LAS RAÍCES DEL ENOJO

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LAS RAÍCES DEL ENOJO

las raices del enojo

La discusión comenzó de una manera de lo más inocente. Estaban sentados a la mesa de la cocina un sábado por la mañana, bebiendo una taza de café y anticipando este día libre. Nada de proyectos, ni de obligaciones, ni de presiones para hacer cambios. A ratos se reían y hablaban acerca de sus planes para las vacaciones el mes siguiente. La atmósfera era diáfana y placentera.

Una hora más tarde, las voces habían subido de tono. La ira centellaba en sus ojos. Las palabras que decían, salían de sus bocas como si pudieran arrojárselas el uno al otro.

¿Qué sucedió? ¿A qué se debió el cambio en esta atmósfera pacífica? La discusión acerca de las vacaciones había hecho surgir algunas diferencias de opinión; un problema menor que fácilmente se hubiera podido tratar, pero, en cambio, encendió una chispa de enojo en uno de los esposos y enseguida se encendió en el otro. El día estaba arruinado, el café tenía un sabor horrible, y hoy no se tomaría ninguna decisión con respecto a las vacaciones.

El enojo es una emoción desconcertante. A pesar de ser una emoción que Dios nos ha dado, la mayoría de las veces, cuando la gente se enoja, los resultados son negativos: el enojo es la segunda causa principal de los accidentes automovilísticos en nuestro país; algunas veces es la causa del fracaso de matrimonios cuando uno o ambos cónyuges no saben usarlo de manera constructiva. Cuando el enojo penetra en una discusión o conflicto, es difícil llegar a una resolución aceptable.

¿Qué es el enojo?

Si le preguntara qué significa el enojo para usted, ¿qué me diría? ¿Tiene una definición para enojo? Sabe lo que se siente, pero, ¿puede definirlo?

En pocas palabras, el enojo es un fuerte sentimiento de desagrado e irritación; pero pronto puede comenzar a descender la cuesta arrastrando otras respuestas emocionales tales como la ira o la furia. La furia es un enojo ardiente que busca venganza. La ira es una respuesta intensa, descontrolada y explosiva.

Cuando el enojo se convierte en un conflicto y queda sin resolver, la ira y el resentimiento pueden comenzar a surgir.

La ira lleva a una persona a destruir, a buscar revancha. Declara abiertamente la guerra. El resentimiento da lugar a la amargura y por lo general crea una respuesta pasivo-agresiva. Es un sentimiento de indignación o un persistente rencor en contra de un insulto, una herida o la sensación de haber sido tratado injustamente. Cuando uno se resiente contra alguien, crea un filtro a través del cual ve a esa persona. Se convierte en alguien que siempre encuentra fallas; ahora, una de las principales respuestas hacia su cónyuge es echarle la culpa. Muchas veces los sentimientos de resentimiento terminan resultando en tácticas de guerrilla: atacar y salir corriendo cuando es menos probable que su cónyuge sospeche de un ataque.

¿Esta descripción de la ira y del resentimiento revela algo acerca de su eficacia o de su falta de eficacia para resolver conflictos y construir la armonía en el matrimonio? Como lo dice Richard Waters: «La ira dinamita los puentes que la gente necesita para llegar la una a la otra, y el resentimiento hace que la gente corra a esconderse detrás de barreras y a herirse mutuamente de manera indirecta».1

Hasta las diversas maneras en que la gente intenta tratar con el enojo, indica el peligro que este representa. Algunas personas fingen no estar enojadas y lo esconden; pero lo que esconden está vivo y a su tiempo los irá destruyendo mediante colitis ulcerosas, depresión y hasta ataques cardíacos. El enojo que se esconde, permanece vivo en la mente.

Algunas personas le dan rienda suelta dejándolo salir completamente. Han oído que esto es saludable; pero esta información equivocada aleja a su cónyuge, a su empleador y a sus amigos y pronto no queda nadie alrededor sobre el cual dar rienda suelta al enojo. La mayoría de las personas se sienten peor luego de dar rienda suelta a su ira; inmediatamente se sienten más irritables, deprimidos, agraviados, hostiles, nerviosos e infelices. Otros vuelven la ira contra sí mismos y comienzan a destruir su autoestima, su identidad y sus capacidades.

El enojo se convierte en un problema cuando toma la forma de dos extremos: la excesiva reacción o la falta de ella. Cuando no reaccionamos, reprimimos o suprimimos nuestro enojo, generalmente sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo. Cuando decidimos bloquearlo, no estamos siendo honestos con nosotros mismos ni con los que nos rodean.

Cuando reaccionamos en exceso, nuestro enojo queda fuera de control. Sale con ira y furia, las cuales pueden conducir a la violencia. He visto los magullones azulados o las muecas de dolor cuando alguien toca la parte lastimada del cuerpo de una persona. Los magullones de la piel con el tiempo vuelven a su color normal, pero la coloración interior dura mucho más.

La verdad acerca del enojo

Exploremos algunas verdades acerca del enojo. Tenga paciencia, porque lo que voy a decir puede sonarle contrario a lo que ha creído acerca de esta emoción.

El enojo no es el problema principal ni la emoción principal; es un síntoma.

Expresarle su enojo a su cónyuge no disminuye su ira, sino que por lo general la aumenta.

Debe aprender cómo usar su enojo. Esto quiere decir que puede aprender una nueva respuesta y mantener la ira bajo control.

Su cónyuge no es el responsable de su enojo, ¡usted lo es!

¿Cómo se siente luego de leer estas declaraciones? ¿Enojado? ¿Confundido? ¿Molesto? ¿Asombrado? Consideremos lo que acaba de leer. Recuerde: Lo que haga con la información que contiene este capítulo puede tener un efecto drástico sobre la armonía y la satisfacción que experimente en su matrimonio.

Las causas de las raíces de enojo

El enojo es lo que llamamos una emoción secundaria. Es un sistema de mensajes que le avisan que algo más está sucediendo dentro de usted. El enojo es producido por el temor, el dolor o la frustración. Eso es: temor, dolor o frustración.

Temor

Puede tener temor de que su cónyuge lo subyugue, lo controle, le grite, sea irracional, no le dé lo que usted desea, lo ataque verbalmente, se retraiga, no le preste atención y demás. Para protegerse contra el temor, su ataque es el enojo.

Cada vez que comience a experimentar enojo, pregúntese a sí mismo: ¿Tengo miedo de algo en este momento? ¿Qué es lo que siento? Puede descubrir la causa en el momento. Trate de decirle a su cónyuge: «Siento un poco de temor en este momento. ¿Podemos hablar al respecto? Preferiría hacer eso en lugar de enojarme».

Dolor

El dolor viene por muchas causas: una palabra áspera, cocinar una comida especial y que no se den cuenta, pintar la casa y no recibir ningún comentario de aprecio, recibir un golpe, descubrir que lo engañan con otra persona y demás. Para liberar nuestro dolor nos enojamos. Queremos que la otra persona pague. Queremos un empate; pero herir a la gente no nos hace empatar. Cuando nos han herido, no siempre deseamos admitir hasta qué punto nos han herido, entonces lo cubrimos con enojo.

Cuando se enoje, pregúntese: ¿Me siento herido? ¿De dónde proviene este dolor? En lugar de enojarse, trate de decirle a su cónyuge: «En este preciso momento me siento muy herido. Deseaba que lo supieras para hablar acerca de esto y no dejar que se convierta en enojo».

Frustración

La frustración se encuentra en la raíz de muchos de nuestros enojos. La palabra «frustración» proviene del latín frustra, que significa «en vano». Nos sentimos frustrados cuando confrontamos un problema, pero no podemos encontrar una solución. La frustración es la experiencia de caminar por callejones sin salida y no llegar a ninguna parte.

Un mito corriente dice que la frustración siempre nos tiene que molestar. ¡No es así! Si su cónyuge habla o actúa de una manera que a usted le molesta, puede sentirse frustrado, pero puede controlar su respuesta tanto interior como exteriormente. Muchos de los comportamientos y las reacciones de su cónyuge no serán lo que usted desea. De vez en cuando, todos tendemos a magnificar lo que la otra persona ha hecho y literalmente creamos una montaña de una madriguera.

Hay cientos de pequeños actos molestos que pueden activar el botón de la frustración, pero estas molestias forman parte de la vida de casados. Aceptarlas y darles permiso para que estén allí puede aliviar parte de la tensión. Concédale a su cónyuge el permiso para hablar en la forma en que lo hace, para hacer las cosas de manera diferente a la suya, para llegar tarde, para estar en silencio. Le garantizo que su frustración va a disminuir. ¿Por qué? Porque ha tomado el control de usted mismo. Con frecuencia nos sentimos frustrados cuando nos sentimos fuera de control.

Resista la tentación de actuar de manera agresiva cuando se siente frustrado. Es una tendencia normal, pero es como tocarle bocina a un tren que se ha detenido justo frente a su automóvil porque lo está retrasando para llegar a destino. ¡Es en vano!

Recuerde, no es su compañero o compañera el que lo hace enojar. Es su respuesta interior hacia la persona que genera el enojo. Usted y solo usted es responsable por sus emociones y reacciones.

Cómo practicar una respuesta mejor al enojo

Permítame hablar en broma por un minuto para sugerirle cómo puede hacer para enojarse contra su cónyuge. Es muy fácil; haga lo siguiente. Suponga que está discutiendo con su cónyuge y lo enfrenta con la actitud de que quiere algo y debe tenerlo. Las palabras clave son «quiere» y «debe». El siguiente paso para no obtener lo que desea, es decir: «Es terrible. Es horrible no obtener lo que quiero. ¿Por qué no lo ves a mi modo?» Luego dice: «No debieras frustrarme de esta manera. Debo lograrlo como yo lo quiero. ¡Cómo te atreves! ¡Pagarás por esto!» Entonces comienza el juego de los reproches. Cuando pensamos en que debemos lograrlo como nosotros lo queremos, la frustración comienza a aumentar.

Estela me contó una experiencia que tuvo justo dos días antes de entrevistarse conmigo. Me describió cómo había pasado seis horas limpiando la casa de un rincón a otro y de arriba abajo. Trabajó literalmente como esclava en cada habitación, dejándolas sin una mota de polvo. Esperaba que su esposo le demostrara de alguna manera su aprecio por lo que había hecho. Lamentablemente, llegó a casa cansado, hambriento y deseoso de ver el partido de fútbol de los lunes por la noche. No dijo ni una palabra de elogio y ni siquiera pareció darse cuenta de lo que ella había hecho. Más bien, en media hora había deshecho gran parte del trabajo de su esposa en la sala desparramando su ropa y alimentos encima de los muebles. Comenzamos a hablar acerca de los pensamientos que la llevaron al encontronazo y a la sarta de improperios que duró desde las 9:00 hasta las 11:30 aquella noche. A continuación, veamos sus conclusiones:

«¡Tendría que haberse dado cuenta de todo el trabajo que hice!»

«Tendría que haberme agradecido por lo que hice.»

«No debiera haber sido tan insensible y desconsiderado.»

«¡Es un canalla! No tiene modales ni sensibilidad.»

«¡Mírenlo! ¡Ensucia todo lo que yo limpié!»

«Probablemente, esta noche quiera tener relaciones sexuales. Que se quede esperando. ¡Pagará por esto y dormirá solo!»

Luego hablamos de cada frase y de cómo la había hecho sentir. Pronto comenzó a ver que sus declaraciones habían creado sentimientos de dolor, de frustración de rechazo y de enojo. El resto de la sesión estuvimos desarrollando algunas respuestas realistas a lo que había sucedido. Mientras ambos aportábamos ideas acerca de cómo manejar una desilusión, Estela comenzó a hacer una lista. Aquí tenemos algunas de las respuestas que hubiera podido usar:

«Me hubiera gustado que se diera cuenta de todo lo que había trabajado.»

«Me pregunto por qué es tan importante que Juan repare en mi trabajo y me lo agradezca. ¿Lo hago por él, por mí o por…?»

«Tal vez pueda encontrar una manera creativa para contarle lo que hice hoy. Hubiera podido traer la cámara de fotos y pedirle que tomara una fotografía de una casa fantásticamente limpia y del ama de casa que había creado esta maravilla.»

Luego formulamos un resumen que le ayudó a poner las cosas en perspectiva. Era algo así: «Quiero que Juan se dé cuenta de lo limpia que está la casa luego de haber pasado seis horas trabajando como burra; pero si no se da cuenta, no hay problema. Mi felicidad y sentido de satisfacción no dependen de su respuesta. No limpié la casa solo para obtener una respuesta de él. La limpié porque hacía falta. Me siento bien por el esfuerzo que hice y por su resultado. Su reconocimiento hubiera sido simplemente un beneficio añadido».

¿Hay algo en su propia vida que se hubiera visto beneficiado con una respuesta como esta? Tal vez, acaba de experimentar una frustración reciente. Recuerde lo que se dijo a sí mismo y luego formule nuevas oraciones que hubieran bajado el nivel de su frustración. ¡Funciona!

LAS RAÍCES DEL ENOJO

Una respuesta bíblica para el enojo

¿Sabe lo que en realidad hace este proceso? Lo ayuda a poner en práctica un poco de sabiduría que puede cambiar sus relaciones con los demás. La Biblia nos da varias instrucciones y pensamientos acerca de esta emoción llamada enojo.

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira [pasión, furia, mal carácter], gritería [peleas, animosidades] y maledicencia [palabras ofensivas, abusivas o blasfemas], y toda malicia [rencor, inquina, vileza de cualquier clase]» (Efesios 4:31) [Énfasis del autor].

En este versículo, Pablo se refiere al enojo como una emoción turbulenta que hierve dentro de nosotros.

El cristiano también debe dejar de lado el enojo que es permanente y habitual, la clase de enojo que busca venganza:

Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca (Colosenses 3:8).

La Escritura nos enseña a no provocar a otros al enojo:

Como rugido de cachorro de león es el terror del rey; el que lo enfurece peca contra sí mismo (Proverbios 20:2).

Las Biblia nos indica que debemos ser «lentos para la ira» (es decir, que debemos controlar nuestro enojo) y que debemos tener cuidado de relacionarnos estrechamente con otros que están constantemente enojados o que son hostiles.

El hombre iracundo promueve contiendas; más el que tarda en airarse apacigua la rencilla (Proverbios 15:18).

Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad (Proverbios 16:32).

No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma (Proverbios 22:24, 25).

La Escritura también habla del enojo justificado. Encontramos un ejemplo en la vida del Señor Jesús:

Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana (Marcos 3:5).

En Efesios 4:26, el apóstol Pablo habla de dos clases de enojos y de cómo tratar con cada uno de ellos:

Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.

Al decir «airaos, pero no pequéis», Pablo describe la clase de enojo que es una actitud estable y permanente en contra del pecado y de las cosas pecaminosas. Uno se da cuenta de que está enojado y puede controlar su enojo. En este versículo, en realidad, Dios nos está enseñando a enojarnos por los motivos correctos. El enojo es una emoción creada por Dios; Él nos creó como seres emocionales. La frase «no pequéis» es una advertencia para no ir demasiado lejos. La clase de enojo que tiene justificación porque está en contra del pecado y de las cosas pecaminosas y totalmente bajo nuestro control es la clase de enojo que Dios aprueba.

En la frase «no se ponga el sol sobre vuestro enojo», Pablo habla de otro significado del enojo. Aquí une al enojo con la irritación, la exasperación y la amargura. Como nos dice Efesios 4:31 y Colosenses 3:8, se supone que debemos dejar esta clase de enojo de lado. Si nos enojamos en este sentido negativo, deberíamos tratar con él rápidamente, antes de que se ponga el sol. La Escritura nos aconseja no llevarnos nunca la irritación o la amargura a la cama. Si lo hacemos, seguro perderemos el sueño (y ni que hablar de la paz, los amigos y hasta la salud).

¿Qué piensa?

  1. Utilizando las descripciones bíblicas del enojo, describa la clase de enojo que por lo regular experimenta. ¿Cómo lo expresa?
  1. Describa la clase de enojo que su cónyuge a menudo parece experimentar. ¿De qué manera lo expresa normalmente?
  1. ¿Qué puede hacer una persona para volverse «lento para la ira»?
  1. Describa cómo una persona se puede enojar sin pecar.

Como podemos ver en los versículos que hemos leído, no toda clase de enojo está mal. Anote algunos de los versículos —especialmente los del libro de Proverbios— en unas tarjetas de 6 × 12 cm y téngalas con usted. Léalas en voz alta durante varias veces al día durante un mes. Para entonces, sabrá los versículos de memoria. Así, el Espíritu Santo tendrá la oportunidad de traerlos a la conciencia cuando los necesite, y sus respuestas frente al enojo estarán de acuerdo con la Palabra de Dios.

Cuando comience a experimentar enojo, pregúntese: ¿Qué es lo que me produce frustración? ¿Qué estoy haciendo para frustrarme? ¿Tengo algunas expectativas, necesidades o deseos que no se satisfacen? ¿Mi cónyuge sabe cuáles son? ¿Estas necesidades, deseos o expectativas son necesarios? Si se toma el tiempo para responder a estas preguntas, verá que será un paso determinante en su vida.

El juego de culpar

Culpar es el punto central de su enojo. Usted le echa la culpa a su cónyuge cuando encuentra defectos en su persona o en lo que ha hecho. Echar la culpa es acusar, señalar con el dedo, encontrar defectos, criticar, reprochar, reprender, menospreciar, echar en cara.

¿Echando la culpa logrará lo que desea? ¿Lo llevará más cerca de su cónyuge? ¿Reflejará la presencia de Jesucristo en su vida y en su matrimonio? Cuando echamos la culpa tratamos de hacer que la otra persona tome conciencia de lo que ha hecho y en algunos casos que pague por ello. Pero si echamos la culpa, es probable que él o ella continúen con el mismo comportamiento, pero con mayor intensidad. Algunas de las peores frases y descripciones son las que se le tiran a una persona durante el acaloramiento de la ira. Si su cónyuge es muy sensible, puede terminar creyendo sus palabras.

Culpamos a los demás con la esperanza de corregir lo que han hecho. ¡Qué lamentable! ¡Qué contraproducente! Al echar la culpa, activa el sistema de defensa de su cónyuge y lo empuja hacia un enojo mayor, haciendo que la persona desee pelear con usted. Si el proceso de justificación que utilizamos no da resultado, entonces pensamos que el enojo es la mejor alternativa que sigue. La culpa no ayuda a que se vaya el enojo, y lo distrae de descubrir una solución a su frustración.

La mejor alternativa para no culpar

El Nuevo Testamento tiene algo mucho mejor para ofrecer en cambio de echar la culpa. Se llama perdón, y da resultado. El perdón nos alivia de la tremenda presión de intentar hacer que otros paguen por lo que nos han hecho (incluyendo a los cónyuges). Cuando echamos la culpa nos sentimos mal; cuando perdonamos nos sentimos bien.

Expresar enojo de manera apropiada

Antes mencioné que expresar enojo no necesariamente lo hace desaparecer. Veamos cuáles son los mitos con respecto a quitar el enojo de nuestros sistemas.

En muchas peleas matrimoniales, encontramos el siguiente panorama: estalla el problema y se produce una explosión de ira y de ataques verbales, que pueden incluir gritos y alaridos, luego el cansancio extremo, una disculpa hosca y una relación tensa durante varios días. ¿Esto sirve de ayuda? ¿Resuelve el conflicto? No estoy sugiriendo que taponemos todo nuestro enojo o que lo reprimamos, pero la manera en que la mayoría de los individuos ventilan su ira no la hace desaparecer. Por lo regular, cuando le expresamos verbalmente nuestra ira a nuestro cónyuge, decimos cosas que son difíciles de olvidar. Estamos más preocupados por probar que el otro está equivocado, o queremos controlarlo y hasta incluso castigarlo.

Se realizó un estudio interesante con mujeres divorciadas para descubrir por qué algunas de ellas se encontraban cada vez más estancadas. Se entrevistó dos veces a doscientas cincuenta y tres mujeres: una vez durante el momento triste del divorcio y luego cuatro meses más tarde. Se utilizaron muchas preguntas para descubrir actitudes y reacciones: ¿Mostraba su enojo o se lo guardaba? ¿Se recuperaba de él con rapidez o lentamente?

Las mujeres que daban rienda suelta al enojo no se encontraban mejor que aquellas que se lo guardaban. Expresar la ira no hacía que la mujer automáticamente se sintiera mejor, y no mejoraba su autoestima. Aquellas que mostraban una mejora en su salud mental eran las que tenían una vida social activa luego del divorcio y que no machacaban sobre el tema. Las que no lo hicieron, también crecieron socialmente pero con la tendencia a hablar obsesivamente acerca del divorcio.

No sugiero que nunca debiéramos hablar de nuestro enojo o que no debiéramos dejarlo salir, pero necesitamos escoger una manera de expresarlo que haga que el enojo desaparezca. Solo entonces nos vemos libres de su tiranía sobre nuestras vidas y matrimonios. El enojo puede ser positivo si nos ayuda a resolver su causa. Debemos comunicar nuestro enojo sin condenar. Expresarlo de una manera que reduzca la ira y nos acerque más a nuestro cónyuge. ¿Cómo lo hacemos?

Cómo guiar un conflicto

En primer lugar, consideremos qué puede hacer cuando su cónyuge está molesto o enojado con usted. Recuerde, solo por el hecho de que la otra persona esté enojada no significa que usted tenga que enojarse. Aquí tiene algunas sugerencias.

Acepte las respuestas emocionales de su cónyuge

En su propia mente, dele permiso a su cónyuge para que se enoje contra usted. No hay problema en que él o ella se enoje. No es el fin del mundo, y usted puede manejarlo sin convertirse en un espejo que refleje ese enojo. Dígase a sí mismo: No hay problema que (nombre del cónyuge) esté enojado o enojada. Puedo manejarlo.

Asegúrese de no alentar o recompensar a su cónyuge por enojarse con usted. Si la persona grita, vocifera, echa pestes y golpea el piso con los pies, y usted responde poniéndose molesto o accediendo a lo que él o ella desea de usted, ¿a qué no sabe qué pasa? Lo único que hace es reforzar el comportamiento de su cónyuge. Si su cónyuge se enoja, pero es razonable, entonces responda exponiendo su punto de vista de una manera cuidadosa y lógica. También ayuda reflejar lo que ha escuchado que dijo su cónyuge. Hágale saber que comprende la razón por la que está enojado o molesto esta vez.

Pídale a su cónyuge que responda de una manera razonable. Sugiérale que vuelva a formular la preocupación original, que baje el tono de voz y que le hable como si fuera la primera vez que conversan.

Recuerde: si su cónyuge está enojado, usted no tiene por qué enojarse. Este sería un buen momento para volver atrás y leer las Escrituras mencionadas anteriormente. Si el enojo interfiere en la interacción entre usted y su cónyuge, hay maneras en las que puede cambiar este modelo.

Sea consciente de su propia respuesta

Identifique las cosas que le dan pie al enojo. Es importante determinar cómo y cuándo expresará enojo. ¿Qué es lo que lo trae a flote? ¿Qué es lo que hace para crear la ira y mantenerse en ese estado? (Concéntrese solo en su parte; no le eche ninguna culpa a su cónyuge.)

Una manera de lograrlo es llevar un diario de comportamiento. Cada vez que surja el enojo, cada cónyuge debe anotar lo siguiente:

  1. Las circunstancias que rodean al enojo, tales como quién estaba allí, cuándo ocurrió, qué fue lo que lo desencadenó, etc.
  2. Las maneras específicas en las que actuó y las cosas que dijo.
  3. Las reacciones de la otra persona ante su comportamiento y las cosas que dijo.
  4. Cómo se resolvió finalmente el conflicto (si es que se resolvió).
Interrumpa el modelo

Desarrolle un plan de acción para interrumpir el modelo del conflicto. Este plan debiera incluir una acción inmediata para desprenderse del conflicto. También debiera ser una manera de enfrentar y manejar el problema en un futuro. Interrumpir el conflicto es una aplicación de Nehemías 5:6, 7: «Y me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. Entonces lo medité, y reprendí a los nobles y a los oficiales».

El principio importante para ayudar a resolver conflictos y crear armonía es posponer. Cuando comienza a sentir que la ira está abriendo a patadas sus puertas emocionales, posponga cualquier respuesta. Tómese tiempo y cálmese utilizando los principios que se encuentran en este capítulo. Puede resultarle beneficioso escribir algunas de las respuestas que va a usar cuando se enoje. Practíquelas en voz alta para que pueda recordarlas cuando se enoja. Funciona.

En cualquier expresión de ira entre dos personas, usted es responsable por su propia ira, y la otra persona es responsable por la suya. Puede proyectar su ira sobre su cónyuge haciéndolo responsable por la manera en que usted se siente y actúa, pero eso exige que su cónyuge sea el que debe cambiar. Hacer responsable a la otra persona es una respuesta protectora que dice: «Soy tu víctima». Si se concentra en usted mismo y se hace responsable por cómo se siente, existe una probabilidad mayor de resolver un problema.

En lugar de decir: «Me hiciste enojar», dígale a su cónyuge: «Actuaste de esta manera y yo me enojé por la forma en que te comportaste».

A medida que su propia ira comienza a aumentar, utilice el recurso de interrupción consigo mismo. Anteriormente, identificamos las tres causas básicas del enojo como temor, dolor o frustración. El enojo es la respuesta secundaria a cualquiera de estas tres emociones.

Si el enojo es un problema para usted, tenga consigo una tarjeta con la palabra «¡Detente!» escrito con letras grandes de un lado. Del otro lado, escriba las tres preguntas siguientes:

¿En este momento estoy experimentando dolor?

¿Estoy asustado?

¿Estoy frustrado por algo?

En el momento que comience a experimentar que su enojo crece, saque la tarjeta, lea la palabra «¡Detente!» (en voz alta si corresponde) y luego dé vuelta la tarjeta. Lea y responda las tres preguntas. Desacelerar la respuesta de su enojo e identificar la causa lo ayudará a resolver el problema. Todavía puede asumir la responsabilidad de escoger una respuesta que ayude a calmar a la otra persona en lugar de echarle leña al fuego de la discusión.

Otro paso positivo es usar expresiones neutrales tales como «Me estoy enojando»; «Estoy perdiendo el control»; «Estamos comenzando a pelear» o «Voy a escribir mis sentimientos». Luego de escuchar alguna de estas frases, la otra persona puede decir: «Gracias por avisarme. ¿Qué puedo hacer ahora mismo para ayudarte?»

Ambos necesitan comprometerse a no levantar la voz, a no gritar y a no actuar como producto del enojo. Se llama suspender la ira. Pónganse de acuerdo en volver a tratar el asunto en un momento de menos conflicto. La mayoría de las parejas no están acostumbradas a tomarse el tiempo para admitir y escudriñar su enojo y luego manejarlo. El período de interrupción pudiera ser un momento oportuno para concentrarse en la causa de su enojo.

Planee una sesión para sacarse las cosas de adentro

Algunas parejas han encontrado beneficioso planear y estructurar sesiones para sacar afuera el enojo. ¿Qué razón puede existir para que alguien quiera planificar el ventilar su enojo? En realidad, una sesión planeada les permitirá a ambos individuos un mayor sentido de control. Si el tema es tan intenso y usted necesita expresar el enojo que siente, ¿por qué no hacerse cargo de él? Algunos individuos tienen dificultad tratando de sacar a la luz algunos problemas a menos que estén enojados. Si se ha planeado una sesión para ventilar el enojo, la pareja también puede ejercer más control sobre la manera en que se expresa el enojo.

En su libro Love Is Never Enough [El amor nunca es suficiente], Aaron Beck propone varias pautas para hacer que estas sesiones sean eficaces:

Establezca un momento y un lugar específico donde los dos puedan hablar, pero donde nadie los escuche.

Establezca un tiempo límite para cada sesión, por ejemplo, 15 o 20 minutos.

No permita interrupciones, y para que una sola persona no sea la que controla la conversación, cada uno no podrá hablar más de dos minutos y luego tendrá que permitirle hablar al otro.

Prevea, de antemano, algunos tiempos de descanso.

Evite incluir lo siguiente en cualquiera de los comentarios que le haga a su cónyuge: condenar a la otra persona; insultarla, mencionar aspectos vulnerables; recordar cualquier asunto del pasado a menos que tengan una relación directa con el tema que están tratando; afirmar que su cónyuge lo hizo enojar. (Es mucho mejor decir: «Me sentí enojado» que: «Me hiciste enojar».)

El propósito de estas sesiones es mantenerse controlado, liberar y reducir el enojo y resolver los problemas. Cuando se mantiene controlado de esta manera, su cónyuge tiene la oportunidad de descubrir lo inadecuado de su respuesta y tal vez de seguir su ejemplo.

Evalúe su estado emocional

A algunas personas les gusta utilizar una tarjeta de reducción del estrés: un pequeño cuadrado que es sensible al calor y a la humedad. Se pone el pulgar sobre el cuadrado durante 10 segundos y su nivel de estrés hará que el cuadrado se vuelva negro, rojo, verde o azul, según el grado de tensión o ansiedad que tenga. Los colores verde y azul reflejan un estado en calma, con poco o nada de estrés.

Existen zonas apropiadas en las cuales puede permanecer aun teniendo ira. Beck dice que las parejas generalmente salen de las zonas moderadas del enojo (la verde o la azul) y pasan a la zona roja de la ira. Moderado quiere decir que usted puede ser objetivo y lógico; el rojo indica ira intensa e irracional. En el medio, se encuentra lo que llamamos la zona amarilla; la persona se siente enojada con el otro, pero puede ejercer control sobre sus pensamientos y acciones. Todavía puede permitir que su compañero o compañera sepa que está enojado y que necesita expresarlo, pero no a costa de la relación.

Cuando una persona se traslada de la zona amarilla a la zona roja, todos los síntomas de la zona amarilla se han intensificado. Este enojo «rojo» se caracteriza por atacar al otro en lugar de atacar el problema, por ser irracional, por lanzarse acusaciones, por degradar el carácter del cónyuge y creer que se merece todo lo que la ira del otro reparte a diestro y siniestro. Aquí es donde se pueden producir daños duraderos. La zona azul se caracteriza por exposiciones en calma y por escuchar.

Ponga señales de aviso antes de llegar a la zona de peligro

Es posible aprender a identificar en qué zona está y hacérselo saber a su cónyuge en el momento, y también identificar hacia qué zona se dirige. Como dijo un esposo: «Me estoy moviendo entre el amarillo y el rojo, y no me gusta ninguno de los dos. Me quiero librar de lo que siento y trasladarme a la zona azul de “por favor, escúchame”».

Algunas parejas hacen pequeñas banderitas y las pinchan en un punto predeterminado para denotar el nivel de su enojo. (Algunos han convertido esto en un proyecto familiar en el cual cada miembro de la familia tiene su juego de banderas. Cada persona tiene consigo su juego de banderitas durante una discusión o desacuerdo y levanta la bandera apropiada para hacerles saber a los demás el nivel de su enojo.) Cuando una persona ha elegido usar las banderas para transmitir un mensaje acerca de su enojo, tiene algún control sobre sus emociones.

¿Cómo puede hacer para que el enojo no se intensifique en su matrimonio? David Viscott sugiere 10 pasos prácticos que muchas parejas han usado con éxito. Estas pautas pueden darle resultado, pero debe estar dispuesto a implementarlas haga lo que haga su cónyuge. Su comportamiento no depende de la acción del otro. Si es así, ha elegido caer bajo su control. Recuerde, practique estos pasos, aunque su cónyuge no lo haga.

  1. No espere a que se le acumulen los sentimientos. Exprese su dolor, su temor o su frustración tan pronto como se dé cuenta.
  2. Asegúrese de hablar en el estilo de lenguaje de su cónyuge. Si su compañero o compañera usa pocas palabras (es alguien que condensa) en su estilo de comunicación, sea breve. Si a él o a ella le gusta ampliar y explicar (es alguien que expande), ofrézcale detalles e información suficiente.
  3. Cuanto más espere para expresar sus sentimientos, más tiempo le llevará resolverlos. Por lo tanto, usted decide si desea una discusión larga o breve. Tiene una elección en el asunto.
  4. No insinúe y ni siquiera dé a entender que su cónyuge tiene una segunda intención o que no es digno de confianza. Si lo hace, el otro no lo escuchará más.
  5. Cualquier intento para hacer que su compañero o compañera se sienta culpable se le volverá en su contra. Su propósito es resolver.
  6. Escoja una actitud que diga que resolverá el problema y que con el tiempo habrá un resultado positivo.
  7. Si su cónyuge lo ataca o hace comentarios personales, no invierta tiempo y energía en responder. Déjelos de lado y mantenga su objetivo.
  8. Si generaliza o adorna los hechos (miente un poco), deténgase y corríjase. Utilice frases tales como: «Lo siento, lo que quise decir y lo que es más objetivo es…». Cada vez que se dé cuenta de que sus declaraciones no son de lo mejor, corríjase y admita lo que ha hecho. No hay problema en decir: «Me equivoqué en lo que dije»; «Estaba tratando de vengarme de ti porque…»; «Admito que estaba tratando de herirte y lo siento»; «Estaba molesto por otra cosa y me descargué contigo».
  9. No dé ultimátums durante sus discusiones. Aunque sea necesario, este no es el mejor momento, y refleja un problema de control o una lucha de poder. Los ultimátums rara vez dan resultado.
  10. Ahora, usted es el responsable de escribir otras tres pautas que le parezcan que serán positivas y de ayuda. Si desea que esta lista de pautas funcione, léala en voz alta todos los días durante tres semanas y descubrirá que se produce un cambio.

El sabio rey Salomón nos recuerda que controlar el enojo demuestra cordura: «La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa» (Proverbios 19:11).

Acepte las emociones

El enojo siempre formará parte aun de las relaciones interpersonales más saludables. Cuanto más íntima sea la relación, más posibilidades hay de herir, lo cual puede llevar a la ira. La gente le tiene temor al enojo porque le asusta el dolor que puede traer.

El enojo expresado directamente es mejor que el camuflado. Compartir abiertamente su enojo no es lo mismo que ser una persona que está enojada. Cuando se expresa de manera saludable, sin insultar, el enojo es aceptable.

He visto a algunos hombres y a algunas mujeres que se sentían tan incómodos con su enojo que lo dejaban salir en forma de risa —una risa nerviosa— y luego hacían el intento de retraerse de la otra persona. Esta gente no se siente cómoda con su propio enojo y no se tienen la suficiente confianza como para expresar de una manera objetiva cómo se sienten. La mayor parte de las veces, su temor a expresarse es temor al conflicto.

Hace poco, escuché a alguien decir que cada vez más matrimonios hoy en día mueren de silencio y no de violencia. Silencio. Sentimientos reprimidos. Frialdad. Emociones reprimidas que siguen viviendo y bullendo en el interior son las que hacen más daño.

¿Cómo podemos saber lo que siente o piensa una persona si está congelada como un témpano de hielo? Necesitamos sentir nuestro enojo y luego revelarlo. Cuando mantenemos el control y expresamos el enojo de la manera apropiada, el conflicto disminuye.

Cuando las heridas se han acumulado en un matrimonio durante un período de años, el contenedor del enojo generalmente se encuentra bastante lleno y es difícil vaciarlo. En un esfuerzo por vaciar el contenedor del enojo, muchas veces les he pedido a mis clientes que le escriban una carta a su cónyuge (que no enviarán por correo) y que compartan sus sentimientos con esa persona. La carta no solo incluye el enojo sino también los sentimientos originales que lo generaron. Les sugiero que luego de que hayan escrito esta porción de la carta, escriban lo que realmente desean de la relación y sugieran pasos para reconstruir una relación estrecha.

Este último paso, es el más difícil, ya que implica afirmar que perdona a la otra persona o que quiere llegar al punto de perdonarla. Una vez que la carta esté completa, el individuo tiene la posibilidad de leerla en voz alta en el hogar o de traerla a la oficina y leérmela a mí. Si la lee en voz alta en su casa, debe ir a una habitación, cerrar la puerta y poner dos sillas una frente a otra. Mientras está sentado en una silla, la persona supone que su cónyuge se encuentra en la otra silla. Ambos procesos —ya sea leer la carta en mi oficina o leerla en casa— son una manera saludable de vaciar el contenedor de enojo y de no suscitar el antagonismo del cónyuge. Entonces, la persona debe considerar qué hará la próxima vez que surja el problema para controlar su enojo y usarlo de manera saludable y constructiva.

El enojo es parte de la vida y siempre lo será, porque Dios nos creó con nuestras emociones. Mire su enojo tal como es: una respuesta a otros sentimientos. Y recuerde que puede mantener el control. ¡Puede cambiar!

Cosas que cambiarán su vida

Puede controlar su enojo si:

  1. Identifica el verdadero sentimiento que se encuentra detrás de él.
  2. Aplica la Palabra de Dios a su enojo.
  3. ¡Demora la reacción ante el mismo!

¿Cuál es su plan?

  1. ¿Qué cambios específicos quiere hacer al tratar con su enojo?
  1. Describa el plan que implementará esta semana para que se produzcan estos cambios.
  1. Repase este capítulo y haga una lista de puntos específicos que lo ayudarán al máximo.
  1. Describa cómo le gustaría que su cónyuge orara por usted.

LAS RAÍCES DEL ENOJO

 

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