LA ORACIÓN DEL SEÑOR [Mateo 6:9-13]

LA ORACIÓN DEL SEÑOR
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La oración del Señor, el Padrenuestro

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Mateo 6:9-13

Desde tiempos antiguos se ha llamado a la oración del Señor “Padrenuestro”, no porque sea una oración que el Señor haya dirigido al Padre, sino porque él, misericordiosamente, nos la dio para enseñarnos la manera y el método para orar y los asuntos por los cuales orar. 

Por lo tanto, los cristianos deben tenerla en alta estima. Cristo conocía nuestras necesidades y la buena voluntad del Padre hacia nosotros, y de esta manera en su misericordia nos proveyó una guía sencilla pero completa. 

Cada parte o aspecto de la oración se incluye ahí. La adoración se encuentra en sus frases de apertura y el agradecimiento en la conclusión.

Después de todo lo que hombres piadosos han dicho y escrito sobre la oración, necesitamos algo mejor que eso que tiene un mero origen humano para guiarnos, si queremos llevar a cabo correctamente este deber esencial. 

La manera en que las criaturas ignorantes y pecadoras deben procurar venir ante el Dios Altísimo, la forma en que deben orar de una manera aceptable y obtener de él lo que necesitan, se puede descubrir solo cuando el gran Oidor de la oración se complace en revelarnos su voluntad. Él ha hecho esto:

(1) abrió un camino de acceso nuevo y vivo a su presencia inmediata, incluso para los peores pecadores:

(2) designó a la oración como el medio principal para la relación y bendición entre él y su pueblo.

(3) facilitó con mucha misericordia un modelo perfecto para que las oraciones de su pueblo sigan ese ejemplo.

Observa la sabia instrucción que dan los teólogos de Westminster: “Toda la Palabra de Dios es útil para dirigirnos en la oración, pero la norma especial para nuestra dirección es aquella forma de oración que Cristo enseñó a sus discípulos, comúnmente llamada la oración del Señor” (El Catecismo Menor de Westminster).

La confesión necesariamente se sobreentiende porque lo que pedimos supone nuestra debilidad o pecaminosidad. Las peticiones suministran la esencia principal, como en todas las oraciones. La intercesión y la súplica en nombre de la gloria de Dios y el triunfo de su reino y de su voluntad revelada se expresan en las primeras tres peticiones, mientras que las cuatro últimas tienen que ver con la súplica y la intercesión en lo que concierne a nuestras propias necesidades personales y las de los demás, como lo indican los pronombres en plural.

Esta oración se encuentra dos veces en el Nuevo Testamento, ya que Cristo la dio en dos ocasiones. Esto, sin duda, es una pista para que los predicadores repitan lo que es de importancia fundamental. Las variaciones son importantes. El lenguaje que se emplea en Mateo 6:9 da a entender que esta oración se nos da como un modelo, sin embargo las palabras de Lucas 11:2 indican que nosotros la debemos usar como un método. Como todo en la Escritura, esta oración es perfecta —perfecta en su orden, explicación y redacción.Su orden es la adoración, la súplica y la explicación. Sus peticiones son siete.

Virtualmente es un epítome de los salmos y un excelente resumen de toda oración. Cada frase que hay en ella aparece en el Antiguo Testamento, revelando que nuestras oraciones deben ser bíblicas si han de ser aceptables. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Pero no podemos conocer su voluntad si somos ignorantes de su Palabra.Se ha alegado que esta oración se diseñó solo para el uso temporal de los primeros discípulos de Cristo, hasta el momento en que el nuevo pacto se inauguró. Pero tanto Mateo como Lucas escribieron sus evangelios años después de que esta dispensación cristiana había comenzado, y ninguno de ellos da ninguna insinuación de que se hubiera vuelto obsoleta y que ya no fuera útil para los cristianos.

Algunos disputan que esta oración no es apropiada para el día de hoy, por cuanto las peticiones en ella no se ofrecen en el nombre de Cristo y no contienen ninguna referencia expresa a su expiación e intercesión. Pero esto es un serio malentendido y un error, porque si razonamos de una manera similar, ¡no podríamos usar ninguna de las oraciones del Antiguo Testamento, de hecho ninguno de los salmos! Pero las oraciones de los creyentes del Antiguo Testamento fueron presentadas a Dios por amor de su nombre; y Cristo fue el Ángel del pacto a quien se le dijo: “Mi nombre está en él” (Éxodo 23:20, 21). El Padrenuestro no solo se debe ofrecer confiando en la mediación de Cristo, sino que expresamente él nos dirige a eso y nos autoriza a ofrecerlo así.

En épocas más recientes, ciertos “estudiantes de la profecía” se han opuesto al uso de esta oración por motivos dispensacionalistas, argumentando que es exclusivamente una oración judía y que es legalista en su esencia. Pero esto es nada más y nada menos que un intento descarado de Satanás de robarles a los hijos de Dios una porción valiosa de su herencia. Cristo no les dio esta oración a los judíos como judíos, sino a sus discípulos. Está dirigida a “nuestro Padre” y, por lo tanto, todos los miembros de su familia deben usarla.

Como dijimos, se registra no solo en Mateo, sino también en Lucas, que es el evangelio gentil. El mandato de Cristo, después de su resurrección, de que sus discípulos les enseñaran a los creyentes a observar todas las cosas que él les había mandado (Mateo 28:20), incluye su mandamiento en Mateo 6:9–13. No hay nada en esta oración que no sea adecuado para el cristiano el día de hoy, quien necesita todo lo que hay en ella.Durante mucho tiempo esto ha sido un motivo de conflicto, que ha dado lugar a mucha controversia mordaz en cuanto a si la oración del Señor debe considerarse como un método que debe usarse o como un modelo que debe imitarse.

La respuesta correcta a esta cuestión es que debe considerarse como ambos. En Mateo, evidentemente se expone como un ejemplo o modelo de la clase de oración que debe ofrecerse bajo la nueva economía. “Vosotros, pues, oraréis así”.Debemos orar “con esa reverencia, humildad, seriedad, confianza en Dios, preocupación por su gloria, amor por la humanidad, sumisión, moderación por las cosas temporales y vehemencia por las cosas espirituales que ella inculca” (Thomas Scott). Pero en Lucas 11:2 encontramos a nuestro Señor enseñando esto: “Cuando oréis, decid…” es decir, debemos usar sus palabras como una fórmula.

Entonces, el deber que los discípulos de Cristo tienen en su oración es usar esta oración continuamente como un modelo y a veces como un método.Para los que se oponen al uso de algún método de oración, les recordamos que Dios mismo muchas veces pone en la boca de su pueblo necesitado el lenguaje exacto que debe emplear al acercarse a él. Por ejemplo. El Señor le dice a Israel: “Tomad con vosotros palabras, y volveos al Señor. Decidle: Quita toda iniquidad, y acéptanos bondadosamente” (Oseas 14:2, LBLA). No cabe duda que tenemos que estar en guardia en contra de la observancia meramente formal, y aún más en contra de una observancia supersticiosa del Padrenuestro.Sin embargo, debemos evitar con toda diligencia irnos al extremo contrario y nunca emplearla.

En la opinión de este escritor, debe recitarse con reverencia y sensibilidad una vez en cada servicio público y debe usarse todas los días en la adoración familiar. Que algunos la hayan pervertido, cuyo uso demasiado frecuente parece equivaler a las “vanas repeticiones” que el Salvador prohibió (Mateo 6:7), no es razón válida para que seamos totalmente privados de ofrecerla en el trono de gracia, en el espíritu que inculcó nuestro Señor y con las mismas palabras que él ordenó.

En cada expresión, petición y explicación de esta oración, vemos a Jesús: Él y el Padre son uno. Él tiene un “Nombre” que se le ha dado, que está por encima de todo nombre. Él es el bendito y el único potentado y su “reino” gobierna sobre todos. Él es el “pan de vida” que descendió del cielo. Él tuvo poder en la tierra para “perdonar el pecado”. Él puede socorrer a los que son “tentados”. Él es el ángel que “liberta de todo mal”. El reino, el poder y la gloria le pertenecen. Él es el cumplimiento y la confirmación de todas las promesas divinas y las garantías misericordiosas.

Él mismo es “el Amén y testigo fiel”.Bien calificó Tertuliano la oración del Señor como “el evangelio abreviado”. Entre más claramente entendamos el evangelio de la gracia de Dios, “el evangelio de la gloria de Cristo”, más vamos a amar esta poderosa oración, y cuando nos gloriemos en el evangelio que es “poder de Dios y sabiduría de Dios” a los que creen, nos vamos a alegrar con gozo inefable cuando ofrezcamos las peticiones divinamente prescritas y esperemos las respuestas misericordiosas

LA ORACIÓN DEL SEÑOR

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