LOS LIBROS DE LA BIBLIA [+66]

LOS LIBROS DE LA BIBLIA

Tabla de contenidos

¿Cuántos libros tiene la Biblia Reina Valera 66 o 73? 

Existen muchos libros cristianos que hablan acerca del canon bíblico, esto es, todos los libros de la biblia; Los libros del antiguo testamento y los libros del nuevo testamento.

Aunque pensamos en la Biblia como un solo libro, es una colección de sesenta y seis libros, (66) y sabemos que hubo un proceso histórico a través del cual estos libros particulares fueron reunidos y puestos en un solo volumen que ahora conocemos como la Biblia.

Llamamos a la Biblia el canon de la sagrada Escritura. El término canon proviene de la palabra griega, canon, que significa “vara de medir.” Eso quiere decir que es el estándar de verdad por el cual toda otra verdad debe ser juzgada en la vida cristiana.

Dentro de la Biblia también hay diferentes clases de libros.

En el Antiguo Testamento hay 4 clases de libros:

1. Libros de LEY de Dios para Su pueblo.
2. Libros de HISTORIA, de cómo ese pueblo anduvo con Dios.
3. Libros de POESÍA Y SABIDURÍA de Dios, para capacitar al pueblo de Dios para andar con él mejor.
4. Libros de PROFECÍA, que llaman al pueblo a seguirle fiel a Dios y señalando al Mesías Jesucristo y Su Reino Venidero.

¿Cómo se dividen los libros de la biblia?

LOS LIBROS DE LA BIBLIA

Todos los libros de la Biblia reina valera 1960

ANTIGUO TESTAMENTO

La Ley

Génesis

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

Historia del Antiguo Testamento

Josué

Jueces

Rut

1 Samuel

2 Samuel

1 Reyes

2 Reyes

1 Crónicas

2 Crónicas

Esdras

Nehemías

Ester

Literatura poética y sapiencial

Job

Salmos

Proverbios

Eclesiastés

Cantar de los Cantares

Los Profetas

Isaías

Jeremías

Lamentaciones

Ezequiel

Daniel

Oseas

Joel

Amós

Abdías

Jonás

Miqueas

Nahúm

Habacuc

Sofonías

Hageo

Zacarías

Malaquías

COMPARTIENDO LA VERDAD

Historia del Nuevo Testamento

Mateo

Marcos

Lucas

Juan

Hechos

Cartas

Romanos

1 Corintios

2 Corintios

Gálatas

Efesios

Filipenses

Colosenses y Filemón

1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses

1 Timoteo

2 Timoteo

Tito

Hebreos

Santiago

1 Pedro

2 Pedro

1 Juan

2 Juan y 3 Juan

Judas

Visiones Proféticas

Apocalipsis

LOS LIBROS DE LA BIBLIA EN ORDEN ALFABÉTICO

Los 66 libros de la Biblia

Abdías

Amós

Apocalipsis

Cantar de los Cantares

Colosenses

1 Corintios

2 Corintios

1 Crónicas

2 Crónicas

Daniel

Deuteronomio

Eclesiastés

Efesios

Esdras

Ester

Éxodo

Ezequiel

Filemón

Filipenses

Gálatas

Génesis

Habacuc

Hageo

Hebreos

Hechos

Isaías

Jeremías

Job

Joel

Jonás

Josué

Juan

1 Juan

2 Juan

3 Juan

Judas

Jueces

Lamentaciones

Levítico

Lucas

Malaquías

Marcos

Mateo

Miqueas

Nahúm

Nehemías

Números

Oseas

1 Pedro

2 Pedro

Proverbios

1 Reyes

2 Reyes

Romanos

Rut

Salmos

1 Samuel

2 Samuel

Santiago

Sofonías

1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses

1 Timoteo

2 Timoteo

Tito

Zacarías

Resumen de los libros de la biblia

Hubo muchas teorías en la historia de la iglesia con respecto a la forma exacta en que la mano de Dios estuvo involucrada en este proceso de selección. Los escépticos han señalado que hubo más de tres mil libros candidatos a la inclusión únicamente para el canon del Nuevo Testamento, y sólo se seleccionó a un puñado (veintitantos libros).

¿No plantea esto serios interrogantes? ¿No podría ser que ciertos libros que están en la Biblia no deberían estar allí, mientras que otros que fueron excluidos por la evaluación y el juicio humanos deberían haber sido incluidos? Debemos tener presente, sin embargo, que de los no incluidos en el análisis final, hubo apenas tres o cuatro que recibieron una consideración seria, de modo que hablar en términos de dos o tres mil reducidos a veintisiete o algo así es una distorsión de la realidad histórica.

Algunas personas adoptan la postura de que la iglesia es una autoridad más elevada que la Biblia porque la única razón de que la Biblia tenga autoridad es que la iglesia estableció los libros que contendría. La mayoría de los protestantes, sin embargo, tienen una visión diferente con respecto al tema y señalan que cuando se tomó la decisión en cuanto a cuáles libros eran canónicos, se usó el término latino recipemus, que significa “recibimos.”

Lo que la iglesia definió fue que recibimos estos libros en particular como canónicos y apostólicos tanto en autoridad como en origen, y, por lo tanto, nos sometemos a su autoridad. Una cosa es conferirle autoridad a algo, y otra es reconocer algo que ya tiene autoridad. Aquellas decisiones humanas no hicieron que algo sin autoridad llegara repentinamente a tenerla, sino que la iglesia estaba sometiéndose y asintiendo a lo que reconocía como sagrada Escritura. No podemos evitar el hecho de que, aunque la mano invisible de la providencia de Dios estaba obrando, hubo un proceso histórico de destilación y evaluaciones humanas que pudieron haber errado, aunque no creo que sea el caso.

Hubo muchas teorías en la historia de la iglesia con respecto a la forma exacta en que la mano de Dios estuvo involucrada en este proceso de selección. Los escépticos han señalado que hubo más de tres mil libros candidatos a la inclusión únicamente para el canon del Nuevo Testamento, y sólo se seleccionó a un puñado (veintitantos libros).

¿No plantea esto serios interrogantes? ¿No podría ser que ciertos libros que están en la Biblia no deberían estar allí, mientras que otros que fueron excluidos por la evaluación y el juicio humanos deberían haber sido incluidos? Debemos tener presente, sin embargo, que de los no incluidos en el análisis final, hubo apenas tres o cuatro que recibieron una consideración seria, de modo que hablar en términos de dos o tres mil reducidos a veintisiete o algo así es una distorsión de la realidad histórica.

Algunas personas adoptan la postura de que la iglesia es una autoridad más elevada que la Biblia porque la única razón de que la Biblia tenga autoridad es que la iglesia estableció los libros que contendría. La mayoría de los protestantes, sin embargo, tienen una visión diferente con respecto al tema y señalan que cuando se tomó la decisión en cuanto a cuáles libros eran canónicos, se usó el término latino recipemus, que significa “recibimos.”

Lo que la iglesia definió fue que recibimos estos libros en particular como canónicos y apostólicos tanto en autoridad como en origen, y, por lo tanto, nos sometemos a su autoridad. Una cosa es conferirle autoridad a algo, y otra es reconocer algo que ya tiene autoridad.

 Aquellas decisiones humanas no hicieron que algo sin autoridad llegara repentinamente a tenerla, sino que la iglesia estaba sometiéndose y asintiendo a lo que reconocía como sagrada Escritura. No podemos evitar el hecho de que, aunque la mano invisible de la providencia de Dios estaba obrando, hubo un proceso histórico de destilación y evaluaciones humanas que pudieron haber errado, aunque no creo que sea el caso.

La Santa Biblia es el libro sagrado de los cristianos.

La Santa Biblia es el libro sagrado de los cristianos. La primera división principal es también el libro sagrado de los judíos. El mundo cristiano generalmente se refiere a la Biblia como la palabra de Dios, y los evangélicos la consideran la autoridad final y suficiente en todo lo concerniente a la doctrina y vida cristiana.

La palabra “Biblia” se deriva del griego βιβλιον (biblíon), que significa “volumen escrito, rollo, o libro pequeño” (Lev. 4:17, 20; Ap. 10:9). Biblíon se deriva de la palabra griega biblios, con la que se designa la médula de la planta del papiro, la cual al ser procesada se convierte en papel (lat. papyri). El plural de biblíon es biblía (βιβλια).

Por tanto, a los libros escritos en papel se los llamaba biblía. No se sabe cómo esta palabra plural llegó a tener significado singular. Posiblemente se pensó que el plural neutro biblía era el singular femenino (que se escribe igual). En todo caso, la palabra “libro” (Biblia) se aplicó a la colección entera de escritos cristianos sagrados, lo cual resulta apropiado considerando la unidad de las Escrituras.

La Biblia está compuesta por el AT (“el antiguo pacto”) y el NT (“el nuevo pacto”). El AT es el conjunto de Escrituras adoptadas por el judaísmo, siglos antes del nacimiento de Cristo. Estas fueron aprobadas oficialmente por el Concilio de Jamnia en 90 d.C. Aunque existían otras obras religiosas escritas por judíos, los 39 libros del AT eran los únicos que se consideraban inspirados.

La inspiración misma era determinada por el prestigio de la persona o personas que habían escrito los libros. Así, aceptaban como inspirados los escritos de los profetas (como Moisés, Samuel, Jeremías, etc.) y otros que, aunque no fueron profetas, tuvieron el don de profecía (entre ellos, David y Salomón). Aunque otras obras tenían valor religioso, no fueron incluidas entre sus Escrituras.

La iglesia cristiana por lo general aceptó el criterio del judaísmo en este asunto, aunque a veces los libros apócrifos (no canónicos) se publicaron en forma separada. Solamente el catolicismo romano declaró que los libros apócrifos eran inspirados (Concilio de Trento, 1545–1563).

Hubo un período de desacuerdo en la Iglesia Primitiva en relación con los libros que debían formar el NT. Los 27 libros actuales fueron sugeridos primeramente por Atanasio (315 d.C.). En esa ocasión la inspiración fue también el factor determinante.

Consideraron que los libros eran inspirados si estaban escritos por algún apóstol (como Pedro o Pablo, por ejemplo) o alguien que hubiera trabajado cerca de ellos o bajo su influencia (como Marcos o Lucas). Además del apostolado, se probaron la espiritualidad, concordancia con libros incuestionables en cuanto a doctrina y moral, y la utilidad de los libros.

Los idiomas originales de la Biblia fueron hebreo, arameo en algunos pasajes del AT y griego para el NT.

Generalmente los cristianos dividen la literatura del AT de esta manera: Pentateuco (desde Génesis hasta Deuteronomio), libros históricos (desde Josué hasta Ester), literatura poética y / o de sabiduría (desde Job hasta Cantar de los Cantares), y los profetas. Los profetas comprenden desde Isaías hasta Malaquías, y se subdividen en Profetas Mayores (desde Isaías hasta Daniel) y Profetas Menores (desde Oseas hasta Malaquías).

Los judíos dividen sus Escrituras en tres partes: Ley, profetas y escritos. La ley (torá) está formada por los libros que se atribuyen tradicionalmente a Moisés (desde Génesis hasta Deuteronomio). Los profetas (nabim) los subdividen en primeros profetas y últimos profetas. Los primeros profetas incluyen Josué, Jueces-Rut, y Samuel y Reyes, cada uno como un solo libro.

Los últimos profetas son Isaías, Jeremías-Lamentaciones, Ezequiel y los Doce (desde Oseas hasta Malaquías). Los otros libros se los conoce como los escritos (ketubim) y a veces se los llama “los salmos” (véase Lc. 24:44) debido al libro que se destaca en esa división.

Los cristianos dividen el NT así: Evangelios (desde Mateo hasta Juan), libro histórico (Hechos), epístolas y El Apocalipsis. Las epístolas se subdividen en paulinas (desde Romanos hasta Filemón) y generales (desde Santiago hasta Judas). Desde el siglo II d.C. no se ha podido llegar a un acuerdo acerca del autor de la Epístola a los hebreos.

Originalmente la Biblia carecía de división en capítulos y versículos. En los manuscritos más antiguos todas las palabras del texto del AT estaban unidas y no incluían vocales. Después de 600 d.C., eruditos judíos llamados masoretas añadieron los puntos que indican vocales en las palabras. Probablemente fue Stephen Langton (m. 1228) quien dividió la Biblia en capítulos por primera vez. Alrededor de 1551 d.C., Robert Stephens dividió el NT en versículos.

El tema general de la Biblia es la redención del ser humano. El AT revela la necesidad de redención y las etapas preparatorias realizadas por Dios para su desarrollo. El NT presenta a Cristo como

El tema general de la Biblia es la redención del ser humano. El AT revela la necesidad de redención y las etapas preparatorias realizadas por Dios para su desarrollo. El NT presenta a Cristo como el medio de redención otorgado por Dios, y presenta plenamente su naturaleza, tanto en el tiempo como en la eternidad. Si se lee correctamente, la Biblia siempre nos guía hacia Cristo. Hebreos 1:1–4 es un resumen de la revelación progresiva que encontramos en la Biblia.

Algunas disciplinas relacionadas con la Biblia son: Apologética, defensa de la autoridad de la Biblia; crítica bíblica, investiga el origen, carácter y propósitos de los diferentes libros (alta crítica), y procura llevar el texto al más alto nivel posible de exactitud (baja crítica); teología bíblica, descubre las doctrinas de la Biblia; y hermenéutica, ciencia de la interpretación bíblica.

LOS DOS TESTAMENTOS.

La relación entre el AT y el NT ha presentado problemas en diferentes períodos de la historia de la iglesia. Como ejemplos podemos mencionar a Marción, quien rechazó el AT por considerar que presentaba a un dios inferior; o podemos señalar el desuso generalizado del AT en la iglesia moderna.

Estos representan dos aspectos del problema. Marción rechazó el AT por razones teológicas. El desuso actual se basa en asuntos hermenéuticos: La dificultad de justificar la forma en que el NT usa el AT, lo cual nos lleva a preguntar cómo podemos usar el AT en forma válida.

En última instancia, las dos preguntas se convierten en una sola, especialmente cuando el término “hermenéutica” se emplea en sentido normativo en vez de meramente descriptivo. Si es posible demostrar mediante una hermenéutica válida que el AT está relacionado con el NT, entonces se podría deducir que el AT es teológicamente pertinente para el NT y, por tanto, para la iglesia cristiana. Aquí es imposible presentar una explicación amplia sobre el tema. Pero intentaremos relacionar las características de la hermenéutica de ambos testamentos y analizar los principios por los cuales ambos testamentos se relacionan.

Características de la hermenéutica del Antiguo Testamento

Antes de ver la relación entre el AT y el NT, es conveniente examinar la naturaleza del proceso interpretativo dentro del AT. Tres aspectos resaltan en forma notable.

Promesa y cumplimiento.

Este tema, que a veces se señala como la característica de la relación entre los dos testamentos, se aplica significativamente dentro del AT. Algunos aspectos de su uso son dignos de notar.

  1.  a. Se hacen promesas específicas que encuentran cumplimiento específico. Las palabras de Moisés prometen liberación de la esclavitud en Egipto cuando parece absolutamente improbable (Éx. 3:10–12, 15–17; 4:29–31). La promesa se cumple con el éxodo y la ocupación posterior de la tierra de Canaán. Isaías promete liberación de Senaquerib (Is. 37:21ss.; véase 30:15), y su profecía se cumple (37:36).

 

  1. b. Otras promesas tienen alcance de mayor trascendencia, y por tanto su cumplimiento es más complejo. Tanto es así que en muchos casos la forma del cumplimiento no se puede deducir de los términos de la La promesa del pacto es un buen ejemplo (Gn. 12:3). El pacto original se relacionaba con la “tierra” (13:14–17; 15:12–21). El pacto del Sinaí, a pesar de estar asociado con los patriarcas (Éx. 3:6, 15–16) y relacionado fundamentalmente con la tierra (vv. 8, 17), tenía que ver con la “ley”, en su formulación inmediata (24:3, 7–8). La ley era indispensable para poner orden en la vida de una comunidad más numerosa que la que participó en el pacto de Abraham. También el pacto davídico difería por referirse a la “dinastía” (2 S. 7:12–17); no obstante, estaba relacionado con los antiguos eventos en el Sinaí (vv. 22ss.), y su objetivo era la permanencia del pueblo en la tierra (vv. 10s., 23s.). Esto quiere decir que el cumplimiento de la promesa se trasmuta debido a los eventos contingentes en la historia de Israel.

 

  1. c. Aun en medio del cumplimiento se mantiene el elemento de lo incompleto. Por ejemplo, Jeremías habla de un nuevo pacto que reemplazará al antiguo en el cumplimiento (Jer. 31:31–34). La generalización expresada por Cullmann es verdadera: “Muchos cumplimientos también son promesas de otro cumplimiento. Dentro del marco bíblico, el cumplimiento nunca está completo” (Salvation in History, 124).

Historia de la salvación.

En el AT la salvación se lleva a cabo dentro de la historia y, por tanto, tiene historia. Para ilustrar las promesas y su cumplimiento, generalmente los pactos mencionados se presentan juntamente con la narración de hechos poderosos de Dios (Éx. 20:2; 2 S. 7:8–9, 23s.). La característica significativa es que en este proceso se realiza la amalgama de un elemento constante —el plan divino— con un elemento contingente, eventos imprevistos, especialmente los que se le oponen. Esto significa que los nuevos eventos de salvación deben estar relacionados con los anteriores, haciéndose necesaria una reinterpretación de estos. Es decir, en el transcurso de la historia de la salvación, el plan divino se aclara, modifica y transforma.

Tipología.

Aunque comúnmente esta es considerada un medio para relacionar los dos testamentos, la interpretación tipológica es parte del proceso hermenéutica dentro del AT. El concepto se origina en la escatología profética, en la cual los eventos actuales se interpretan a la luz de eventos pasados. El caso principal es el éxodo, visto como prototipo de posteriores liberaciones por parte de Dios en favor de su pueblo (véanse Is. 43:14–21; 48:20s.; 51:9–11). Un ejemplo afín es el nuevo pacto (Jer. 31:31–34; Is. 43:16–21). Como afirma L. Goppelt en esa exégesis tipológica está implícito que el plan divino alcanza su objetivo a pesar del juicio; pero además señala que la renovación no solo corresponde a lo que existió antes, sino que lo trasciende. El nuevo pacto no es una repromulgación del antiguo, sino un avance basado en él.

Los hechos precedentes en el AT son importantes porque muestran la presencia del dinamismo hermenéutico. El cumplimiento no está limitado por los términos literales de la promesa o del tipo, sino que se extiende por sobre ellos, de tal forma que el cumplimiento no podría deducirse de los términos de la promesa o del tipo. Puede haber relación de esencia entre los dos, pero no de forma. Las observaciones sobre la hermenéutica del AT son importantes, porque a menudo al NT se lo critica por tratar el AT de la misma forma en que el AT se interpreta a sí mismo.

 

Características de la hermenéutica del Nuevo Testamento

Mientras que el campo de investigación para la hermenéutica del AT es la interpretación que este hace de sí mismo, el campo de investigación para la hermenéutica del NT es la interpretación que este hace del AT. El AT era la Biblia de la Iglesia Primitiva, y estos son algunos rasgos sobresalientes de cómo lo interpretaron:

Cristocéntrico.

La característica fundamental de la interpretación que el NT hace del AT es que este habla de Cristo y encuentra su cumplimiento en él. Según los Evangelios sinópticos, Jesús tenía este concepto. Después de la resurrección, él lo declaró ampliamente e hizo especial referencia a su muerte (Lc. 24:26s., 44–47). También durante su ministerio enseñó ese concepto y se refirió a su muerte en forma especial (Mr. 9:12; 14:49; Mt. 26:54–56), aunque no habló únicamente de ese tema (Lc. 4:21). En ningún otro lugar se afirma este punto con tanta claridad como en el Evangelio de Juan (5:39, 46; 13:18). Si esto es así, entonces los seguidores de Jesús aprendieron de él.

Esto se ve en los Evangelios con las declaraciones de Mateo sobre el cumplimiento (1:18, 22–23; 2:15, 17; etc.), y en las epístolas, donde algunos pasajes del AT en el original no se refieren a Jesús, pero en ellas se mencionan en relación a él (Gá. 3:16; véase 1 Co. 9:8–12; etc.). Aquí podemos repetir la imagen presentada por Cullmann: La luz de Cristo se refleja sobre el AT, el cual es iluminado ahora por el evento posterior Tipología.

Si la perspectiva hermenéutica es Cristocéntrica, la tipología es el método hermenéutico mediante el cual se aplica esa perspectiva. E. Earle Ellis describe la tipología del NT “no tanto como un sistema de interpretación, sino como una ‘perspectiva espiritual’ a partir de la cual la comunidad cristiana primitiva se veía a sí misma” (citado por I. Howard Marshall, N. T. Interpretation, 210ss.). Esta “perspectiva espiritual” se basa en tres supuestos: (a) La unidad esencial de la necesidad del ser humano en todas las épocas, y la unidad similar de la redención de Dios en todas las épocas, (b) La distinción entre tipo y antitipo, sabiendo que el antitipo va más allá que el primero, y lo cumple. (c) El carácter histórico de las Escrituras, de cuyo sentido literal (en contraste al alegórico) surge el significado del texto (Ellis, Op. cit., 212). Las tres áreas principales del AT que se tratan en el NT son: el pacto, la creación y el juicio.

Exégesis creativa.

El dinamismo hermenéutico observado en el AT se encuentra también en el NT en formas diferentes, y con ellas la interpretación se extiende más allá de los términos del texto. Por ejemplo, es muy probable que las palabras “habría de ser llamado nazareno” (Mt. 2:23), aplicadas a Jesús, deban entenderse como un juego de palabras con el término “nazareo” (Jue. 16:17) y “nazareno” (habitante de Nazaret). (Consúltese R. N. Longenecker, Biblical Exegesis in the Apostolic Period, 145ss.) Asimismo, la interpretación de Pablo sobre Deuteronomio 30:12 en Romanos 10:6–8, señalándolo como una referencia a Jesús (conclusión a la cual ninguna exégesis histórica podría dirigir), se basa en el principio de que todo el AT habla de Cristo.

 

Principios hermenéuticos que sustentan la unidad de los testamentos

Permanece aún la pregunta sobre la validez de la interpretación antes señalada en ambos testamentos y, por consiguiente, sobre el papel del AT como libro cristiano. Tres aspectos son determinantes.

Interpretación dinámica.

Mencionamos lo que se llamó el dinamismo hermenéutico del AT y la exégesis creativa del NT. Lo que esto significa en la práctica es que no solo se emplea la Biblia para interpretar eventos, sino que se utilizan los eventos para interpretar la Biblia. Así como el adulto “surge del niño” —por desarrollo, mediante la adición de nuevos factores y fuerzas, y la interacción con estos—, de igual manera, el significado del AT surge de él, solamente a la luz de la larga historia de Israel que culmina en Cristo. Pero solo la fe puede llegar a ese significado. La exégesis histórica sola no puede probar que Jesús es el verdadero Siervo de Jehová; y a la exégesis histórica no se le puede dar la última palabra en cuanto a la interpretación del AT.

Hay una dimensión supraliteral o espiritual que es inaccesible para el método histórico, y su adjudicación se basa en la fe. En referencia a los autores apostólicos, Longenecker dice: “Al aceptar a Jesús como el Mesías y Señor, y creer que en su enseñanza y Persona se manifestaba la plenitud de la revelación, tomaron una posición profética en base a la revelación, y trataron el AT en forma más carismática que escolástica”

Coherencia objetiva.

Si se examina la interpretación dinámica por separado, se puede pensar que abre la puerta a un subjetivismo exegético sin control. A menudo existe la impresión de que esto es lo que encontramos en el NT —pasajes del AT arrancados de su contexto y forzados a decir lo que se desea mediante “acrobacia” exegética. En oposición a esta idea tenemos la afirmación de F. F. Bruce quien, al comparar el uso del AT en Qumrán y en el NT, dice: 

“En grandes áreas de la interpretación del AT existe una coherencia que no hallamos en la exégesis de Qumrán. En el NT también se encuentran exégesis fragmentadas como en los textos de Qumrán, pero la característica distintiva en el uso que el NT hace del AT es la exégesis contextual que tan frecuentemente apoya la cita de textos individuales”. Muchos dicen que los autores apostólicos creían que Jesús era el verdadero Israel. Si tal afirmación sobre Jesús es cierta, entonces, la puerta se abre inmediatamente para encontrar a Cristo en el AT en forma espiritual y completamente objetiva. Algunos autores han demostrado hasta qué grado se realizó esto. Entre ellos, C. H. Dodd concluye su estudio así:

En general, entonces, al usar pasajes del AT, los escritores del NT permanecen fieles a la intención principal de sus autores… la línea principal de interpretación del AT ejemplificada en el NT no solo es consistente e inteligente en sí misma, sino que se basa también en una genuina comprensión histórica del proceso de la historia religiosa —debería decir profética— de Israel en conjunto.

Diferencia entre interpretación e ilustración en la interpretación intrabíblica.

Debemos reconocer aún que en algunos casos la interpretación del NT no tiene más que una base verbal (p.e., cuando Pablo se refiere a Dt. 30:12 en Ro. 10:6–8, o la referencia en Mt. 2:23 a Jue. 16:17). Es importante notar la diferencia entre el uso ilustrativo del AT y el uso interpretativo. Pablo no llegó a creer que Jesús era el Cristo por una interpretación rabínica de Deuteronomio 30:12; él creyó porque, por fe y una comprensión espiritual basada en una exégesis profética del AT, reconoció en Cristo al verdadero Siervo y al verdadero Pueblo de Dios. Las técnicas exegéticas de los rabinos que le enseñaron lo capacitaron para ilustrar esto de diferentes maneras, pero estas no constituyen el fundamento interpretativo. Esta misma distinción la expresa C. F. D. Moule cuando señala la diferencia entre el uso “vehicular” y el uso “de relación” de la Biblia (The Origin of Christology, 132); y por R. N. Longenecker cuando distingue entre lo “descriptivo” y lo “normativo”

 Conclusión.

Tomando en cuenta lo anterior, es posible percibir y afirmar la unidad teológica de los dos testamentos que dan testimonio de la actividad salvadora de Dios, que es una sola, pero progresiva, y se desarrolla gradualmente en el AT y es plenamente revelada en el NT.

Los Libros Apócrifos

¿Cuáles son los 73 libros de la Biblia Catolica?

Los católicos usan básicamente la misma Biblia que los protestantes, excepto por el hecho de que la Biblia católica incluye lo que se llaman los libros «Apócrifos» en el Antiguo Testamento. Jerónimo, traductor de la Vulgata (400 d.C.), fue el primero en llamarlos «Apócrifos», queriendo decir que eran de autenticidad dudosa. Los católicos frecuentemente usan el nombre «deuterocanónicos» para estos libros, que significa «segundo canon», o «segunda lista».

Originalmente, eran quince documentos. Siete de ellos todavía están en la Biblia católica como libros completos:

  • Tobías
  • Judit
  • Sabiduría
  • Eclesiástico
  • Baruc
  • Primero de Macabeos
  • Segundo de Macabeos

Esto significa que, para los católicos, el Antiguo Testamento tiene 46 libros, mientras para los protestantes, tiene solamente 39.

Hay cinco documentos más que están incluidos en la Biblia católica, pero como partes de otros libros del Antiguo Testamento:

  • Adiciones al libro de Ester
  • La Oración de Azarías y la Canción de los Tres Jóvenes
  • Susana
  • Bel y el Dragón
  • La Carta de Jeremías

El primer documento está incluido al final de Ester, y los tres siguientes están incluidos al final del libro de Daniel. La Carta de Jeremías está agregada a Baruc.

En resumen, la Biblia católica actual tiene 12 escritos que no están en la Biblia protestante, todos en el Antiguo Testamento. El canon católico del Nuevo Testamento es igual al canon protestante.

Quedan tres documentos que, aunque fueron incluidos desde la traducción de la Vulgata, fueron excluidos posteriormente por el Concilio de Trento, 1545.

  • 1 Esdras
  • 2 Esdras
  • La Oración de Manasés

Los protestantes no consideramos ninguno de estos quince documentos como inspirados. Lutero, en su traducción al alemán, incluyó los libros Apócrifos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, con el título: «Libros Apócrifos, es decir libros no considerados iguales a las Sagradas Escrituras, pero útiles y buenos para leer.» La Confesión de Fe de Westminster dice:

I C. Los libros comúnmente llamados Apócrifos, por no ser de inspiración divina, no forman parte del Canon de las Santas Escrituras, y por lo tanto no son de autoridad para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino de la misma manera que otros escritos humanos.

¿Por qué los protestantes no los incluimos?

En primer lugar, no estaban en las versiones hebreas del Antiguo Testamento. El canon judío del Antiguo Testamento fue fijado por Esdras más de cuatro siglos antes de Jesús. Los judíos fueron siempre escrupulosos en cuidar y hacer copias del texto sagrado.

Los protestantes usan la lista hebrea para el Antiguo Testamento.

¿Por qué los incluyen los católicos?

El argumento principal es que estaban en algunas versiones antiguas de la Septuaginta. Esta fue una traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego, probablemente hecha en Alejandría de Egipto alrededor de 285–246 antes de Cristo, supervisado por el rey Tolomeo II Filadelfo. Se supone que trabajaron setenta traductores, y de allí le dan el nombre Septuaginta. No es considerada una traducción inspirada, ni muy precisa.

A primera vista, el hecho de que la Septuaginta incluye los libros Apócrifos debería hacernos reconsiderar la posición protestante. ¿Por qué? Porque la Septuaginta se usaba en el tiempo de Jesús, y los escritores del Nuevo Testamento a veces la usaban cuando citaban el Antiguo Testamento.

Podríamos imaginar que posiblemente hayan tenido una versión de la Septuaginta comúnmente aceptada durante el tiempo de Jesús (algo como la Reina Valera en español, que ha sido la versión más utilizada durante siglos), y que esta versión haya incluido los documentos Apócrifos que ahora utilizan los católicos. Si fuera así, nos haría dudar de la posición protestante.

Sin embargo, esta imagen está lejos de la realidad histórica. No tenían una versión de la Septuaginta que representara la versión católica de hoy. Examinemos los datos con más cuidado.

Primero, ¿cuándo fueron incluidos estos documentos en la Septuaginta?

Los libros Apócrifos fueron escritos entre el año 150 antes de Cristo y 100 años después de Cristo. Aparecen primero como agregados a copias de la Septuaginta. No fueron incluidos por los traductores de la Septuaginta, tampoco estaban en las ediciones más tempranas, sino que fueron agregados años más tarde.

Segundo, ¿cuáles eran los libros incluidos?

Aquí todo se pone confuso. Las distintas versiones de la Septuaginta no tienen los mismos libros Apócrifos. El Código Vaticanus (Siglo IV, d.C.), por ejemplo, no tiene Primero y Segundo Macabeo (aceptados por la Iglesia Católica), pero incluye 1 Esdras (no reconocido por Roma). El Código Sinaíticus (Siglo IV) no tiene Baruc (aceptado por los católicos), pero incluye IV Macabeo (nunca aceptado por Roma).

El Código Alejandrinus (Siglo V) incluye tres libros rechazados por Roma, 1 Esdras, III y IV Macabeo. En otras palabras, no existía una versión de la Septuaginta autorizada o comúnmente usada, mucho menos una versión que haya incluido los mismos documentos Apócrifos que utilizan los católicos hoy.

Por lo tanto, el argumento católico no es convincente. Si la Septuaginta es nuestra pauta, no sabremos qué versión debemos usar. Si Jesús y los apóstoles son nuestro ejemplo, no sabremos si usarían una versión del Antiguo Testamento que incluía los libros Apócrifos. Incluso, es muy probable que Jesús, siendo judío, haya usado la versión hebrea como documento autoritativo, más que la versión en griego.

La historia eclesiástica también pone en duda la aceptación de los libros Apócrifos. El famoso judío de Alejandría misma, Filo, que vivió en el primer siglo después de Cristo, nunca citó los libros Apócrifos en sus escritos, aunque citó muchas veces de los otros libros del Antiguo Testamento.

El Concilio de Laodicea en el año 363 prohibió la lectura de los libros Apócrifos. En el año 400, quince documentos Apócrifos fueron incluidos en la traducción al latín, la Vulgata Latina. Pero es muy significativo que San Jerónimo mismo, traductor de la Vulgata Latina, se opuso a incluirlos en su traducción. Las autoridades eclesiásticas le obligaron a hacerlo contra su voluntad. Además, El Concilio de Trento, en el año 1545, modificó el canon, sacando tres de estos quince documentos. Este mismo hecho esparce duda sobre la decisión de incluir a los otros doce documentos en la Biblia.

Pensémoslo: el argumento más fuerte que podría justificar su inclusión en la Biblia es que estaban en algunas copias de la Septuaginta. Sin embargo, ahora han sacado tres de los quince que estaban incluidos en esas versiones de la Septuaginta. Es decir, ¡ya no confían en el canon de la Septuaginta! ¿Por qué rechazar los tres y no los demás? Ya no usan el mismo criterio.

Finalmente, una lectura cuidadosa de estos libros hace cuestionar su veracidad.

Judit 1:1 dice, por ejemplo, que Nabucodonosor «reinó sobre los asirios en la gran ciudad de Nínive». Esto es un anacronismo. Nabucodonosor realmente fue rey del imperio Babilónico, pueblo que después fue conquistado por los asirios. Además, reinó desde la ciudad de Babilonia, no de Nínive, capital asiria.

Algunos autores consideran que Judit y Tobías son totalmente ficticios. Baruc pretende haber sido escrito durante el exilio babilónico (seis siglos antes de Cristo) por el amigo de Jeremías llamado Baruc, pero algunos eruditos dicen que el contenido apunta a una fecha de composición mucho más tarde, ¡quizás incluso 70 años después de Cristo!

 El autor de Segundo Macabeos termina diciendo, «Daré fin a mi narración. Si está bien y como conviene a la narración histórica, eso quisiera yo; pero si imperfecta y mediocre, perdóneseme» (15:38–39). ¡Esto no suena como una persona inspirada por el Espíritu Santo!

Los protestantes tenemos que responder a otra duda respecto a los libros Apócrifos: En el Nuevo Testamento, Judas cita de uno de ellos:

Judas 14

De éstos también profetizó Enoc, séptimo de Adán, diciendo: He aquí vino el Señor con sus santas decenas de millares.…

¿Significa esto que Judas consideró los libros Apócrifos inspirados? Note primero que este libro en particular, Enoc, no está incluido en los libros que la Iglesia Católica ha incluido en su Biblia, ni antes ni después del Concilio de Trento. Por lo tanto, en un sentido, el problema es irrelevante a la discusión del canon católico versus el canon protestante.

No obstante, el hecho de que Judas citó un libro Apócrifo puede causar una duda con respecto a la posición protestante. O quizás esta cita nos puede hacer dudar de la inspiración de la carta de Judas. Históricamente, fue justamente esto lo que pasó; algunos empezaron a cuestionar la inclusión de Judas en la Biblia.

 Sin entrar en una discusión plena de este texto, debería eliminar la confusión el recordar que los autores bíblicos, bajo inspiración, citaban a veces de otros escritos no inspirados. El hecho de citar algo no significa atribuir inspiración divina al documento. Por ejemplo, Pablo cita a los poetas griegos en Atenas.

Hechos 17:28

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos.

En conclusión, los protestantes no aceptamos los libros Apócrifos por varias razones:

  1. El Antiguo Testamento compilado por los judíos no los incluía.
  2. No se puede comprobar que Jesús y los autores del Nuevo Testamento los hayan aceptado o usado como inspirados.
  3. El proceso histórico que llevó a incluirlos es nebuloso y contradictorio.
  4. El contenido mismo es cuestionable.

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