LOS PROVERBIOS DE SALOMÓN

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LOS PROVERBIOS DE SALOMÓN

El Libro de los Proverbios es una inspirada antología de la sabiduría hebrea. Pero esta sabiduría no es meramente intelectual o secular. Es principalmente la aplicación de los principios de una fe revelada a las tareas del diario vivir. En los Salmos tenemos el himnario hebreo; en Proverbios tenemos su manual para la justicia diaria. En este último hallamos directivas prácticas y éticas para la religión pura y sin mácula. Jones y Walls dicen:

“Los proverbios de este libro no son tanto dichos populares como la destilación de la sabiduría de maestros que conocían la ley de Dios y estaban aplicando sus principios a la totalidad de la vida … Estas son las instrucciones para el camino para peregrinos que están tratando de transitar por el camino de la santidad.”


AUTOR Y FECHA

La tradición hebrea atribuía el Libro de los Proverbios a Salomón, así como atribuía los salmos a David. Para Israel, Salomón había sido su sabio por excelencia. Y esta calificación está bien justificada. El reinado de 40 años de Salomón en Israel fue brillantísimo. Aunque sin duda durante esos años no faltaron errores. Los múltiples matrimonios de Salomón no hablan en su favor (1 R. 11:1–9). En la última porción de su reinado preparó el escenario para la disolución de su gran imperio (1 R. 12:10). No obstante, reinó bien en la época del apogeo de la prosperidad y el poder de Israel. La arqueología atestigua su habilidad en arquitectura e ingeniería, su competencia en la administración, y su capacidad industrial.2
El historiador sagrado de 1 Reyes nos dice que Salomón amó a Jehová (3:3); oró por “un corazón entendido” (3:3–14); demostró sabiduría en las cuestiones prácticas de la administración (3:16–28); su sabiduría le había sido dada por Dios (4:29); era conocido por su sabiduría superior por las naciones circundantes (4:29–34); compuso 3,000 proverbios y más de un millar de cantos (4:32); y fue capaz de responder a las preguntas más difíciles de la reina de Sabá (10:1–10).

Sin embargo, así como no todos los salmos fueron escritos por David, tampoco todo el Libro de los Proverbios fue obra de Salomón. Una porción del libro se designa como “las palabras de los sabios” (22:17–24:34). Los dos últimos capítulos del libro contienen las obras de Agur, hijo de Jaqué (30:1–33) y de Lemuel, rey de Massa (31:1–9). El hermoso poema acróstico sobre la esposa y madre perfecta (31:10–31) fue compuesto por un escritor desconocido. Los eruditos conservadores aceptan la autoría salomónica de las porciones mayores del Libro de los Proverbios y su inclusión como un todo en el canon del Antiguo Testamento.

Los eruditos críticos, sin embargo, tienden a rechazar la tradicional atribución de la mayor parte del Libro de los Proverbios a Salomón. W. O. E. Oesterley dice: “La mayoría de los críticos modernos rechazan totalmente la tradición de que Salomón compuso una cantidad de proverbios.” S. H. Blank comenta:

“No es necesario tomar en serio la atribución de Proverbios a Salomón en 1:1; 10:1; 25:1 … Los Proverbios canónicos de Salomón no tienen más derecho a reclamar la genuina autoría salomónica que el que tiene el apócrifo Sabiduría de Salomón.”

Sin embargo, este mismo escritor reconoce la creciente tendencia a aceptar la validez de la tradición judía. Dice:

“No puede negarse la posibilidad, y los estudios recientes inclinan la opinión en el sentido de que Salomón cultivó el arte de los proverbios y fue responsable por la médula del libro atribuido a él.”

Si bien importantes porciones del libro de los Proverbios provienen del tiempo de Salomón, en el siglo x A.C., la obra no puede haber sido completada antes del 700 A.C., unos doscientos cincuenta años después de su reinado. Una sección (25:1–29:27) contiene una colección de proverbios que los escribas de Ezequías copiaron de anteriores obras de Salomón. Algunos eruditos colocan la formación definitiva de Proverbios más tarde aún, pero antes de la terminación del período del Antiguo Testamento—400 A.C. Otros la colocan aun en el período intertestamentario. Referencias al libro de los Proverbios en el apócrifo “Sabiduría de Jesús hijo de Sirac” (Eclesiástico), escrito alrededor del 180 A.C., indican que por ese entonces Proverbios era ampliamente aceptado como parte de la tradición religiosa y literaria de Israel.

EL LIBRO DE LOS PROVERBIOS

          LOS PROVERBIOS DE SALOMÓN


DEFINICIÓN Y FORMA LITERARIA

En nuestros días, la palabra proverbios significa un dicho breve, ingenioso, que expresa una observación válida y simple acerca de la experiencia humana—por ejemplo: “Una puntada a tiempo ahorra nueve.” El Almanaque del Pobre Ricardo, de Benjamín Franklin es una colección representativa de proverbios modernos. Para el hebreo antiguo, sin embargo, la palabra proverbios (mashal) tenía un significado mucho más amplio. Se la empleaba no sólo para expresar una máxima, sino para interpretar las enseñanzas éticas de la fe de Israel. Se deriva de un verbo que significa “ser semejante o comparar”. De ahí que en el Libro de los Proverbios hallemos una variedad de símiles, contrastes y paralelismos. El paralelismo de dos líneas es la forma predominante que hallamos en Proverbios. Dentro de este modo de expresión hay una asombrosa variedad. Está el paralelismo antitético (10:1), el paralelismo sinónimo (22:1) y el paralelismo progresivo (11:22). Tal paralelismo se encuentra también en otras porciones del Antiguo Testamento, notablemente en los salmos.

En algunas porciones del Antiguo Testamento el mashal tiene aún usos más amplios. En Jueces se lo emplea para describir una fábula (9:7–21) y como un término para un enigma (14:12). En 2 Samuel 12:1–6 y Ezequiel 17:2–10 se refiere a una parábola o alegoría. En Jeremías 24:9 identifica un refrán. En Isaías caracteriza un insulto (14:4), y en Miqueas un lamento (2:4).
El libro de los Proverbios está compuesto en forma poética, apareciendo por lo general los dichos en pares. Muchas de las traducciones y versiones en idiomas modernos siguen la forma poética del original hebreo. No es difícil hacer un bosquejo de secciones principales del libro (véase el Bosquejo). Sin embargo, el contenido de esas secciones frecuentemente impide un arreglo ordenado. Muchas veces no hay una conexión lógica entre un proverbio y los adyacentes.


PROVERBIOS Y OTRA LITERATURA DE SABIDURÍA

La literatura de sabiduría, o sapiencial, del Antiguo Testamento incluye el libro de Job, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares, así como Proverbios. Es innegable que esta sabiduría hebrea tuvo sus antecedentes en culturas más primitivas y su contraparte entre las naciones circunvecinas. Israel estaba situado “en el cruce de caminos de la fértil Media Luna”. Salomón y Ezequías y los sabios de sus días estaban en contacto con sus tiempos y sin duda conocían la literatura de sabiduría existente.

La arqueología nos ha dado una cantidad de colecciones del antiguo Egipto y la Mesopotamia. Dos de éstas son particularmente significativas: “Las palabras de Ahiqar” y “La instrucción de Amen-em-opet (Amenemope)”. Debido a las similitudes en la estructura y el pensamiento entre estos escritos y el Libro de los Proverbios, eruditos críticos se han inclinado a pensar que los hebreos dependieron, directa o indirectamente, de esa literatura de sabiduría. Esos eruditos llaman la atención especialmente a las similitudes entre Proverbios 22:17–23:14 y “la instrucción de Amen-em-opet (Amenemope)”. Pero Fritsch nos recuerda que “no debemos pasar por alto la posibilidad de que Proverbios 22:17–23:14 existiera como una unidad mucho antes de su incorporación en el libro actual y que realmente este pasaje podría haber influido en el escriba egipcio”.

Los eruditos conservadores rechazan la opinión de la dependencia de los escritores hebreos de la literatura hebrea alegando que así como similitudes hay también contrastes y ciertamente importantes diferencias teológicas. Kitchen dice:

“El desacuerdo total en el orden de temas y evidentes diferencias teológicas entre Proverbios 22:1–24:22 y Amenemope excluye la posibilidad de una copia directa en cualquier sentido.”

Edward J. Young cree que el politeísmo de Amenemope habría sido repulsivo para los monoteístas hebreos y por lo tanto habría impedido la dependencia de esa literatura.10


UN MENSAJE RELEVANTE

El mensaje del Libro de Proverbios es siempre relevante. Sus enseñanzas “abarcan todo el horizonte de los intereses prácticos de cada día, tocando todas las facetas de la existencia humana. Enseña que el hombre ha de ser honesto, industrioso, seguro de sí mismo, buen vecino, ciudadano ideal y esposo y padre modelo. Sobre todo, el hombre sabio ha de andar rectamente delante del Señor”.

La sabiduría de Proverbios pone a Dios en el centro de la vida del hombre. La sabiduría, expresada por el Salomón del Antiguo Testamento, habría de hallar su plena revelación en Jesucristo en el día del nuevo pacto. Jesús dijo: “La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mt. 12:42; Lc. 11:31). Pablo habló de Cristo como “la sabiduría de Dios” (1 Co. 1:24; Col. 2:3). Kidner dice que en el libro de los Proverbios la sabiduría “tiene su centro en Dios, y aun cuando está más relacionada con la tierra consiste en el sutil y sano manejo de nuestros asuntos en el mundo de Dios, en sumisión a su voluntad”. La sabiduría está en hallar la gracia de Dios y vivir diariamente en armonía con sus propósitos redentores para nosotros.

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