está hablando de sí mismo, porque David había muerto y su tumba todavía estaba allí en Jerusalén (Hechos 2:29). Salmo 16 habla acerca del Mesías, el descendiente prometido de David.
David profetizó que el alma de Jesús no sería dejada en el Seol, la morada de los muertos, ni vería corrupción, que significa que el alma y el cuerpo de Jesús serían resucitados (Salmos 16:8–11).

Mientras predicaba en la sinagoga en Antioquía, Pablo cita Salmos 2 y 16 como predicciones de la resurrección de Jesús (Hechos 13:32–38). Estos fueron escritos cerca de mil años antes de ocurrirse el evento.

Jesús predijo su propia resurrección.

“Jesús mismo nunca predijo su muerte sin añadir que se levantaría, y describió su resurrección venidera como una ‘señal’ [un milagro atestiguante]”.
La primera referencia a su resurrección fue dada en una declaración disimulada que llamaba a su cuerpo un templo que, si fuera destruido, sería levantado (Juan 2:18–22). Después que fue levantado, los discípulos entendieron su significado (Juan 2:22).

En Mateo 12:38–40, cuando los judíos pidieron una “señal” de quién era Jesús, él dijo que la única señal que daría era “la señal del profeta Jonás”. “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:39–40).

¡Es significativo que Jesús arriesgó el futuro del evangelio y su iglesia en el cumplimiento de su predicción acerca de su resurrección! También era la única gran señal de quién era él (Romanos 1:4). Lo hizo, porque la resurrección de Cristo no es periférica, sino céntrica a nuestra fe. No es secundaria, sino primaria. Emil Brunner afirma:

“Sobre la resurrección depende todo lo demás” . ¡Jesús también lo pensó así!

Después que los apóstoles hicieron la buena confesión en Cesarea de Filipo, Jesús comenzó a hablar más claramente y más frecuentemente acerca de su muerte y resurrección venideras (vea Mateo 16:21; 17:9, 22–23; 20:18–19; 26:32; 27:63). Se puede citar dos razones por esto: (1) Él debe prepararlos para este evento trascendente. (2) Después de dos años que han pasado con él, pueden entender mejor y tratar con esta revelación asombrosa. Por supuesto, aún no entendían plenamente acerca de la resurrección hasta que ocurrió (vea Marcos 9:31–32; 16:9–13; Juan 20:8–9).

La evidencia para la resurrección de Cristo

El cristianismo es una fe histórica, basado en hechos o eventos que se llevaron a cabo en el tiempo y el espacio – eventos que podían ser examinados por aquellos que vivían en el tiempo en que ocurrieron (1 Corintios 15:6).
Lucas dice: “[Jesús,] después de haber padecido [muerte, sufrimiento], se presentó vivo con muchas pruebas indubitables [pruebas convincentes]” (Hechos 1:3). ¡Dios no estuvo contento con dar sólo unas cuantas, sino que dio a los apóstoles muchas pruebas convincentes y persuasivas de que Jesús estaba VIVO!

Wilbur Smith declara que la resurrección de Cristo involucra cuatro factores básicos que el mundo tiene que considerar si va a conocer la verdad acerca de Jesús.

(1) Hubo una persona llamada Jesús de Nazaret en esta tierra durante el primer siglo de nuestra era.
(2) Esta persona murió en una cruz durante el tiempo que Poncio Pilato reinaba en Palestina. Los soldados romanos que lo ejecutaron dijeron que estaba muerto. Pilato lo declaró muerto oficialmente y dio su cuerpo para ser sepultado (Marcos 15:42–45).
(3) El cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz y puesto en una tumba nueva en la tarde del viernes (Mateo 27:59–60).
(4) ¡El domingo en la mañana la tumba estaba vacía! (Lucas 24:1–6).

Cuatro evidencias de la resurreción

Este estudio examinará cuatro evidencias de la resurreción.

La tumba estaba vacía

1. Este hecho fue confirmado por:

a. María Magdalena, quien fue la primera en visitar la tumba (Juan 20:2, 11–13).
b. Las mujeres, quienes trajeron especias (Lucas 23:55–56; 24:1–3).
c. Pedro y Juan (Juan 20:3–9).
d. El ángel en la tumba (Lucas 24:4–9; Mateo 28:5–7).

La clara declaración del ángel fue: “No está aquí, pues ha resucitado como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mateo 28:6).

2. Nadie negó que la tumba estaba vacía. Las acciones de sus enemigos comprobaron que creían que estaba vacía. Los guardas en la tumba estuvieron como hombres muertos y luego huyeron de la escena. El descenso del ángel, el traslado de la piedra, etc., debían haber sido atemorizantes para haberlos paralizado con tanto miedo (Mateo 28:4, 11).
Los líderes judíos fueron tan convencidos por el reporte de la guardia que no llevaron a cabo ninguna investigación para determinar su verdad. Antes bien, les dieron mucho dinero para contar la mentira de que los discípulos habían robado el cuerpo mientras ellos dormían (Mateo 28:11–15) – ¡una admisión obvia de que ellos creyeron que la tumba estaba vacía!

En los tiempos del Nuevo Testamento no hubo quien negara que la tumba quedó vacía. Y desde aquellos días hasta ahora tampoco hay persona que lo niega. Lo que han hecho es crear teorías para tratar de justificar la tumba vacía.

3. Teoría – Los discípulos robaron el cuerpo de Jesús. Estas explicaciones falsas han tomado varias formas. Algunos especulan que José de Arimatea quitó el cuerpo. O que las autoridades romanos o judíos mandaron quitarlo. No existe evidencia alguna para apoyar estas teorías en el Nuevo Testamento.

Quizás la teoría más persistente es la que los judíos utilizaron para cubrir su vergüenza al haber perdido el cuerpo. Eso es: “Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos” (Mateo 28:13).
La debilidad de esta teoría es obvia. Pregunta: ¿Cómo supo la guardia que los discípulos robaron el cuerpo si estuvieron dormidos? Además, en ese tiempo, los discípulos no creían que él se levantaría de nuevo. Vea Juan 20:9; Marcos 16:11. Entonces, ¿por qué robar el cuerpo? ¿Cuál sería el motivo por ello?

Un pensamiento final: Los discípulos no podían haber robado el cuerpo, aun si hubieron querido hacerlo. La guardia romana lo hubiera evitado. Los discípulos no estaban entrenados para pelear; eran pescadores, publicanos, etc. Estos soladados endurecidos y entrenados los hubieran matado brutalmente. No existe evidencia alguna para esta teoría.
La tumba estaba vacía – Sólo hay dos alternativas: ¡O su cuerpo fue tomado de la tumba por manos humanas o por un poder sobrehumano! ¡La evidencia indica claramente este último!

Repitamos: Nadie negó que la tumba estaba vacía. John R. W. Stott dijo que el silencio de los enemigos de Cristo “es una prueba tan elocuente de la resurrección como la es el testimonio de los apóstoles”. Jesús ha resucitado, como él predijo que lo haría (Marcos 9:31).

La tumba en el huerto está vacía.
La guardia en confusión ha huido;
Un ángel del cielo quitó la piedra
Y Jesús ya no está muerto.

Canten: “Aleluya”, porque Jesús está vivo.
La muerte está vencida; ya no lloren;
Canten: “Aleluya”, porque Jesús está dando
Vida a todos aquellos que su gracia reciben.

 

Los lienzos estaban sin alterar.

Los mismos evangelios que nos dicen que no estaba el cuerpo de Cristo nos dicen que los lienzos no se habían ido. El evangelio de Juan enfatiza esto.

1. Cuando María Magdalena regresó de la tumba y dijo a Pedro que no estaba el cuerpo de Cristo, él y Juan corrieron a la tumba para investigar. Después de entrar Pedro en la tumba, luego Juan también entró. Él escribe: “Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio y creyó” (Juan 20:8).

¿Qué fue lo que vio Juan que causó que creyera? La historia sugiere que fueron los lienzos, pero no sólo ellos, sino la manera en que estuvieron dispuestos, que lo convenció (Juan 20:6–8). ¿Qué fue lo que Juan vio?
Él dice: “Y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte” (Juan 20:6–7).

Notemos estos hechos: Los lienzos estaban allí. Si algún ladrón hubiera tomado el cuerpo, lo hubiera agarrado y huido. ¿Qué razón posible hubiera tenido un ladrón de quitar y dejar los lienzos? Estos lienzos eran complicados y difíciles de quitar.
Merrill Tenney escribe:

Según la tradición judía, el cuerpo usualmente era lavado y enderezado y vendado apretadamente de los axilas a los tobillos con tiros de tela de lino de cerca de 30 cm. de ancho. Se aplicaban especias aromáticas, a menudo de una consistencia gomosa, entre las envolturas o dobleces. Servían en parte como un preservativo y en parte como un cemento para pegar las envolturas de tela en una cobertura sólida. Cuando el cuerpo estaba cubierto así, un cuadro de tela se envolvía alrededor de la cabeza y se amarraba debajo de la barba para evitar que se aflojara la quijada.

2. Estaban sin estar alterados. Juan escribe que los lienzos de lino que habían envuelto el cuerpo estaban puestos en un solo lugar. Pero el sudario que cubrió la cabeza estaba en un lugar aparte, con algún espacio entre ellos. La idea parece ser que estaban en la misma posición en que estuvieron en el cuerpo de Jesús, excepto que no estaba el cuerpo. Era como si su cuerpo hubiera pasado a través de los lienzos, como más tarde pasó a través de puertas, dejándolas sin alterar (Juan 20:19, 26). Una vez removido el cuerpo, que era el apoyo, los lienzos simplemente se colapsaron donde estaban. Los lienzos estaban pesados – se había usado unos 33 kilogramos (griego: 100 libras) de especias (Juan 19:39).

3. Parece claro que los lienzos fueron dejados como testimonio a la resurrección. La manera en que estuvieron dispuestos y las palabras del ángel sugieren esto. El ángel dijo a las mujeres: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor” (Mateo 28:6). John Stott escribe: “No habían sido ni doblados ni manipulados por ser humano alguno. Estaban como una crisálida desechada, de la cual la mariposa ha emergido” (Basic Christianity [Cristianismo básico], p. 53). El ángel pidió a las mujeres ver la tumba vacía y ser convencidas de que el Señor había resucitado (Mateo 28:6; Marcos 16:6). Ciertamente, ellas vieron los lienzos y fueron impresionadas, así como lo fue Pedro (Lucas 24:12) y como lo fue Juan cuando “[los] vio y creyó” (Juan 20:8).

El Señor fue visto – sus apariencias.

Una de las evidencias más fuertes para la resurrección son las apariencias de Jesús después de ser levantado. Esto era el plan determinado de Dios, dijo Pedro. “A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase” (Hechos 10:40).

1. Evidencia acerca de Jesús de testigos oculares. La responsabilidad principal de los apóstoles era el presentar evidencia que comprobaba que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. Fueron capacitados para hacer esto por el Espíritu Santo. Jesús dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos …” (Hechos 1:8). Pablo implica que la resurrección fue la prueba suprema de su identidad. Dice de Jesús: “Fue declarado Hijo de Dios con poder … por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4).

Esto es porqué era necesario por un apóstol haber visto al Señor después de su resurrección (Hechos 1:22; 1 Corintios 9:1). Esto los capacitó para dar testimonio ocular tocante a Jesús, testimonio personal, no de boca de otra, y no evidencia por rumores. Pedro dijo: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:32; compare Hechos 3:15; 4:33; 5:31; 1 Pedro 5:1; Lucas 24:48; 1 Corintios 9:1; Hechos 13:30–31).

Pedro llamó a los testigos “escogidos”, seleccionados por Dios (Hechos 10:40–41). ¿Por qué aparecerse a gente seleccionada? Es obvio que Dios escogió a aquellos quienes lo conocían mejor, no a unos apenas conocidos. Si la policía quiere identificar un cuerpo, busca a alguien que conocía a la persona íntimamente. Él puede identificar mejor a la persona muerta, sin la posibilidad de una equivocación. ¡Dios quiso a los mejores testigos para identificar al Cristo resucitado!

2. El número y la naturaleza de las apariencias. Usualmente se fija el número en 10 u 11, más Pablo. Las apariencias parecen haber sido en este orden:

A María Magdalena, Juan 20:14; Marcos 16:9
A las mujeres, regresando del sepulcro, Mateo 28:9
A Pedro, Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5
A dos discípulos en el camino a Emaús, Lucas 24:13–33
A diez apóstoles, Tomás ausente, Lucas 24:36–43; Juan 20:19–24
A once apóstoles, Tomás presente, Juan 20:26–29
A siete apóstoles junto al mar de Galilea, Juan 21:1–23
A más de quinientos, 1 Corintios 15:6
A Jacobo, 1 Corintios 15:7
A los once apóstoles en Galilea, Mateo 28:16–20
A los apóstoles en la ascención, Hechos 1:3–12
A Pablo, Hechos 9:3–6; 1 Corintios 15:8

3. Los tiempos y propósitos de sus apariencias.
a. Los tiempos. Jesús apareció a los apóstoles/discípulos por un período de 40 días (Hechos 1:3). Fue visto a toda hora del día: temprano en la mañana junto al mar de Galilea (Juan 21:1–4); a mediados de la mañana en el huerto de José (Juan 20:11–18); en la tarde en el camino a Emaús (Lucas 24:13–34); y en la noche en un cuarto cerrado con los discípulos (Juan 20:19; Lucas 24:33).

b. Los propósitos. El propósito principal era para convencer a sus discípulos de que él estaba vivo, que era la prueba suprema de que él era el Mesías, el Hijo de Dios (Romanos 1:4; Mateo 12:38–40). Todas sus apariencias tuvieron objetivos determinados. “Si Jesús quería reclamar a Pedro, disipar las dudas de Tomás, secar las lágrimas de María o dar enseñanza extensiva a los apóstoles, él hizo cada ocasión con propósito”.

Lucas describe su ministerio de 40 días así: “Apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Hechos 1:3). Jesús nunca se reveló a sí mismo sólo para sobresaltar o sorprender o evocar asombro o aplausos. No fueron apariencias fugaces, sino “entrevistas prolongadas”. Eran sesiones de enseñanza tocante al reino de Dios – sin duda diseñadas para preparar a los apóstoles para establecer y guiar a su iglesia. La enseñanza de Tomás puede ser típica de sus apariencias (Juan 20:26–29).

Es muy probable que Jesús instruyó a sus apóstoles a elegir a un sucesor a Judas, como vemos en Hechos 1:15–26. Él tenía mucho que decirles. Eran cuarenta días muy ocupados para nuestro Señor.

4. Falsas explicaciones de las apariencias. En un esfuerzo para refutar la resurrección, los escépticos han diseñado teorías para justificar la evidencia de las apariencias. Ellos sugieren que eran: (a) los inventos de los discípulos o (b) alucinaciones.

a. Las apariencias – inventadas por los discípulos. Los estudiosos de la Biblia muestran que no podrían ser inventados. Primero, los narrativos son demasiado sencillos, ingenuos y naturales para ser ideados. Les falta el carácter forzado, exagerado y antinatural de la mayoría de los cuentos falsos o inventados. Son gráficos y contienen toques detallados que sugieren informes de testigos oculares. “Los cuentos de la carrera hasta la tumba y del camino a Emaús son demasiado vívidos y reales para haber sido inventados”.

Un cuento inventado hubiera “eliminado o, cuando menos, disminuido las dudas y los temores de los apóstoles” (Ibid.). Los Evangelios no hacen nada de eso. Revelan claramente la lucha que tuvieron para creer que Jesús estaba vivo. Esta teoría llama a cuentas o la integridad o la inteligencia de los apóstoles, o ambas.

b. La apariencias – alucinaciones de los discípulos. Las apariencias tampoco fueron alucinaciones. “Una alucinación es una ‘percepción aparente de un objeto externo cuando no está presente tal objeto’ ”. Usualmente se asocia esto con gente que es altamente imaginativa o neurótica. Tienden a ver cosas y oír voces que otros no ven u oyen. Normalmente, la alucinación es un clímax a un período de ilusiones extremas. Ellos creen que van a ver algo y desean fuertemente verlo.

Falta completamente esta característica en las vidas de los apóstoles. Los apóstoles ni creyeron en una resurrección ni la esperaron. Por ejemplo, Juan dice, cuando él y Pedro corrieron a la tumba: “Aún no habían entendido la escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (Juan 20:9). Cuando María Magdalena reportó que él estaba vivo, “no lo creyeron” (Marcos 16:11). Cuando las mujeres les dieron el mismo mensaje, “les parecían locura las palabras de ellas” (Lucas 24:11).

Los apóstoles no fueron culpables de ilusiones, credulidad ingenua o aceptación ciega. Fueron cautelosos y escépticos. Pero era un escepticismo saludable. Querían creer sólo lo que estaba claramente comprobado. ¡Cuando Cristo presentó tales pruebas, ellos creyeron! ¡Y dieron sus vidas, mostrando cuán firmemente ellos creían que él estaba vivo!

Los discípulos fueron cambiados.

“Quizás la transformación de los discípulos de Jesús es la evidencia más grande de todas para la resurrección”. ¡Ciertamente, es difícil de explicar si Jesús no fue resucitado! Tres hombres ilustran este cambio: Tomás; Jacobo, el hermano del Señor; y Pedro.

1. Tomás. Jesús apareció a los discípulos en la tarde del día de su resurrección (Juan 20:19–20). Tomás, el gemelo, no estuvo presente. “Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Juan 20:25).
Una semana más tarde, el Señor apareció a los discípulos otra vez, estando Tomás presente. Jesús dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27).
Cuando Tomás vio las huellas de los clavos en sus manos y la cicatriz de la lanza en su costado, clamó: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28). Fue convencido que era Jesús en el mismo cuerpo que había estado clavado en la cruz. La evidencia era demasiado fuerte para negar. ¡Jesús se había levantado de los muertos! También creyó que Jesús era Dios venido en carne; por lo tanto confesó a Jesús como “Señor mío y Dios mío”.

¡No hubo un discípulo crédulo aquí! Él quería pruebas, y Jesús se las dio. Jesús no reprocha a Tomás, sino le da evidencia clara. Jesús, por sus acciones, dice: “No culpen a Tomás; ¡enséñenlo”! Deberíamos estar agradecidos con Tomás por su escepticismo honesto. Nuestra fe tiene un fundamento más fuerte a causa de las pruebas que Jesús dio a Tomás. Fue el Cristo resucitado que transformó a Tomás. Nada más lo podría haber hecho.

2. Jacobo, el hermano del Señor. A través del ministerio de Cristo, sus hermanos no eran creyentes en él (Juan 7:5). Sin embargo, en Hechos 1:14, “sus hermanos”, y su madre, María, estuvieron con los apóstoles, orando y esperando al Pentecostés. Dos de estos hermanos fueron Jacobo y Judas. Jacobo se hizo líder en la iglesia en Jerusalén, cuando los apóstoles comenzaron a evangelizar en otras partes (Hechos 12:17). Judas escribió la Epístola de Judas. ¿Qué fue lo que les cambió? Parece que se encuentra la respuesta en 1 Corintios 15:7, donde Pablo dice que Jesús apareció a Jacobo después de la resurrección. ¡Fue cambiado!

3. Pedro. Quizás el cambio más dramático se ve en Pedro. Después del arresto de Jesús, Pedro, quien verdaderamente amaba al Señor, lo siguió al patio del sumo sacerdote. Allí, por miedo, permitió a una criada asustarlo hasta hacerle negar al Señor. ¡Antes de terminar la noche, niega a Jesús dos veces más! (Marcos 14:66–72).

Pedro estuvo entre los discípulos escondidos detrás de las puertas cerradas, temorosos de los judíos, cuando Jesús se les apareció el día de la resurrección (Juan 20:19, compare 26). Louis Cassel describe su condición mental así: “Los discípulos habían huido de la escena de la crucifixión en pánico y desesperación, sus esperanzas aplastadas, sus propias vidas en peligro”. ¡No es un cuadro de “conquistadores del mundo”!

¡Pero vea a los apóstoles siete semanas más tarde en el templo en Jerusalén! Pedro está delante de miles de judíos, predicando con denuedo:

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella (Hechos 2:22–24).

¡Sin temor, Pedro los acusa de ser asesinos y declara con confianza que Jesús está vivo! También, truena su voz al decir que Jesús ahora está sentado “por la diestra de Dios”, y “ha derramado esto [el Espíritu Santo] que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33).

Más tarde, cuando los saduceos arrestaron a Pedro y Juan por predicar “en Jesús la resurrección de entre los muertos” (Hechos 4:2), ellos condenaron audazmente a los judíos por haber crucificado a Jesús, “a quien Dios resucitó de los muertos” (Hechos 4:10). El sanedrín prohibió a los apóstoles predicar más en el nombre de Jesús, pero ellos seguían predicando. Cuando fueron arrestados de nuevo y ordenados a dejar de predicar, Pedro y los apóstoles contestaron francamente: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Por supuesto, fueron gravemente azotados, ¡pero salieron del tribunal, “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre”! (Hechos 5:41). ¡Qué valor y convicción!

¿Qué cambió a estos hombres “temorosos” a hombres “sin temor”? Especialmente a Pedro. Sugerimos estas cosas:

a. La apariencia de Jesús a Pedro (y los apóstoles) después de la resurrección (1 Corintios 15:5; Lucas 24:33–34).
b. La tumba vacía que Pedro y Juan vieron (Juan 20:8–9).
c. Pedro vio la misma evidencia del cuerpo de Jesús que Tomás vio (Juan 20:26–28).
d. Por supuesto, el bautismo del Espíritu Santo, que los apóstoles recibieron en Pentecostés fue un factor
mayor en el cambio (Hechos 1:4–5; 2:1–4).

Josh McDowell cita este resumen:

“En el día de la crucifixión estuvieron llenos de tristeza; en el primer día de la semana, de felicidad. En la crucifixión estuvieron sin esperanza; en el primer día de la semana, sus corazones resplandecieron con certidumbre y esperanza. Cuando el mensaje de la resurrección llegó primero, estuvieron incrédulos y difíciles de convencer, pero, una vez que tuvieron esta seguridad, nunca dudaron jamás”.

¡Los apóstoles fueron cambiados! ¡Sólo el Señor resucitado pudo haber efectuado este cambio!
Lucas escribe de Jesús: “Se presentó … vivo con muchas pruebas indubitables [convincentes]” durante los 40 días después de la resurrección (Hechos 1:3). ¡Creemos que son convincentes!

Las consecuencias – si Jesús se levantó o no de la tumba (1 Corintios 15:12–23)

El camino oscuro

– si Cristo no hubiera resucitado (1 Corintios 15:12–19). Doctrina falsa – No hay una resurreccón de los muertos (1 Corintios 15:12). Algunos en Corinto creían esto. En un esfuerzo para corregir esta enseñanza, Pablo examina las consecuencias de esto en cuanto a su salvación. Esta enseñanza falsa significaría:

1. Que Cristo no había sido levantado (1 Corintios 15:13). Si no hay una resurrección, entonces, obviamente, las nuevas de la resurrección de Cristo son falsas.

2. Que la predicación de los apóstoles es “vana, inútil, vacía” (1 Corintios 15:14). Pablo acaba de declarar los puntos importantes del mensaje del evangelio. Son: “Que Cristo murió por nuestros pecados … y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3–4). ¡Si los muertos no son levantados, entonces no hay “Buenas Nuevas” para nuestros pecados! Nuestro mensaje no tiene contenido, ni sustancia. De hecho, ¡es una mentira!

3. Que su fe también es “vana o sin significado” (v. 14). “Si ese evangelio era una farsa, entonces también la era la fe que producía”. La validez de su fe dependía de la veracidad del evangelio que creían.

4. Que “aun estáis en sus pecados” (1 Corintios 15:17). Si el evangelio, “el poder de Dios para salvación”, no es verdad, entonces no traía perdón de los pecados cuando lo obedecían. Pablo acaba de señalar que “Cristo murió por nuestros pecados” (15:3). Pero si los hombres todavía están en sus pecados, entonces la muerte de Jesús no ha logrado nada. “El Cristo muerto sin resurrección sería un Cristo condenado, no justificado. ¿Cómo podría justificar a otros?”. ¡Qué cuadro tan tenebroso pinta Pablo!

5. Finalmente, ¡que aquellos que han muerto en Cristo “perecieron”! (1 Corintios 15:18–19). Los cristianos morían con una esperanza de que iban a estar con Cristo (Filipenses 1:23). La muerte era “ganancia” (Filipenses 1:21). No se entristecían “como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13). Porque creían firmemente que el Señor los levantaría de los muertos (1 Tesalonicenses 4:16).

Pero, si los muertos no son levantandos, entonces esto es un espejismo. Si nuestra esperanza en Cristo es solamente para este mundo, estamos engañados, somos criaturas que deberían ser “dignos de conmiseración” (1 Corintios 15:19). ¡Cuán desalentadora sería esta vida si Cristo no ha sido levantado!

El amanecer en un camino oscuro

– ¡Pero Cristo ha sido levantado! (1 Corintios 15:20–23). Pablo ha presentado las condiciones lóbregas del hombre si no hay una resurrección (1 Corintios 15:12–19). Luego, en el v. 20, estalla, como un amanecer en un camino de montaña, con estas palabras: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos …”, “el Sol de justicia” de Dios (Malaquías 4:2), levantándose para traer luz celestial y esperanza a un mundo perdido.

Todas las consecuencias desoladas que Pablo describe en 1 Corintios 15:12–19 ya no existen. ¡Porque Cristo en verdad se ha levantado! ¡Bendiciones nuevas, consecuencias nuevas prevalecen! Aquí están algunas de ellas:

1. ¡Cristo se ha levantado – para no morir jamás! Cuando Pablo escribió: “Cristo ha resucitado de los muertos”, usó el tiempo perfecto para expresar el verbo “resucitar” en el v. 20. El perfecto significa que algo ha sucedido en el pasado, y los efectos permenecen en el presente. Esto señala al estado continuo de Cristo – los resultados duraderos del evento. ¡No sólo resucitó el Jesús crucificado, sino ahora está a la diestra del Padre, intercediendo por su iglesia!

Romanos 6:9 confirma esto: “Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él”. Lázaro, el hijo de la viuda y otros que fueron levantados, volvieron a morir. Jesús no morirá otra vez. En esto, la resurrección de Cristo se difiere de todas las demás en la Biblia.

Si el camino de la cruz se quedara en la cruz,
Hubiéramos conocido sólo la derrota;
Si el Cristo de la cruz se quedara en la tumba,
Su obra hubiera sido incompleta.
Mas el camino de la cruz nunca queda en la cruz;
El camino de la cruz sigue adelante
A la gracia triunfante en el lugar celestial
Donde se ha ido el Señor levantado.

2. Cuando Jesús se levantó, completó el plan de salvación del evangelio. Pablo declaró que Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones” (Romanos 4:25). “Cristo fue ‘entregado’ para expiar los pecados de su pueblo, y fue levantado para nuestra justificación”. De esta manera se completó el evangelio para salvar al hombre pecador, porque el poder o la eficacia de su muerte dependía de su resurrección.

También, la resurrección de Jesús reveló la aceptación de Dios de la obra vicaria y expiatoria de su Hijo. Cuando Dios levantó a Jesús, puso su sello de aprobación sobre él y su obra.

3. La resurrección de Cristo aseguró la resurrección de los cristianos. En 1 Corintios 15:20, Pablo llamó a Jesús “primicias de los que durmieron”. El término “primicias” se refiere a la primera gavilla de la siega que era traída al templo y ofrecida (Levítico 23:10–11). Era una ofrenda de gracias a Dios por la cosecha. La primera gavilla representaba a Jesús – el primero en levantarse de los muertos para no morir jamás.

El término “primicias” implica más frutos más tarde. Este fruto tardío será cuando Cristo regresa y “los muertos en Cristo resucitarán” y se unirán a los santos que viven. Entonces darán la bienvenida al Señor que viene (1 Tesalonicenses 4:13–18). Ésta será la cosecha de almas completada (vea 2 Corintios 4:14).

1 Corintios 15:22 declara: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. Pablo escribe que Cristo es el primero en levantarse, “luego los que son de Cristo, en su venida” (v. 23). Charles Hodge ve en la referencia a las primicias la idea de que “la resurrección de Cristo es la promesa y prueba de la resurrección de su pueblo”.
Jesús dijo a Marta: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

4. Cristo arrebató de Satanás el poder de la muerte. Hablando de Jesús, Hebreos 2:14 dice: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Juan expresa la misma idea en 1 Juan 3:8: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.

Jesús se hizo hombre para que, a través de su muerte, podía dejar sin poder el control de Satanás sobre la muerte. No se entiende plenamente la frase “el imperio de la muerte”. Albert Barnes escribe:

“Entiendo que esto significa que el diablo fue la causa de la muerte en este mundo. Fue el medio de su introducción …, engatusó al hombre para que dejara a Dios y lo llevó por la serie de tribulaciones que resultaron en la muerte”.

Esto no necesariamente significa que Satanás tiene el poder de inflingir la muerte en cualquier caso en particular. Dios tiene el último poder sobre la muerte como aprendemos de Job 2:4–6. La muerte es parte del reino de Satanás. Todos que le siguen sufren la muerte – física y espiritual – “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

Jesús quitó el aguijón de la muerte cuando proveyó un remedio para el pecado – el evangelio (Romanos 1:16; Efesios 1:17). Robó a la muerte su victoria cuando se levantó, así haciendo posible la victoria del cristiano sobre la muerte también (1 Corintios 15:54–57). La muerte física y Satanás estarán con nosotros hasta que Cristo regrese. Cuando los “que son de Cristo” han sido resucitados, entonces ya no habrá más muerte. “Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:25–26). Satanás y la muerte serán ambos echados en el “lago de fuego y azufre” (Apocalipsis 20:10, 11–15).
¡Qué consecuencias o bendiciones tan maravillosas son éstas porque Jesús resucitó de los muertos!

Otras evidencias para la resurrección de Cristo

La iglesia.

El hecho de que la iglesia fue fundada en el Pentecostés (Hechos 2) es evidencia de la resurrección. La iglesia fue fundada sobre la resurrección, y el refutarla hubiera destruido todo el movimiento cristiano. Sin embargo, en lugar de tal refutación, a través del primer siglo, los cristianos fueron amenazados, golpeados, azotados y muertos por causa de su fe. Hubiera sido mucho más sencillo callarlos al producir el cuerpo de Cristo, pero esto nunca se hizo.

¡Cuán dramática escena si, en el día de Pentecostés mien tras Pedro estaba predicando que Jesús está vivo, los judíos hubieron entradado, cargando el cuerpo de Jesús! ¡Hubiera parado el sermón! ¡También, hubiera parado el cristianismo!

David Strauss, un oponente fuerte del cristianismo, admite que la iglesia nunca se hubiera levantado si los apóstoles no hubieron tenido una fe impertérrita en la realidad de la resurrección de Cristo.
Otro estudioso añade: “¡Que esta fe de los apóstoles nunca hubiera suscitado si la resurrección no hubiera sido un hecho histórico verídico!”. ¡La presencia de la iglesia del Señor hoy en día es prueba de que la resurrección es verdad!

El bautismo y la Cena del Señor.

No existe una explicación adecuada de las ordenanzas de Cristo sin el hecho de la resurrección.
El bautismo es un drama, mostrando la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (Romanos 6:3–5; 1 Corintios 15:3–4). Si no hubiera resurrección, entonces el hecho del bautismo no tendría significado.

El bautismo también ilustra la muerte del creyente al pecado, su sepultura en una tumba acuosa y su resurrección a una vida nueva (Romanos 6:4–5). Esto también es falso y sin significado si Jesús está aún en la tumba. Si nunca ocurrió la resurrección, ¿cómo podemos explicar el significado del bautismo?

La Cena del Señor es una celebración de la muerte de Cristo como expiación de nuestros pecados. Se nos dice que comamos de este banquete conmemorativo con esperanza y anticipo del regreso de Cristo (1 Corintios 11:26). Se nos instruye: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13; compare Hechos 2:46). ¿Cómo podría haber tanto gozo y esperanza si Cristo no hubiera resucitado? ¡Cada semana, al reunirnos alrededor de la mesa, estamos declarando que él vive!

El día del Señor.

Los judíos observaban el séptimo día, el sábado, como su día de descanso y adoración. Esto cele braba: (a) el descanso de Dios a la conclusión de la creación, y (b) la liberación de Israel de la esclavitud por medio del éxodo (Génesis 2:13; Deuteronomio 5:15).

Los cristianos observaban el primer día de la semana, el día del Señor, en celebración de la resurrección de Cristo (Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2; Apocalipsis 1:10). En los primeros días de la iglesia, la mayoría de los cristianos eran judíos. No obstante, ellos cambiaron a la adoración en el primer día para celebrar la resurrección. Nada menos que la resurrección hubiera podido persuadirlos a cambiar.

Concluimos con una cita de Alfred Edersheim, el gran estudioso y cristiano judío:

La importancia de todo esto no puede ser expresada adecuadamente en palabras. Un Cristo muerto pudo haber sido un maestro y hacedor de prodigios, y recordado y amado como tal. Pero sólo un Cristo resucitado y vivo pudo ser el Salvador, la vida y el dador de vida, y como tal, predicado a todo hombre. Y en esta verdad más bendita tenemos la evidencia más amplia y más indiscutible. ¡Por lo tanto, podemos entregarnos implícitamente a la impresión de estas narrativas, y, además, al reconocimiento de este hecho más sacro y bendito. Esto es el fundamento de la iglesia, la inscripción en la bandera de sus ejércitos, la fuerza y consuelo de cada corazón cristiano y la gran esperanza de la humanidad! ¡El Señor en verdad ha resucitado!.

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Las doctrinas de Cristo pueden incluir un estudio de Su persona y de Su obra. Pero, puesto que Su obra principal fue la expiación, la soteriología generalmente se separa de la cristología. Sus otras obras usualmente se tratan bajo la cristología. La doctrina se puede organizar más o menos en orden cronológico. Primero viene un estudio del Cristo antes de su encarnación y esto sería seguido de una sección sobre Cristo en Su humillación, durante Su vida terrenal.

Entonces vendría un estudio de Sus ministerios presente y futuro. Los mayores problemas teológicos aparecen en el período de la humillación de Cristo mientras estaba en un cuerpo terrenal, problemas como el significado de kenosis, la relación entre Sus dos naturalezas, y la impecabilidad.

Las doctrinas de la persona de Cristo son cruciales para la fe cristiana. Son básicas para la soteriología, porque si nuestro Señor no es lo que alegó ser, entonces Su expiación fue deficiente, no un pago suficiente por el pecado.

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