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EL DISCURSO DE ESTEBAN [Hechos 7:16–53]

EL DISCURSO DE ESTEBAN
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¿Cuál es el tema central del discurso de Esteban?

Este discurso no es un sermón evangelístico como los sermones de Pedro, es más bien una respuesta a las acusaciones contra Esteban y contra la Iglesia primitiva: que Jesús iba a destruir el templo y cambiar las costumbres dadas por Moisés.

El discurso de Esteban tiene tres objetivos

(1) Mostrar que la actividad de Dios no se limitaba al territorio geográfico de Israel, ni al lugar específico del templo, ni exclusivamente a los judíos.

(2) Comprobar con la historia de los hebreos que ellos habían rechazado a los representantes de Dios y habían resistido su plan a menudo.

(3) Mostrar que la crucifixión de Jesús y la persecución de sus seguidores era una continuación de ese patrón de rechazo y resistencia.

La estrategia de Esteban era conformarse en su discurso a un género bíblico muy común: un repaso selectivo de la historia de Israel (cf Dt 26, Jos 24, Neh 9, Sal 78, 105, 106, 136, Ez 20, Hch 13:16b–41). Con esa estrategia, Esteban pudo conseguir el consentimiento de sus oyentes por cierto tiempo, pues hablaba de cosas generalmente conocidas y aceptadas; pero su plan era seleccionar aquellos eventos de la historia de la nación que apoyaban sus objetivos.

Los tres personajes históricos que aparecen en el discurso figuran como típicos de algún aspecto de la vida de Jesús.

(1) Abraham fue peregrino en una tierra extraña; Jesús nació en Nazaret, no en Jerusalén, no tuvo un lugar estable de vivienda o ministerio, y en un sentido más exacto vino del cielo como un peregrino entre los seres humanos.

(2) José fue usado por Dios para salvar a sus hermanos, que lo trataron injustamente; Jesús fue usado por Dios también para salvar a los que le habían rechazado y matado.

(3) Moisés fue rechazado por sus compatriotas, pero escogido por Dios como libertador del pueblo; Jesús también fue rechazado por los de su pueblo, pero fue enviado por Dios para libertar y salvar a los que creyeran en Él. Es más, Moisés mismo predijo en Deuteronomio 18:15–19, que Dios iba a levantar otro profeta como él. Ese «profeta» es Jesús (cf Juan 1:21: «¿Eres aquel profeta?»).

Las circunstancias históricas que Esteban escogió para repasar responden al cargo de que él hablaba «contra este lugar santo» (Hch 6:13), no denunciando que era falsa la acusación, sino explicando por qué era preciso hablar así.

  • Abraham nació en la tierra de los caldeos (Babilonia) y nunca tuvo posesión en Palestina (Hch 7:4–5).
  • Jacob y sus once hijos tenían que salir de Palestina a Egipto para salvarse del hambre (7:12–15).
  • El sepulcro de José y su familia no estaba en Palestina, sino en Samaria (7:16).
  • Aunque Moisés era judío, fue criado y educado como egipcio, además vivió como extranjero en Madián (7:21, 22, 29).
  • Moisés tuvo visiones de Dios, hizo maravillas y señales, y recibió la ley en Sinaí y Egipto, no en Palestina (7:33, 36, 38).
  • Los antepasados de los hebreos construyeron el tabernáculo en el desierto, no en Palestina (7:44–45).
  • El tema del rechazo de los escogidos de Dios por la nación de Israel empieza tan pronto como hay israelitas. Los diez primeros hijos de Israel (Jacob) rechazaron a José (7:9).
  • La nación entera (incluyendo a Aarón, hermano de Moisés) rechazaron repetidas veces a Moisés y transgredieron la ley de Dios dada por medio de Moisés (7:28, 35, 39, 40, 42, 43). Pero juntamente con el rechazo del pueblo, Esteban proclamó que Dios aprueba y defiende a sus escogidos.

Finalmente en Hechos 7:51–53, Esteban, el acusado, acusa a sus acusadores:

¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

La reacción de ellos fue ira, rechazo y violencia, confirmando así que la acusación de Esteban era cierta. Note ahora cómo la conclusión del discurso de Esteban responde a cada acusación volviéndola contra los detractores:

a. Acusaron a Esteban de «hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios» (Hch 6:11); Esteban los acusa a ellos de resistir al Espíritu Santo (Hch 7:52), lo cual es un eco de la «blasfemia contra el Espíritu Santo» en Lucas 12:10.

b. Acusaron a Esteban de «hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley» (Hch 6:13). Esteban los acusa de recibir la ley y no guardarla (Hch 7:53).

c. Acusaron a Esteban de «decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés» (Hch 6:14). Él los acusó de matar al «Justo» [Jesús] a quien en verdad se refiere por lo dicho en Juan 2:19, «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

El discurso de Esteban fue una respuesta bíblica no solamente a estas acusaciones, sino también a la situación de la Iglesia primitiva. Hechos fue escrito en 62 d.C. o después. En esa época, la Iglesia había sufrido bastante persecución de parte de los judíos, y rechazo especialmente por los líderes del pueblo. Este discurso de Esteban emplea las mismas Escrituras de los hebreos (y de la Iglesia) para explicar esa actitud y para animar a los perseguidos con la noticia de que Dios los apoyaba, y que eran la continuación de aquellos personajes como Abraham, José, Moisés, los profetas y Jesús mismo.

DISCURSO DE ESTEBAN

Este discurso también tiene vigencia hoy día por dos razones

(1) Muchos cristianos sufren persecución. Por ejemplo, en Sudán, el gobierno promueve la conversión forzada al islam; cierran, destruyen y prohíben construir iglesias cristianas; consideran las reuniones de cristianos como disturbios públicos y detienen maestros de la Biblia como líderes de esos disturbios. Además prohíben predicar públicamente y castigan a los predicadores con azotes y cárcel.

En Mitziton, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, se negaron a matricular en la escuela primaria a cien hijos de cristianos evangélicos. En Colombia, grupos guerrilleros han cerrado 300 iglesias cristianas, y han matado a más de 80 creyentes porque dicen que esos cristianos hablan en contra de la violencia y rehúsan involucrarse con la guerrilla. El mensaje de Esteban anima a los que sufren persecución afirmando que Dios está obrando a través de sus sufrimientos.

(2) El dedo acusador de Esteban, que apuntó con precisión al pueblo de Dios en aquel tiempo, todavía señala a la Iglesia con igual precisión. La historia de la Iglesia muestra que repetidas veces hemos resistido al Espíritu Santo, valorando la tradición de los hombres más que la Palabra de Dios. Cada denominación y rama de la Iglesia Cristiana tiene episodios en su historia que muestran una actitud cerrada a lo que Dios estaba tratando de hacer. Congregaciones y movimientos que empiezan vibrando con el poder del Espíritu Santo terminan congelados en ritualidad y rigidez.

El pueblo judío no es el único ejemplo de ese fenómeno. Necesitamos oír y proclamar el mensaje de Esteban con humildad y quebranto, permitiendo al Espíritu hablar a nuestros corazones lo que Él quiere hacer en nuestro medio. Que Dios nos libre de ser como los que apedrearon a Esteban, pensando que somos los únicos que tienen la razón cuando en verdad estamos trágicamente equivocados. Seamos, más bien, como los perseguidos que salieron de sus lugares confortables para arriesgar todo predicando y viviendo la Palabra.

Reacción de los oyentes y muerte de Esteban. Hechos 7:54–60. el martirio de esteban

El discurso la última exclamación de Esteban, «He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está11 a la diestra de Dios» (Hch 7:56), les dio rabia a los oyentes. Note el paralelo con Lucas 22:69, donde Jesús respondió al Sanedrín en la ocasión de su juicio («Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios»). El evangelista destaca la aprobación divina de lo que Esteban había dicho por medio del contraste entre la tranquilidad de él frente a sus acusadores alterados con furor. La visión de la gloria de Dios y de Jesús en pie a la derecha del Padre es notable, porque este es el único lugar que menciona Jesús parado al lado del Padre para recibir al primer mártir de la Iglesia.

También es notable lo que Esteban dijo en el versículo 56 ya que es el único lugar fuera de los evangelios y Apocalipsis (1:13) donde se refiere a Jesús como «Hijo del Hombre». De las 87 veces que aparece esta frase en el Nuevo Testamento, 85 es Jesús mismo quien la utiliza. Lucas relata con ironía el contraste entre los asesinos enfadados gritando, empujando y asaltando con violencia a Esteban, que encomienda su Espíritu con serenidad a Jesús en forma semejante al Señor cuando murió pidiendo perdón para los que le mataron (Lc 23:34, 46).

Finalmente, debemos notar la presencia de Saulo, cuidando la ropa de los que apedrearon a Esteban (Hch 7:58) y aprobando su muerte (8:1). Lucas introduce a este hombre, que tendría un papel importantísimo en el desarrollo de Hechos y de la Iglesia Cristiana como perseguidor de ella. 

Es preciso notar que el milagro de la conversión de Saulo el perseguidor a Pablo el apóstol es un fenómeno histórico innegable que comprueba la verdad del mensaje bíblico acerca del poder de Jesús para transformar pecadores. Las epístolas de Pablo enseñan esto como doctrina, pero en Hechos, Lucas lo narra en una forma dramática y atractiva que acerca al lector también a Jesús, el autor de la salvación.

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