LA CREACIÓN

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LA CREACIÓN

¿Por qué, cómo y cuándo creó Dios el universo?

 EXPLICACIÓN Y BASE BÍBLICA

¿Cómo creó Dios al mundo? ¿Creó él directamente toda clase de planta y animal, o usó algún tipo de proceso evolutivo, y guió el desarrollo de las cosas vivas desde la más simple hasta la más compleja? ¿Con qué rapidez realizó Dios la creación? ¿Quedó completa en seis días de veinticuatro horas, o usó miles o tal vez millones de años? ¿Qué edad tiene la tierra y qué edad tiene la raza humana?
Estas preguntas nos confrontan cuando tratamos la doctrina de la creación. A diferencia de la mayor parte del material previo de este libro, este capítulo trata de varias cuestiones respecto a las cuales los cristianos evangélicos tienen diferentes puntos de vista, a veces sostenidos muy fuertemente.
Este capítulo está organizado para avanzar desde los aspectos de la creación que la Biblia enseña más claramente, y con lo cual casi todos los evangélicos concordarían (creación de la nada, creación especial de Adán y Eva, y la bondad del universo), hasta otros aspectos de la creación respecto a los cuales los evangélicos han tenido discrepancias (tales como que Dios usó un proceso de evolución para realizar buena parte de la creación, y la edad de la tierra y de la raza humana).
Podemos definir la doctrina de la creación como sigue: Dios creó de la nada el universo entero; fue originalmente muy bueno, y lo creó para glorificarse.

Dios creó el universo de la nada

Evidencia bíblica de que Dios creó partiendo de la nada.

La Biblia claramente nos exige creer que Dios creó el universo de la nada. (A veces se usa la frase latina ex nihilo, «de la nada»); y se dice entonces que la Biblia enseña la creación ex nihilo. Esto quiere decir que antes de que Dios empezara a crear el universo, no existía nada excepto Dios mismo.
Esto es lo que implica Génesis 1:1, que dice: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra». La frase «los cielos y la tierra» incluye el universo entero. El Salmo 33 también nos dice: «Por la palabra del SEÑOR fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.… porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme» (Sal 33:6, 9). En el Nuevo Testamento hallamos una afirmación universal al principio del Evangelio de Juan: «Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Jn 1:3). La frase «todas las cosas» se refiere al universo entero (cf. Hch 17:24; He 11:3). Pablo es muy explícito en Colosenses 1 cuando especifica todas las partes del universo, tanto visibles como invisibles: «Porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él» (Col 1:16).
Hebreos 11:3 dice: «Por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve». Esta traducción refleja con exactitud el texto griego. Aunque el texto no enseña exactamente la doctrina de la creación a partir de la nada, está muy cerca de decirlo, puesto que dice que Dios no creó el universo de nada que fuera visible. La idea algo extraña de que el universo pudo haber sido creado de algo que era invisible probablemente no estaba en la mente del autor. El autor está contradiciendo el concepto de que la creación surgió de alguna materia previamente existente, y en ese sentido el versículo es muy claro.
Debido a que Dios creó el universo entero de la nada, ninguna materia en el universo es eterna. Todo lo que vemos: montañas, océanos, estrellas, la misma tierra, todo empezó a existir cuando Dios lo creó. Esto nos recuerda que Dios gobierna sobre todo el universo y que no se debe adorar en la creación nada que no sea Dios ni nada además de él. Sin embargo, si negáramos la creación a partir de la nada tendríamos que decir que alguna materia siempre ha existido y que es eterna como Dios. Esta idea sería un reto a la independencia de Dios, su soberanía y el hecho de que se debe adorar solamente a Dios. Si existió materia aparte de ¿Dios, qué derecho inherente tendría Dios para gobernarla y usarla para su gloria? Y, ¿qué confianza podríamos tener de que todo aspecto del universo a la larga cumplirá los propósitos de Dios si este no creó algunas partes del universo?
El lado positivo del hecho de que Dios creó de la nada el universo es que el universo tiene significado y propósito. Dios, en su visión, creó el universo para algo. Debemos tratar de comprender ese propósito y usar la creación de maneras que encajen en ese propósito; es decir, dar gloria a Dios.1 Es más, en todo lo que la creación nos da gozo (cf. 1 Ti 6:17), debemos dar gracias a Dios que lo hizo todo.

la creación

                                                     La Creación

Creación directa de Adán y Eva.

La Biblia también enseña que Dios creó a Adán y Eva de una manera especial y personal. «Y Dios el SEÑOR formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente» (Gn 2:7). Después de eso Dios formó a Eva del cuerpo de Adán: «Entonces Dios el SEÑOR hizo que el hombre cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una costilla y le cerró la herida. De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el SEÑOR hizo una mujer y se la presentó al hombre» (Gn 2:21–22). Evidentemente Dios le hizo saber a Adán algo de lo que había sucedido, porque Adán dice:

«Ésta sí es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Se llamará mujer
porque del hombre fue sacada» (Gn 2:23).

Como veremos más adelante, los cristianos difieren en cuanto hasta dónde pudieron haber tenido lugar desarrollos evolutivos después de la creación, tal vez conduciendo, como dicen algunos, al desarrollo de organismos cada vez más complejos. Aunque hay diferencias en lo que algunos creyentes opinan respecto al reino vegetal y al reino animal, estos pasajes son tan explícitos que sería muy difícil que alguien sostuviera la completa veracidad de la Biblia y a la vez sostuviera que los seres humanos fueran el resultado de un largo proceso evolutivo. Esto se debe a que cuando la Biblia dice que «Dios el SEÑOR formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2:7), no parece posible deducir que lo hizo en un período de millones de años y empleó el desarrollo al azar de miles de organismos cada vez más complejos. Incluso más imposible de reconciliar con una noción evolutiva es el hecho de que esta narración claramente muestra a una Eva que no tuvo madre; la crearon directamente de la costilla de Adán mientras este dormía (Gn 2:21). En un concepto puramente evolutivo esto no sería posible, porque incluso la primera mujer «humana» habría descendido de alguna criatura casi humana que era todavía animal. El Nuevo Testamento afirma de nuevo la historicidad de esta creación especial de Adán y Eva cuando Pablo dice: «De hecho, el hombre no procede de la mujer sino la mujer del hombre; ni tampoco fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre» (1 Co 11:8–9).
Esta creación especial de Adán y Eva muestra que, aunque podemos parecernos a los animales en muchos aspectos en nuestros cuerpos físicos, somos muy diferentes a los animales. Somos creados «a imagen de Dios», el pináculo de la creación divina, más parecidos a Dios que a cualquier otra criatura, y nombrados para gobernar el resto de la creación. Incluso la brevedad del relato de Génesis de la creación (comparado con la historia de los seres humanos en el resto de la Biblia) pone un maravilloso énfasis en la importancia del hombre a distinción del resto del universo. Esto contradice las tendencias de ver insignificante al hombre frente a la inmensidad del universo.

La obra del Hijo y del Espíritu Santo en la creación.

Dios Padre fue el agente primario en la iniciación del acto de la creación. Pero el Hijo y el Espíritu Santo también estuvieron activos. Al Hijo a menudo se le describe como aquel «por» quien la creación se hizo realidad. «Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Jn 1:3). Pablo dice que hay «no hay más que un solo Señor, es decir, Jesucristo, por quien todo existe y por medio del cual vivimos» (1 Co 8:6), y que «por medio de él fueron creadas todas las cosas» (Col 1:16). Estos pasajes dan un cuadro uniforme del Hijo como agente activo que ejecuta los planes y directrices del Padre.
El Espíritu Santo también estaba obrando en la creación. Generalmente se le muestra completando, llenando y dando vida a la creación divina. En Génesis 1:2, «el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas», como en una función de preservación, sustentación y gobierno. Job dice: «El Espíritu de Dios me ha creado; me infunde vida el hálito del Todopoderoso» (Job 33:4). Es importante darse cuenta de que en varios pasajes del Antiguo Testamento la misma palabra hebrea (ruakj) puede significar, en diferentes contextos, «espíritu», «aliento», «soplo» o «viento». Pero en muchos casos no hay mucha diferencia en significado, porque aunque uno decidiera traducir algunas frases como «aliento de Dios» o incluso «soplo de Dios», de todos modos parecería una manera figurada de referirse a la actividad del Espíritu Santo en la creación. Por eso el salmista, hablando de la gran variedad de criaturas de la tierra y el mar, dice: «Pero si envías tu Espíritu, son creados»

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