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Características Del Hombre Según La Biblia

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Características Del Hombre Según La Biblia

Primero, la Biblia nos dice que el hombre es la imagen de Dios. ¿Qué incluye esta imagen? Para entenderlo, piense en las diferencias entre el hombre y los animales. El hombre es creativo, es soberano sobre el resto de la creación, se relaciona socialmente con su prójimo, tiene un sentido moral y espiritual, tiene la capacidad para razonar, la capacidad para comunicarse con lenguaje, voluntad y emociones. Cuando despertamos en la mañana y nos obligamos a levantarnos, en contra del natural deseo de quedarnos unos minutos más en la cama, manifestamos nuestra voluntad.

Es la imagen de Dios

Primero, la Biblia nos dice que el hombre es la imagen de Dios. ¿Qué incluye esta imagen? Para entenderlo, piense en las diferencias entre el hombre y los animales. El hombre es creativo, es soberano sobre el resto de la creación, se relaciona socialmente con su prójimo, tiene un sentido moral y espiritual, tiene la capacidad para razonar, la capacidad para comunicarse con lenguaje, voluntad y emociones. Cuando despertamos en la mañana y nos obligamos a levantarnos, en contra del natural deseo de quedarnos unos minutos más en la cama, manifestamos nuestra voluntad. Cuando componemos una canción, pintamos una pintura, o escribimos un poema, mostramos nuestra creatividad. Cuando disfrutamos de un tiempo con la familia, revelamos nuestras emociones y la necesidad de mantener relaciones interpersonales. Cuando hablamos con nuestros amigos por teléfono, demostramos nuestras capacidades lingüísticas. La imagen de Dios se refleja en todo lo que hacemos.

  Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Génesis 1:26–28

A nuestra imagen

La mayoría de los estudiosos consideran que las frases “a nuestra imagen” y “conforme a nuestra semejanza” (v. 26) son sinónimos, de acuerdo con el estilo típico de paralelismo hebreo. Sin embargo, no todos están de acuerdo en exactamente qué aspectos del hombre deben incluirse en la definición de la imagen de Dios. Lutero pensaba que la imagen de Dios solamente era la justicia original antes de la Caída, y por lo tanto, concluía que el hombre ya no es la imagen de Dios. Yo estoy de acuerdo con Juan Calvino, que incluía en general las cosas que distinguen al hombre del animal. Para Calvino, la imagen de Dios se encuentra en los aspectos no-físicos del hombre. Pero añade que aun las características físicas, sin ser parte de la “imagen de Dios”, de todas maneras reflejan algo de Su gloria.

No obstante, mantengo el principio que hace poco expuse: que la imagen de Dios se extiende a toda la dignidad por la que el hombre supera a las demás especies de animales. Y así con este nombre se indica la integridad de que Adán estuvo adornado cuando gozaba de rectitud de espíritu, cuando sus afectos y todos sus sentidos estaban regulados por la razón, y cuando representaba de veras con sus gracias y dotes la excelencia de su Creador. Y aunque la sede y el lugar principal de la imagen de Dios se haya colocado en el espíritu y el corazón, en el alma y sus potencias, no obstante, no hubo parte alguna, incluso en su mismo cuerpo, en la que no brillasen algunos destellos.

Aun los pensadores no cristianos reconocen ciertos aspectos de la imagen de Dios en el hombre. Por ejemplo, Platón sabía que el hombre es más que un cuerpo físico; Aristóteles reconocía la razón como instrumento de pensamiento, y Kant defendía la libertad del hombre.
Esto es clave, porque nos indica que hay algo a lo cual podemos apelar en el hombre, algo que muestra las huellas de su creador. También nos indica por qué es que el no creyente lucha contra un sentido de incongruencia. Su naturaleza está hecha para reflejar la imagen de Dios y glorificar a Dios. Consecuentemente, cuando niega a Dios, sus instintos hacen un cortocircuito con sus ideas.

Hombre

Sabe que Dios existe

En segundo lugar, el hombre sabe que Dios existe. Según las Escrituras, no necesita que nadie lo convenza de que Dios existe. Dios se ha revelado a cada ser humano, a través de la creación y directamente a su corazón. Es tan evidente este sentido de la existencia de Dios, que algunos científicos recientemente están tratando de explicar el fenómeno, sugiriendo que está en los genes.

Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad. Porque lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos, pues Dios hizo que fuese evidente. Porque lo invisible de él -su eterno poder y deidad- se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas; de modo que no tienen excusa. Porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias; más bien, se hicieron vanos en sus razonamientos, y su insensato corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios se hicieron fatuos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen a la semejanza de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.
  Por tanto, Dios los entregó a la impureza, en las pasiones de sus corazones, para deshonrar sus cuerpos entre sí. Ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y veneraron y rindieron culto a la creación h antes que al Creador, ¡quien es bendito para siempre! Amén.

Romanos 1:18–25

Nótese que Pablo aprovechó esto cuando dialogó con los filósofos epicúreos y estoicos en Atenas (Hechos 17). Había visto que, entre todos los ídolos, tenían uno dedicado al “Dios no conocido”. Se dio cuenta de que esto revelaba una conciencia del Dios verdadero, y lo utilizó como un punto de contacto.

Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo:
  -Hombres de Atenas: Observo que sois de lo más religiosos en todas las cosas. Pues, mientras pasaba y miraba vuestros monumentos sagrados, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. A aquel, pues, que vosotros honráis sin conocerle, a éste yo os anuncio.

Hechos 17:22–23

Esto es importante, porque nos indica que existe un punto de contacto con el no creyente. El problema es que el hombre reprime esta verdad y trata de esconderla.
Experimenté con este concepto en cierta ocasión con una señorita budista de Vietnam. Primero le pedí que me contara la historia del Buda. Cuando terminó, le pregunté si Dios lo había dejado entrar al cielo al morir. ¡Me sorprendí mucho de que me dijera que sí! Para estar seguro de que había entendido, le pedí que me aclarara: “¿Quieres decir que Dios estaba complacido con el Buda y le permitió entrar al cielo cuando murió?” De nuevo estuvo de acuerdo. Le dije, “¿Te das cuenta de que admites que existe Dios?”

Tiene la ley de Dios escrita en su corazón

En tercer lugar, el hombre tiene un sentido de moralidad, una conciencia, y como consecuencia, un sentido de culpa. Aunque tenga distorsionados sus valores, existe al menos una percepción general del bien y del mal. Este fenómeno también inquieta a los científicos no creyentes, y tratan de explicarlo en el esquema evolucionista. Algunos proponen que durante el proceso de evolución, los animales que tendían a defender a sus familiares del mismo grupo, sobrevivían a los más egoistas, y así se desarrollaron en el hombre los genes que le dan el sentido ético, el sentido de que es mejor tratar bien a los demás. Como vimos en la historia de la filosofía, una de las últimas cosas que el hombre está dispuesto a soltar es la noción de la ética. Aunque sea escéptico en cuanto a la verdad, sigue hablando de ética. Muchas películas muestran la lucha entre el bien y el mal. Las religiones del mundo enseñan muchos valores morales en común. La literatura famosa revela el problema de una conciencia culpable. A pesar del intento de Freud y otros psicólogos por racionalizar la conciencia del hombre, ésta sigue siendo real. Nuestra conciencia del bien y del mal no proviene de la sociedad, ni de la evolución genética, sino de Dios mismo.

  Porque cuando los gentiles que no tienen ley practican por naturaleza el contenido de la ley, aunque no tienen ley, son ley para sí mismos. Ellos muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, mientras que su conciencia concuerda en su testimonio; y sus razonamientos se acusan o se excusan unos a otros,.…

Romanos 2:14-15

Aun en tribus remotas

Aun en tribus remotas, lejos de cualquier civilización, se manifiesta un sentido de culpa y necesidad de hacer un sacrificio para cubrir los pecados. Algunos envían un perro en una lancha mar adentro para morir por ellos. Otros cortan la cabeza de un ave, o sacrifican incluso a sus propios hijos. Una de las cosas más asombrosas que he visto ha sido un niño indígena congelado desde hace cientos de años. Lo encontraron casi intacto en la cordillera de los Andes en Chile, y ahora está en un museo. Los expertos dicen que su ropa y posición muestran que fue sacrificado a los dioses.
La señora Lady Macbeth de Shakespeare había convencido a su marido de asesinar al rey, pero se vuelve loca debido a la conciencia de su culpa. Ella permanentemente imagina que está teñida con la sangre, y se friega las manos para sacarse las manchas. Grita, “¡Fuera, mancha maldita!” No obstante, es inútil, y al final se suicida.
Nejludov, el protagonista de la novela Resurrección de Tolstoi, siente remordimiento por su pasado vergonzoso. Había seducido a una empleada en la casa de su tía, y después participó en el jurado que condenó injustamente a la misma mujer por robo. También se da cuenta de que no está viviendo en consecuencia con sus convicciones en cuanto a la riqueza y la propiedad. Conversa consigo mismo:

    “¿Es posible?”… -pronunció estas palabras en voz alta, deteniéndose de golpe-: ¿Es posible que yo sea un hombre vil?
    Creyó que una voz le contestaba: -¿Qué eres si no?
    …Decididamente era un hombre vil.
    …Nejludov había pasado un largo período sin cuidarse de la palmaria contradicción que existía entre la vida que llevaba y las exigencias de la propia conciencia. Ahora que lo advertía, se horrorizaba. Era tal el contraste que dudaba hasta de la posibilidad de una purificación. “No, no, es inútil” – le sugería una voz interna tentadora.
    “He tratado ya muchas veces de corregirme – pensaba -, de hacerme mejor, y nunca he tenido voluntad para ello. ¿Para qué probar de nuevo?”

Este sentido de culpa también es sumamente importante, porque indica una puerta abierta al corazón del no creyente. Aunque no quiera reconocerlo, dentro de sí, sabe que tiene una gran necesidad.

No quiere someterse a Dios

En cuarto lugar, el hombre natural no quiere someterse a Dios. Aunque sabe que Dios existe, sigue negándolo, rehusándose a honrarlo, hasta que el Espíritu Santo renueva su corazón. Su problema fundamental, más que intelectual, es espiritual. No quiere aceptar la verdad.

No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.

Romanos 3:11

  …De modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias;.…

Romanos 1:20–21

Para evitar reconocer a Dios como su creador y su Señor, crea paradigmas personales que excluyen a Dios.

 

…Sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios se hicieron necios.

Romanos 1:21-22

En una ocasión en que estaba jugando básquetbol con algunos vecinos, un joven empezó a explicar que no creía en Dios. Le pregunté, “¿Qué cosa te convencería de que Dios existe?” Respondió que tendría que ver un milagro. Cuando le pregunté cómo definiría un milagro, dijo, “Algo que no se pueda explicar científicamente.” Queriendo asustarlo un poco, levanté mi puño sobre la cabeza de un amigo, y le dije, “¿Te serviría que matara a mi amigo y después lo resucitara?” Mientras él meditaba su respuesta, decidí ayudarle. “Pasarías toda tu vida buscando una explicación científica, ¿verdad?” “Probablemente”, admitió. “Entonces no hay nada que te pueda convencer de que ocurren los milagros o de que Dios existe, ¿verdad?” “Supongo que no,” confesó. Este joven honesto nos ayuda a entender el proceso de pensamiento de un no creyente. Para defender lo que quiere creer, establece sus propias reglas.
La mente del hombre no es una “tabula rasa”. Ya tiene grabadas permanentemente en ella la existencia de Dios y la ley de Dios. No importa cuánto trate de borrarlas o esconderlas, estas verdades permanecen indelebles en su mente y corazón.

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