APÓSTOLES Y PROFETAS [Rv60]

PROFETA

Tabla de contenidos

¿Quién era un apóstol y quien un profeta?

La palabra “apóstol” podría tener varias connotaciones. Si es traducción del hebreo saliah, significa una persona que actúa como el representante plenamente autorizado de otra persona. También tiene el sentido de “misionero”. 

Para Pablo su sentido de apostolado era de importancia clave en su comprensión de sí mismo. Ser apóstol era equivalente a ser esclavo de Jesús (observe cómo Pablo se describe a sí mismo al principio de todas sus epístolas cuando está presentando sus credenciales).

El apostolado se asocia con el establecimiento de iglesias y concede autoridad sobre ellas en términos de imponer disciplina y también en términos de recibir y trasmitir revelación autoritativa, de manera que los apóstoles, junto con los profetas, constituyen el fundamento de las iglesias (Ef. 2:20; cf. 1 Cor. 12:28, 29; 2 Ped. 3:2). 

Pablo también hace énfasis en que es destino especial del apóstol sufrir y aun morir para que sus convertidos puedan vivir, y explora la paradoja de la posición humilde del apóstol a pesar de su llamamiento elevado (1 Cor. 4:9; 2 Cor. 4).

APÓSTOL PABLO EN EFESO

APÓSTOL.

Un término usado para describir a los miembros de varios grupos de personas en el NT.

(1) Los doce discípulos escogidos por Jesús para ayudarle en su misión (Mat. 10:2). El número inevitablemente recuerda las doce tribus de Israel (cf. Mat. 19:28; Luc. 22:29, 30) y sugiere que los Doce formaban el núcleo de un nuevo Israel compuesto de los que aceptaban a Jesús como Mesías; el papel que se les asignó para el futuro (juzgar a las tribus de Israel) puede ser sencillamente una manera de decir que tendrán parte en el futuro reino de Dios* mientras el Israel incrédulo será echado fuera.

(2) Un grupo más amplio, incluyendo a los Doce, que habían visto al Señor resucitado y habían recibido su mandato de ser misioneros (1 Cor. 15:7; cf. 9:1). Lucas tiende a restringir el título a los Doce (excepto en Hech. 14:4, 14) como compañeros del Señor y testigos de su resurrección (Hech. 1:21, 22; 10:40–42), pero Pablo hace hincapié en su papel como pioneros, sembradores de iglesias, cuyas credenciales son las congregaciones que establecieron (1 Cor. 9:2).

(3) En un sentido más amplio algunos obreros o delegados de las iglesias fueron llamados “apóstoles” o “mensajeros” de las iglesias (2 Cor. 8:23; Fil. 2:25).

(4) Algunas personas pretendían falsamente (a los ojos de Pablo) ser apóstoles y trabajaban como misioneros rivales de él (2 Cor. 11:13).

Ya que los apóstoles (excepto en el sentido de los delegados de las iglesias) fueron testigos de la resurrección y formaron el fundamento de la iglesia, resulta que su puesto era un fenómeno de la primera generación y que no podía repetirse; no tuvieron sucesores, y en principio no puede haberlos. No obstante, la iglesia puede y tiene que ser apostólica todavía, en el sentido que tiene que vivir de acuerdo con su enseñanza contenida en las Escrituras del NT, y tiene que seguir su ejemplo de sufrir con su Señor.

Sin embargo, algunos eruditos han sostenido que la iglesia es “apostólica” solamente si tiene dirigentes (generalmente obispos) que han sido consagrados por la imposición de manos en una cadena física que se remonta hasta los apóstoles. Juan Wesley declaró lo que debe de haber sido la última palabra sobre el tema cuando dijo: “sé que la sucesión ininterrumpida es una fábula, que ningún hombre jamás ha probado ni podrá probar”. Algunos grupos no episcopales tienen dirigentes que se nombran apóstoles a sí mismos, pero también ellos dejan de reconocer que el apostolado se asocia con ser testigos originales de la resurrección.

PROFETA, PROFECÍA.

La palabra «profeta» viene del griego prophētēs, de pro («delante» o «por») y phēmi («hablar»). El profeta es así, el que habla delante, en el sentido de proclamar, o aquel que habla por, es decir, en el nombre de (Dios).

En el AT, existen tres términos para profeta: rō ʾeh, nāḇî ʾ y ḥōzeh. El primero y el último se distinguen por matices que tienen que ver con el carácter habitual o temporal de las visiones. Nāḇîʾ (aquel que testifica) está mejor adaptado para caracterizar la misión profética.

PROFETAS DE DIOS

INSPIRACIÓN PROFÉTICA.

La originalidad de la profecía bíblica deriva del fenómeno de la inspiración. En contraste con las figuras sagradas de la antigüedad pagana (cf. Frazer, en Adonis), el profeta bíblico no es un mago. Él no fuerza a Dios. Por el contrario, está bajo el control divino. Es Dios quien invita, dirige e impele, p. ej., Jeremías 20:7.

Por medio de la inspiración, Dios habla al nāḇîʾ, quien debe transmitir exactamente lo que recibe. El modo de la inspiración es verbal. La Biblia representa el mecanismo de la inspiración como el acto por el que Dios pone palabras (verba) en la boca de los escritores sagrados. Dios dijo a Moisés: «Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y podré mis palabras (verba) en su boca» (Dt. 18:18). En forma similar a Jeremías: «He aquí he puesto mis palabras en tu boca» (Jer. 1:9). El NT confirma la naturaleza verbal de la inspiración profética (cf. Gá. 1:11, 12; 1 Co. 15:1–4; 1 Ts. 2:13; 4:8).

No obstante, la inspiración no suprime la individualidad. Éste es el milagro de la zeopneustia (2 Ti. 3:16). Para comunicar sus pensamientos a los hombres, Dios usa a hombres de diferentes culturas, caracteres y status de manera que su palabra pueda ser accesible a todos los hombres. La inspiración respeta la individualidad (cf. Moisés en Ex. 3–4, Jeremías en Jer. 20:14–18, etc.).

LOS PROFETAS.

Son bien conocidos los escritos proféticos del AT. Generalmente se dividen en los cuatro mayores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel) y los doce menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías) según la extensión de sus escritos.

Hubo también muchos otros profetas. Moisés, quien escribió la ley de Dios, fue tenido como un nāḇîʾ sin igual (Dt. 34:10–12). También se levantaron voces proféticas en los días de los jueces (Jue. 2:1–5; 3:9–11; 4:4; 6:8; 1 S. 3:1). Samuel llegó a ser considerado un segundo Moisés (Jer. 15:1; Sal. 99:6), y su obra fue continuada por Gad y Natán (2 S. 12 y 24; 1 R. 1). Después de la separación de la diez tribus, Ahías (1 R. 2), Elías y Eliseo (1 R. 18–19; 2 R. 5ss.) son dignos de mención.

Después de cuatro siglos de silencio profético, Juan el Bautista es el último de los profetas del antiguo pacto y el precursor de Jesús (Mt. 19:1; . Mt. 3:7ss.; Lc. 3:16ss.; Jn. 1:23, 29). Además de Juan el Bautista, el NT se refiere también a un ministerio profético ejercitado por hombres y mujeres. Después del Pentecostés, se hace mención de Agabo (Hch. 2:28; 21:10), Judas y Silas (Hch. 15:32), y de las cuatro hijas de Felipe (Hch. 21:8–10). Podríamos citar también a Ana, la hija de Fanuel (Lc. 2:36).

DISTINCIÓN ENTRE UN FALSO Y VERDADERO PROFETA

Los falsos profetas se pueden detectar por su carácter y conducta. Un falso profeta llevará una vida pecaminosa y maligna, mientras un profeta verdadero ejemplificará su conducta y carácter de acuerdo con el carácter de Dios. Un falso profeta brindará un mal fruto, y el verdadero mostrará buenos frutos.

CARACTERÍSTICAS DE UN FALSO PROFETA

Dt. 13:1–18

Dt. 18:9–22

 

Jer. 23:28–29

 

Ez. 12:21–14:11

ð     Practicas abominables → Magia, adivinación espiritismo, hechicería.

ð     Vida inmoral → Fornicación, adulterio, lascivia, etc…

ð     Actitudes impías → Violencia, rebeldía y autoridad despreciable.

ð     Apetitos impíos → Profanidad, codicia, inmoralidad, lujuria.

ð     Acciones impías → Estafar a otros, conspirar para engañar, mentir.

CARACTERISTICAS DE UN VERDAERO PROFETA

Dt. 18:15

Jer. 28:9

Jer. 23:9–40

Zac. 2:11

ð     Practicas espirituales → Misericordia, justicia, verdad, rectitud, transparencia.

ð     Vida santa → Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, fe, mansedumbre, templanza.

ð     Su mensaje → Las palabras de su profecía tiene perfecta armonía con la Biblia.

ð     Su conocimiento → Comprende profundamente la Palabra de Dios.

ð     Su exactitud → Su mensaje ha de cumplirse 100%, no un 99%.

ð     Su fidelidad → No le quita ni le agrega nada a lo que Dios ya reveló para siempre.

ð     Su devoción → Invierte tiempo para estar en comunión con Dios a través de la oración.

ð     Su valor → Dijo las cosas como la recibió de Dios, ya sea denuncias o bendiciones.

ð     Su estilo de vida → No comercializar con la fe, para vivir holgadamente.

ð     Su meta → No competir sino entregar el mensaje Divino.

ð     Su responsabilidad → Cumplir con su llamado, sin dejarse intimidar de los enemigos.

EL MENSAJE PROFÉTICO.

Las profecías de los profetas escritores del AT pueden dividirse en tres grupos principales:

(1) Profecías concernientes al destino interno de Israel.

  • Estas declaran el juicio de Dios sobre el incrédulo y las iniquidades del pueblo, aunque prometen restauración después del período de prueba en el exilio.

(2) Profecías mesiánicas.

  • Estas señalan a la venida del Redentor de Israel y el mundo. En el libro de Miqueas (5:1) y especialmente en Isaías (52:13–53:12), estas profecías alcanzan un impresionante grado de claridad y precisión. Isaías nos entrega un asombroso resumen de la vida y obra salvadora de Cristo.

(3) Profecías escatológicas.

  • Éstas se refieren a los últimos días, cuando el reino de Dios sea establecido sobre la tierra.

Desde un punto de vista diferente podríamos adoptar la siguiente clasificación.

(1) Profecías ya cumplidas.

  • Dos ejemplos son el exilio anunciado por Oseas, Amós y Miqueas en el caso del norte de Israel (deportados a Asiria en el año 722 a. de C.) e Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Amós y Miqueas en el caso de Judá (exiliados en Babilonia en 586 a. de C.) y, por supuesto, la venida misma de Cristo.

(2) Profecías en proceso de cumplimiento.

  • Un buen punto en este apartado es la restauración del moderno estado de Israel. La profecía de Jeremías 31:31 (Is. 27:12, 13; Ez. 37:21) encuentra un milagroso cumplimiento en mayo de 1948, y la resurrección física de la nación israelita, aunque incompleta, es una nueva garantía actualizada que las otras profecías llegarán a su cumplimiento.

(3) Profecías aún no cumplidas. Podemos referirnos a cuatro.

  • La primera es la total restauración de Palestina y su recuperación por todas las otras tribus de Israel (Is. 27:12, 13; Ez. 37:11–14; Jer. 31:1–5, 31, etc.).
  • La segunda es la destrucción de los enemigos de Israel (Jer. 30:11; Is. 17:1–3; Ez. 38–39).
  • La tercera es la conversión colectiva de Israel (Ez. 37:6b, 10; Zac. 14:4s.; 12:10).
  • La cuarta es el establecimiento del reino de Dios en la tierra.

Muchas profecías describen la venida del Mesías, el Rey de Israel, y la restauración de la humanidad a la justicia, paz y felicidad bajo su reino (cf. Is. 2:4; 11:1–10; 65:19–23), la reconstitución de la naturaleza (Ez. 47:13a; 48:1–35, cf. Ro. 8:19–21), y el restablecimiento del Israel convertido en las prerrogativas de su vocación original (cf. Is. 49:6; Ro. 11:15; Jl. 2:28–32; Hab. 2:14; Is. 55:4, 5; Zac. 8:23). Antes que el reino de Dios sea establecido, la tierra será el escenario del retorno y reinado temporal del Mesías (Ap. 20:2b, 3, 4b) e Israel será instrumento de Dios (Zac. 8:13) para la conversión de las naciones

PROFETAS. DÓNDE ENCONTRARLOS EN LA BIBLIA.

Falso profeta, Deuteronomio 13.1–5.
El falso profeta, Deuteronomio 18.21–22.
Profetas anónimos, 1 Samuel 2.27; 1 Reyes 13.11; Hechos 11.27; 13.1; 1 Corintios 12.28; 14.29.
Exactitud de profeta, 1 Samuel 9.6.
Se convierte en profeta, 1 Samuel 10.11.
Asesinato de profetas, 1 Reyes 18.4; Mateo 23.37.
Profetas confiables, 2 Crónicas 20.20.
Rechazan profetas, 2 Crónicas 36.15–16.
No más profetas, Salmo 74.9.
No herir a los profetas, Salmo 105.15.
Profeta profesional, Isaías 3.2.
Plan prenatal para profeta, Jeremías 1.4–5.
Falsas profecías, Jeremías 5.31; 6.13.
Profetas no enviados por Dios, Jeremías 14.11–16.
Profeta maligno, Jeremías 20.1–2.
Falsa profecía de Hananías, Jeremías 28.1–17.
Castigo a los falsos profetas, Jeremías 23.10–14.
Profetas de Baal, Jeremías 23.13.
No escuchar a los falsos profetas, Jeremías 23.16–18.
Profetas de la mentira, Jeremías 27.14–15; Ezequiel 22.28.
Profeta:448 Ovejas descarriadas por falsos profetas, Jeremías 50.6; Miqueas 3.5–7.
Profetizan de su propio corazón, Ezequiel 13.2–16.
Fuentes de información, Amós 3.7.
Profetas engañadores, Miqueas 3.5.
Profetas prevaricadores, Sofonías 3.4.
Profeta sin honra, Mateo 13.57.
Breve matrimonio de profetisa, Lucas 2.36–37.

APÓSTOLES Y PROFETAS

¿Estás Dormido?

Yo sé, por triste experiencia, lo que es estar apaciblemente dormido con una paz falsa; por mucho tiempo yo estuve apaciblemente dormido y por mucho tiempo pensé que era cristiano; sin embargo, no sabía nada del Señor Jesucristo.

George Whitefield

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