EL EFOD DE ORO

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EL EFOD DE ORO

El efod del sumo sacerdote israelita era una prenda extravagante, hecha de lana, lino e hilos de oro. La lana es de color azul, púrpura o escarlata (Éxo 28:6–14).

Efod del sumo sacerdote.

El efod del sumo sacerdote israelita era una prenda extravagante, hecha de lana, lino e hilos de oro. La lana es de color azul, púrpura o escarlata (Éxo 28:6–14). Sin embargo, la forma exacta del efod es desconocida. La presencia de hombreras indica que colgaba de los hombros; además, el uso de la faja indica que se extendía por debajo de la cintura.
El efod incluía hombreras, que tenían dos piedras de ónix sobre las cuales estaban grabados los nombres de los hijos de Israel (seis en cada una). Las piedras de ónix estaban ajustadas con filigranas de oro sobre las cuales se colocaban cadenas de oro trenzadas. El sumo sacerdote llevaba el efod sobre una túnica de lino. El oro, el pectoral enjoyado, que sostenía el Urim y el Tumim, se unía al efod. El sacerdote llevaba una túnica de lana azul sobre el efod. Por último, el sumo sacerdote llevaba un turbante, en frente del cual colgaba un placa de oro con las palabras, “Santo es el Señor».
El propósito de los grandes ornamentos sacerdotales son tres:

1. La extravagancia de las importantes vestiduras sacerdotales representaban visualmente la gloria de su oficio.
2. Las vestiduras incorporan visualmente al sumo sacerdote dentro del entorno extravagante del sistema religioso israelita.
3. Las vestiduras y el ritual del lavamiento previo a vestirse protegían al sumo sacerdote del esplendor y el poder de Dios.

El efod como una vestimenta sacerdotal.

Un efod era también una vestimenta de lino común habitualmente usada por los sacerdotes (Por ej., 1 Sam 2:18; 22:18). El diseño exacto del efod es incierto, pero parece haber colgado de los hombros, cayendo hasta o por debajo de la cintura. Los textos bíblicos señalan que David usaba un efod mientras danzaba delante del Señor. Anderson y Klein señalan que eso es concordante con su actuación en los sacrificios sacerdotales. La afirmación de Mical de que David se había descubierto (2 Sam 6:20) resulta en la sugerencia incorrecta de que el efod es sólo un taparrabos. La acusación de Mical no indica necesariamente que David estaba desnudo; ella podría haber estado refiriéndose exageradamente a la decisión de David de renunciar a su atuendo real normal, o podría estar indicando que como David danzaba, la parte inferior del efod voló y se expuso su cuerpo.

Objeto religioso.

Varios pasajes dentro de la biblia hebrea tratan del efod como si fuera un instrumento religioso y/o de adivinación. Aunque el efod israelita del sumo sacerdote no es en sí mismo un instrumento oracular, el Urim y el Tumim contenidos en el pectoral son probablemente una suerte de objetos pequeños usados para la adivinación. Mas probablemente, el sacerdote preguntaría a Dios un enigma, echaría suerte una o más veces con el Urim y Tumim del pectoral, e interpretaría una respuesta por parte de los objetos que había echado en suerte. (Núm 27:21; Deut 33:8; 1 Sam 28:6).
Sin embargo, varios pasajes describen al efod como un artefacto de adivinación en sí mismo (1 Sam 2:28; 14:3; 21:9; 23:6, 9; 30:7). En otros contextos, los escritores bíblicos asocian al efod con la idolatría (Jue 17:5; 18:14–20; Ose 3:4). Klein afirma que, como un instrumento de adivinación el efod no es una prenda de vestir sino una especie de recurso (Klein, 1 Samuel, 26–27, 214); Tsumura sugiere que en algunos contextos, el efod es un tipo de imagen (Tsumura, First Samuel, 534).
La caracterización del efod como un instrumento de adivinación o como una imagen religiosa no son por necesidad mutuamente excluyentes (May, “Ephod and Ariel”, 45–46). La interpretación del efod como un objeto religioso incluye:

• Foote indica que, en relación a la idolatría, probablemente no era una estatua (Foote, “Ephod”, 39–41).
• May sugiere que era una caja o un arca en la cual se guardaban las imágenes religiosas (May, “Ephod and Ariel”, 44–69).
• Morgenstern argumenta que el efod era una estructura en forma de tienda, como el tabernáculo (Morgenstern, “Ark, Ephod, and Tent”).
• Albright propone que el efod era originalmente una vestimenta, que incluía elaboradas ropas y enchapado dorado de imágenes religiosas, pero que pudo haberse convertido con el tiempo en un tipo de objeto religioso del cual sus detalles físicos son ahora desconocidos (Albright, “Ephod and Teraphim”, 39, 42).

La mayoría de estas teorías son especulativas. Con respecto al significado del “efod”, Dahl concluye que “en diferentes momentos y en diferentes periodos, quizás, varió su significado” (Dahl, “Problem of Ephod”, 210).

La etimología del efod

Un cognado ugarítico en la literatura Ras Shamra sugiere que el “efod” (אפוד, ‘pwd; or אפד, ‘pd) era originalmente una prenda de vestir, posiblemente una vestimenta religiosa en particular. De acuerdo a la traducción de Albright de un texto Ras Shamra (I Anchor Bible.i.5), la palabra hebrea “efod” está relacionada a la palabra ugarítica ‘epdk, que hace referencia a la vestimenta de la diosa Anat. Albright también sugiere que el “efod” está relacionado con una antigua palabra asiria usada para un tipo de prenda (epa<^>da<^>tum). Por lo tanto, aunque el “efod” hebreo puede haber llegado con el tiempo a hacer referencia a un tipo de artículo religioso, el efod fue originalmente una prenda de vestir (Albright, “Ephod and Teraphim”, 39–42).

Desarrollo del concepto hebreo de efod

Mientras que el “efod” probablemente se refiere originalmente a una prenda de vestir sacerdotal, con el tiempo llegó a referirse también a un tipo de objeto religioso o de adivinación. Dos factores probablemente contribuyeron al desarrollo de este significado secundario:

1. Como una prenda religiosa en otras culturas del cercano oriente, el efod pudo haber sido una vestimenta o una cobertura para imágenes religiosas; sin embargo, debido a que la ley mosaica prohíbe generalmente las imágenes, el extravagante efod de Dios era colocado sobre el sumo sacerdote, quién de todos modos habría llevado un efod de lino (Propp, Leviticus, 525–26).
2. La asociación entre el efod del sumo sacerdote y el predictivo Urim y Tumim sugiere que probablemente existió una asociación entre los efods religiosos y la adivinación antes de la redacción de la ley o de su desarrollo, como resultado de la conexión física entre el efod y el pectoral (Ann Jeffers, Magic and Divination, 209–15).

Jueces 8:24–27

Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas). Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín. Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa.

El castigo de Gedeón es a lo menos cuestionable.

Ya no es tan manso como en 8:1–3. De semejante manera a través del libro la conducta de los líderes de Israel pasa de lo limpio a lo turbio, para caer por fin en lo definitivamente repudiable. Gedeón es el primer juez que pelea contra Israel, pero no será el último (comp. 12:4–6; ver también 20:14–48). Su violencia contra Sucot y Peniel también anticipa las matanzas de su hijo en Siquem y Tebes (comp. especialmente 8:17 con 9:46–49).
La pregunta de Gedeón a los reyes (8:18) nos toma por sorpresa. Inyecta en la historia un elemento desconocido hasta aquí. La respuesta de Zébaj y Zalmuna es también inesperada, ya que el cuadro de Gedeón en 6:11–15 no nos prepara para la revelación que él parecía ser hijo de rey.

Las sorpresas continúan en el v. 19.

Desconocíamos que los madianitas habían ejecutado a los hermanos de Gedeón. Pero lo que más nos desconcierta es descubrir que lo que ha motivado a Gedeón en la persecución implacable de los madianitas es la venganza personal. Ha torturado y matado a los hombres de Sucot y Peniel no tanto por no apoyar al ejército de Jehovah, sino por no ayudarle a vengar la muerte de sus hermanos. Según sus propias palabras, habría perdonado la vida a Zébaj y a Zalmuna si no hubieran matado a sus hermanos, no importándole todo el sufrimiento que ellos habían causado a otras familias de Israel. Gedeón, con el aspecto de un hijo de rey, comienza a comportarse con la prepotencia de un rey, anteponiendo los intereses de su familia a los de la nación.

Los muertos fueron hijos no solo del padre de Gedeón, sino también de su madre.

Joás aparentemente tenía varias esposas. Los hermanos serían asesinados cuando los madianitas estaban acampados en el valle de Jezreel antes de la batalla, a menos que fuera un año anterior.
Ejecutar a los reyes madianitas sería un honor para Jeter (8:20; comp. 4:9) y un cumplimiento de la responsabilidad familiar de vengar la sangre (ver Núm. 35:18–21). Sin embargo, al joven todavía le da temor matar (8:20b). En la timidez de Jeter vemos un reflejo del carácter de Gedeón cuando Jehovah lo llamó (comp. 6:12–15). Sin embargo, ahora Gedeón está acostumbrado a derramar sangre, y responde al reto de Zébaj y Zalmuna, ajusticiándolos (8:21). Gedeón tomó también como botín las lunetas de los camellos, que eran ornamentos o amuletos de oro en forma de crecientes.
Los reyes madianitas instan a Gedeón a matarlos porque les sería menos vergonzoso morir a manos del héroe israelita que a manos de un joven. También sería menos angustioso, ya que Gedeón sabría matar rápido, mientras Jeter tal vez tuviera que herir a su víctima varias veces antes que muriera.

Ofrecimiento del reino, 8:22–28.

La liberación ha convertido a Gedeón en un líder de gran popularidad en Israel. Los israelitas (tal vez solamente los del norte, o los de Manasés) lo invitan a establecer una dinastía (8:22), en la cual la autoridad de gobernar pasaría de padre a hijo. Aunque en efecto lo invitan a ser rey, no utilizan la palabra “rey” ni “reinar”; sobre las razones, ver la exposición de 9:2.
Los israelitas ofrecieron el reino a Gedeón porque, según ellos, los había liberado de los madianitas. Esto era precisamente la conclusión que Jehovah quiso evitar (ver 7:2). Los actos de Gedeón en 8:4–21 han contribuido a que el pueblo vuelva sus ojos de Jehovah, el libertador verdadero, y los enfoque en el instrumento humano.
Sin embargo, Gedeón no se ha corrompido del todo. Rehusa la invitación, aclarando que Jehovah debe gobernar (8:23; comp. Éxo. 15:18; 1 Sam. 8:7; 10:19; 12:12). En el Antiguo Oriente se consideraba que el libertador tenía derecho a reinar. Fue Jehovah, no Gedeón, quien había liberado a Israel. A la vez, ni tampoco os gobernará mi hijo resulta siendo una profecía inconsciente e irónica (comp. 9:5, 54).
A pesar de su sabia decisión (v. 24), Gedeón comienza a vivir como rey (comp. la incongruencia de las acciones de Pedro en Mat. 16:16–23). Pide aretes del botín para hacer un efod de oro (8:24–27). Los aretes se usaban en las orejas y en la nariz, pero solamente las mujeres los ostentaban en la nariz (ver Gén. 24:47; Isa. 3:21; Eze. 16:12). Los aretes aquí son de los varones, ya que el v. 24 aclara que los madianitas llevaban aretes porque eran ismaelitas. Se supone que las mujeres de todos los pueblos los llevaban.
Según Génesis 16:16, Ismael fue hijo de Abraham y Hagar, mientras Génesis 25:1–4 declara que los madianitas descendieron de Abraham y Quetura. Sin embargo, los madianitas se llaman ismaelitas en Génesis 37:28. Aparentemente “ismaelita” llegó a usarse no solamente de los descendientes de Ismael, sino también de otros pueblos nómadas, incluyendo a los madianitas.
A la luz de la cantidad de botín (8:26b), pedir un arete a cada quien era poca cosa para un líder tan aclamado como Gedeón. De buena gana los israelitas lo contribuyeron (8:25). Algunos opinan que los israelitas entregaron a Gedeón todo el botín que se menciona en el v. 26. Sin embargo, el v. 27 aclara que lo entregado se utilizó para hacer un efod. No se necesitaría tanto botín para esto, y es difícil concebir cómo los collares de los camellos, por ejemplo, se usarían para hacer un efod. El botín del v. 26b es más bien lo que los israelitas guardaron para sí. De una condición de profunda pobreza (6:6) pasaron a disfrutar las riquezas de sus despojadores.

En Éxodo 28:5–14 el efod es una vestimenta para el sumo sacerdote

hecha de tela fina, con algunos adornos de oro. Esa vestimenta no requeriría de 1.700 siclos de oro, ni sería muy práctico que el sumo sacerdote llevara una carga tan pesada. Entonces.

¿qué clase de efod hizo Gedeón?

el efod de oro

Las vestiduras de los sacerdotes

He aquí algunas interpretaciones:

(1) fue una vestimenta semejante a la del sumo sacerdote, pero con mucha más ornamentación de oro.

(2) fue una copia de la vestimenta sacerdotal, pero hecha de oro.

(3) fue una vestimenta de oro que representaba la presencia divina.

(4) fue una imagen.

Nos inclinamos por la tercera interpretación. Ya que en Éxodo 28 y 1 Samuel 2:18 el efod es una vestimenta, y la palabra semejante en acádico, epadatu, significa “vestimenta”, el efod de Gedeón también debía ser alguna clase de vestimenta. El efod de oro se tomaría como una representación de la gloria de Dios, o como si fuera la vestimenta de Dios. Probablemente se usaba para hacer consultas a Dios (comp. 1 Sam. 23:9–12; 30:6–8).
De todas formas, el efod claramente tenía significado religioso. Gedeón lo haría para promover el culto a Jehovah. Sin embargo, es probable que también tuviera otra motivación. Los reyes, como los gobernantes en todo tiempo, se aliaban con el sistema religioso en parte para afianzar su poder. Construían santuarios que legitimaban su gobierno (comp. Amós. 7:13). Es de sospechar que algo de esto haya influido en la colocación del efod en Ofra, ciudad de Gedeón (8:27a), en vez de en el tabernáculo. Quizá Gedeón también esperaba asegurar por medio del efod la bendición de Jehovah (comp. 17:5, 13).
Como suele suceder, el objeto que supuestamente estimularía la adoración a Jehovah lo reemplazó (8:27b; comp. 2 Rey. 18:4). La historia que comenzó en Ofra, donde los ciudadanos adoraban ídolos, termina en el mismo lugar, pero ahora todo Israel allí rinde culto al efod. El que había derribado el altar local de Baal hace un nuevo ídolo para toda la nación. Por primera vez en el libro uno de los jueces contribuye a la apostasía y el pueblo comienza a volver a la apostasía durante la vida del juez. Esta es la primera historia en que Israel es comparado con una prostituta (la comparación ya aparece en 2:17, pero en el prólogo), y esta prostitución conducirá a otra aún más profunda en la siguiente generación (ver v. 33).
El v. 28 concluye la narración de la liberación. Después de la derrota propinada por Gedeón, los madianitas no se atrevieron a molestar más a los israelitas. Por cuarta y última vez Jueces dice que la tierra reposó (comp. 3:11, 30; 5:31).

Resumen del resto de la vida de Gedeón, 8:29–32.

Las historias de los jueces anteriores han terminado con el reporte de la subyugación del enemigo y los años de reposo. Aquí hay un párrafo más, el cual sirve como cierre de la narración sobre Gedeón, y es una transición a la historia de Abimelec.
Gedeón volvió a su casa (8:29), de donde, a pesar de su protesta en el v. 23, gobernó sobre por lo menos una parte de Israel (ver 9:2). Vivió al estilo de un rey, con muchas esposas (comp. Deut. 17:14–17; 2 Sam. 5:13; 1 Rey. 11:1–4), quienes le dieron setenta hijos (8:30; comp. 2 Rey. 10:1), y con por lo menos una concubina (8:31). La nota sobre los hijos, con referencia especial a Abimelec, anticipa la historia del cap. 9. Que fueron sus descendientes directos aclara que los setenta fueron hijos literales de Gedeón, no nietos u otros descendientes. La familia grande con que Gedeón había sido bendecido sería destruida por el fruto del matrimonio con la concubina, así como Israel perdía muchas bendiciones divinas por matrimonios con cananeos (ver 3:5, 6).

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