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LA BIBLIA ¿PROVIENE DE DIOS? [2022]

LA BIBLIA
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Tabla de contenidos

Sabemos que la Biblia proviene de Dios por una razón muy sencilla: Jesús nos lo dijo. Es en su autoridad, como Dios del universo, que basamos nuestra certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios.

Jesús confirmó la autoridad del Antiguo Testamento en su doctrina y prometió un Nuevo Testamento autorizado por medio de sus discípulos. El Hijo de Dios nos asegura que la Biblia es la Palabra de Dios.

JESÚS CONFIRMÓ LA AUTORIDAD DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Jesús habló de todo el Antiguo Testamento (Mateo 22:29), de sus divisiones centrales (Lucas 16:16), de sus libros individuales (Mateo 22:43; 24:15), de sus sucesos (19:4, 5; Lucas 17:27), y hasta de sus cartas y partes de ellas (Mateo 5:18) como poseedor de autoridad divina. Llamó Palabra de Dios a las Escrituras (Juan 10:35).

Manifestó que fueron escritas por hombres movidos por el Espíritu cuando afirmó: «El mismo David dijo por el Espíritu Santo» (Marcos 12:36), y al referirse a acontecimientos «que habló el profeta Daniel» (Mateo 24:15).

Jesús confirmó en esas declaraciones la autoridad de los libros que se discuten con mayor frecuencia, como los escritos de Moisés (Marcos 7:10), Isaías (v. 6), Daniel y los Salmos. También se refiere a los mismos milagros que los críticos rechazan como históricos.

Jesús cita la creación (Lucas 11:51), Adán y Eva (Mateo 19:4, 5), Noé y el diluvio (24:37–39), Sodoma y Gomorra (Lucas 10:12), y a Jonás y el gran pez (Mateo 12:39–41). Él dijo: «Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley» (Lucas 16:17).

Esquema del argumento a favor de la Biblia

Dios existe
El Nuevo Testamento es un documento histórico confiable
Los milagros son posibles
Los milagros confirman la declaración de Jesús como Dios
Todo lo que Dios enseña es verdadero (Números 23:19; Hebreos 6:18; 1 Juan 1:5, 6)
Jesús (= Dios), enseñó que la Biblia es la Palabra de Dios, confirmando al Antiguo Testamento y prometiendo el Nuevo. Por lo tanto, la Biblia es la Palabra de Dios.

Lo que enseñó Jesús acerca del Antiguo Testamento

1. Autoridad —Mateo 22:43
2. Confiabilidad —Mateo 26:54
3. Finalidad —Mateo 4:4, 7, 10
4. Suficiencia —Lucas 16:31
5. Indestructibilidad —Mateo 5:17, 18
6. Unidad —Lucas 24:27, 44
7. Claridad —Lucas 24:27
8. Historicidad —Mateo 12:40
9. Factibilidad (científicamente) —Mateo 19:2–5
10. Calidad de inerrable —Mateo 22:29; Juan 3:12; 17:17
11. Infalibilidad —Juan 10:35

El hecho de que Jesús consideraba las Escrituras como la autoridad final se observa claramente en el episodio de sus tentaciones, cuando se defendió tres veces de los ataques de Satanás con la frase: «Escrito está» (Mateo 4:4). Jesús decía: «He aquí el testigo permanente e inmutable del Dios eterno, consagrado a escribir para nuestra instrucción».

Tal parece, ello —en lo más recóndito del alma de Jesús—, le fue totalmente ajeno en la controversia. Las palabras de la Escritura que acudieron a sus labios a la hora de mayor crisis y en el momento de morir fueron: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Salmos 22:1; Mateo 27:46; Marcos 15:34). «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Salmos 31:5 Lucas 23:46).1

JESÚS PROMETIÓ EL NUEVO TESTAMENTO

Justo antes de dejar a sus discípulos, Jesús les dijo: «Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Juan 14:25, 26). Y añadió:

«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Juan 16:13).

Estas declaraciones prometen que las enseñanzas de Jesús serán recordadas y comprendidas, y que se les darían verdades adicionales a los apóstoles para que pudiera establecerse la iglesia. Ellas sentaron el marco de la era apostólica que empezó el día de Pentecostés (Hechos 2:1), continuando hasta que murió el último apóstol (Juan, alrededor del año 100 d.C.).

Durante este período, los apóstoles se constituyeron en los agentes de la revelación completa y definitiva de Jesucristo, que continuó enseñando y obrando por medio de ellos (Hechos 1:1).

Los apóstoles recibieron las llaves del reino (Mateo 16:19), y los creyentes recibieron al Espíritu Santo por imposición de sus manos (Hechos 8:14, 15; 19:1–6).

La iglesia primitiva basó sus doctrinas y prácticas sobre «el fundamento de los apóstoles» (Efesios 2:20), siguiendo la enseñanza de los apóstoles (Hechos 2:42), y estuvo circunscrita a las decisiones del concilio apostólico (Hechos 15). Aunque Pablo recibió su apostolado por revelación de Dios, los apóstoles de Jerusalén confirmaron sus credenciales.

Algunos de los escritores del Nuevo Testamento no fueron apóstoles, ¿cómo explicar su autoridad entonces? Usaron el mensaje apostólico que fue «confirmado por los que oyeron» (Hebreos 2:3).

Marcos trabajó asociado con Pedro (1 Pedro 5:13); Santiago y Judas estuvieron muy cerca de los apóstoles de Jerusalén, se cree que estos eran hermanos de Jesús.

Lucas acompañó a Pablo (2 Timoteo 4:11), y entrevistó a muchos testigos para armar su relato (Lucas 1:19). Pedro llegó a igualar los escritos de Pablo con las Escrituras (2 Pedro 3:15, 16).

En cada caso, salvo en el de Hebreos —pues no sabemos con certeza quién lo escribió—, hay un vínculo definido entre el escritor y los apóstoles que les dieron información (cf. 2:3).

Ahora bien, si Jesús, el Dios encarnado que siempre dijo la verdad, dio testimonio de que el Antiguo Testamento era Palabra de Dios, y que sus apóstoles y profetas iban a escribir el Nuevo Testamento, en su calidad de únicos agentes autorizados para dar su mensaje, entonces hemos probado que toda nuestra Biblia proviene de Dios.

Tenemos en ella la mejor de todas las autoridades: Jesucristo mismo.

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