LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS [Rv60]

LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS
Tabla de contenidos

¿Cuáles son los evangelios sinópticos?

Los Evangelios sinópticos comprenden los libros bíblicos de Mateo, Marcos y Lucas. Se distinguen del libro de Juan en contenido, orden y narración. El estudio de su interrelación literaria—el problema sinóptico—juega un papel importante para los eruditos del Nuevo Testamento.

Los Evangelios

Los cuatro Evangelios canónicos—Mateo, Marcos, Lucas y Juan—cuentan sobre las “buenas nuevas” del Mesías: Jesús. El término “evangelio” es traducido del griego euangelion (“buenas nuevas”). Su uso como título para las obras del Nuevo Testamento de Mateo, Marcos, Lucas y Juan deriva de evidencias manuscritas antiguas que los caracterizaban como “el Evangelio según Mateo”, “el Evangelio según Marcos”, y así mismo con los demás.

El término en sí es utilizado en Mar 1:1, “Principio del evangelio de Jesucristo”, pero ya era corriente en el cristianismo antiguo antes de que se escribieran los Evangelios (Por ej., Pablo a menudo habla acerca del “evangelio” como las buenas noticias acerca de Jesús que está en el centro de su predicación). “Buenas noticias” tiene un precedente judío y greco-romano en la profecía de Isaías, “Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” (Isa 52:7), y en los anuncios imperiales de Cesar.

El término provee un recordatorio de que estos libros son una clase de propaganda cristiana antigua. Están diseñadas para persuadir al lector que Jesús es el Cristo (Mesías, “el ungido”) y para animar a la fe en él (comparar Juan 20:30–31). Mientras los Evangelios canónicos tienen ciertas similitudes genéricas con otras bioi (“vidas”) greco romanas antiguas de figuras centrales, el término fue adoptado en el siglo segundo para describir una variedad de obras acerca de Jesús, que incluían el Evangelio de Tomás.

Los Evangelios sinópticos

De los cuatro Evangelios canónicos, tres de ellos—Mateo, Marcos y Lucas—son llamados “sinópticos” porque se pueden analizar juntos (syn, “con”;-optic, “ver”) en una sinopsis, o en un libro que ordena los Evangelios sinópticos en columnas paralelas. Este pasaje, el llamado de Leví (o Mateo), nos provee un ejemplo:

Mat 9:9   Mar 2:14   Luc 5:27  
Y pasando de allí, Jesús vio a un hombre   Y al pasar vio   Y vio a un publicano llamado Leví  
sentado al banco de los tributos públicos, llamado Mateo,   Leví hijo de Alfeo sentado al banco de los tributos,   al banco de los tributos,  
     
y le dijo, sígueme. Y levantándose, le siguió   y le dijo, sígueme. Y Levantándose, le siguió   y le dijo, sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.  
         

Es común el acuerdo cercano que hay en la forma de redactar en los Evangelios Sinópticos, y abarca diferentes clases de materiales. El siguiente ejemplo es tomado del pasaje donde el Señor calma la tormenta:

Mat 8:25–26   Mar 4:38–39   Luc 8:24–25  
Y vinieron sus discípulos,   y   Y vinieron a él  
le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!   le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?   diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos!  
Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.   Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?   Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza. Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe?  

Junto con las similitudes en la redacción, los Evangelios sinópticos con frecuencia tienen un orden paralelo de eventos y dichos, ilustrados aquí en una secuencia que cubre numerosos pasajes:

Mat 16:13–20   Mar 8:27–30   Luc 9:18–21    La confesión de Pedro  
Mat 16:21–23   Mar 8:31–33   Luc 9:22   El anuncio de su muerte  
Mat 16:24–28   Mar 8:34–9:1   Luc 9:23–27   Sobre el discipulado  
Mat 17:1–8   Mar 9:2–8   Luc 9:28–36   La transfiguración  
Mat 17:9–13   Mar 9:9–13       La venida de Elías  
Mat 17:14–20   Mar 9:14–29   Luc 9:37–43a   Jesús sana a un muchacho lunático  
Mat 17:22–23   Mar 9:30–32   Luc 9:43b-45   Jesús anuncia otra vez su muerte  
Mat 17:24–27           Pago del impuesto del templo  
Mat 18:1–5   Mar 9:33–37   Luc 9:46–48   ¿Quién es el mayor?  
    Mar 9:38–41   Luc 9:49–50   El que no es contra nosotros, por nosotros es  
Mat 18:6–9   Mar 9:42–48       Ocasiones de caer  

Este orden y redacción paralelos se encuentra en un contraste pronunciado con Juan. Donde Juan concuerda con los Sinópticos (ej., Juan 6:1–15, La alimentación de los 5.000) la redacción es generalmente diferente, con solamente similitudes menores con respecto al orden (ej., Juan 6:16–21, Jesús camina sobre el agua, luego de la alimentación de los 5.000, como en Mat 14:22–33; Mar 6:45–52). Además, Juan presenta materiales que no tienen paralelos en los Sinópticos—incluyendo discursos extensos en Jerusalén—y el Evangelio carece de muchos pasajes centrales que están en los Evangelios sinópticos como el bautismo, la transfiguración, la Última Cena, y Getsemaní, sin mencionar las parábolas y la mayoría de los milagros.

El problema sinóptico

La conexión cercana en lo referente a contenido, redacción y orden entre Mateo, Marcos y Lucas sugiere que hay alguna clase de relación literaria entre ellos. Las similitudes en la redacción y el orden son simplemente demasiado significativas como para que estos documentos sean independientes los unos de los otros. Estos, después de todo, son acuerdos que a veces son prácticamente literales en párrafos enteros:

Mat 3:7–10   Luc 3:7–9  
¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.   ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.  

Además, las concordancias se encuentran en materiales narrativos, así como en dichos y en las palabras de Jesús, de Juan el Bautista y de otros. A veces los evangelistas comparten incluso rarezas gramaticales (ej., Mat 9:6; Mar 2:10; Luc 5:24) y comentarios del narrador (ej., Mat 24:15; Mar 13:14).

Está claro a partir de los datos que al menos dos de los evangelistas sinópticos han estado involucrado en alguna clase de copiado. El problema sinóptico es el nombre que se le da a la tarea de intentar descubrir quién ha copiado a quién. El problema sinóptico podría definirse como el estudio de las similitudes y las diferencias de los Evangelios sinópticos en un intento de explicar su relación literaria. Este estudio es fundamental para la obra crítica e histórica sobre los Evangelios, y tiene relevancia para entender los Evangelios, la tradición cristiana antigua y al Jesús histórico.

Los datos de los sinópticos

La mayoría del material en los Evangelios sinópticos corresponden a una de cuatro categorías: tradición triple, tradición doble, especial de Mateo y especial de Lucas. La mayoría del Evangelio de Marcos está compuesto por la tradición triple—material común a los tres sinópticos—e incluye La parábola del sembrador (Mar 4:1–9 y los paralelos), La alimentación de los 5.000 (Mar 6:30–44 y los paralelos), y gran parte de la Narración de la pasión (Mar 14–15); es más rica en material narrativo que en dichos.

La tradición doble está compuesta de materiales que son comunes a Mateo y Lucas pero no se encuentran en Marcos. Es más rica en dichos que en narrativas, un ejemplo sería La oración del Señor (Mat 6:9–13; Luc 11:2–4) y Las bienaventuranzas (Mat 5:3–10; Luc 6:20–23).

El especial de Mateo—o “M”—es material exclusivo de Mateo. Los ejemplos incluyen La parábola de Las diez vírgenes y Las ovejas y los cabritos (ambos en Mat 25). Aunque es rico en dichos, hay algunas narrativas M, incluyendo Pago del impuesto del templo (Mat 17:24–27).

El especial de Lucas—o “L”—es un material que solamente se encuentra en Lucas. Los ejemplos incluyen La parábola del buen samaritano (Luc 10:25–37) y El hijo pródigo (Luc 15:11–32). El especial de Lucas es rico en parábolas y en narrativas acerca de Jesús, y lo marca a Lucas como el gran contador de historias del Nuevo Testamento.

En contraste con Mateo y Lucas, Marcos tiene muy poco material especial. Casi todo en su Evangelio también se encuentra en Mateo, en Lucas o en ambos (las excepciones incluyen Mar 4:26–29, Parábola del crecimiento de la semilla; Mar 14:51–52, El joven que huyó). Esto es sintomático de la posición de Marcos como el “término medio” entre los Evangelios sinópticos.

La condición de Marcos como el “término medio” es una de las observaciones centrales acerca de los datos de los sinópticos. Hablar acerca de Marcos como el “término medio” significa que, en el material de la tradición triple, ocurren concordancias substanciales en lo referente a narración y orden entre Mateo, Marcos y Lucas y entre Marcos y Lucas y entre Marcos y Mateo. Hay solamente concordancias menores entre Mateo y Lucas comparados con las concordancias que tienen con Marcos. En otras palabras, en un pasaje dado donde los tres sinópticos están presentes, Marcos es el común denominador.

La prioridad de Marcos

Hay dos teorías importantes en los estudios actuales del Nuevo Testamento que explican como Marcos vino a ser el término medio. El punto de vista más popular—Prioridad literaria de Marcos—manifiesta que tanto Mateo como Lucas conocían y utilizaron a Marcos. La prioridad de Marcos significa que tanto Mateo como Lucas hicieron de Marcos la base estructural de sus Evangelios, tomando prestado muchos de sus arreglos de material y frecuentemente copiando sus palabras. Esta es la razón por la que a veces Mateo concuerda con Marcos, a veces Lucas concuerda con Marcos y a veces los tres concuerdan.

Un segundo punto de vista menos popular estipula que Marcos es el tercer Evangelio y que es quien recurre a Mateo y Lucas. Según esta perspectiva—la hipótesis de Griesbach o “La hipótesis de los dos Evangelios”—Marcos es el término medio por la manera en que combina sus dos Evangelios de referencia, a veces copiando de uno, a veces del otro y a veces de ambos. Esta teoría postula además que Mateo fue el primer Evangelio y que Lucas copió de Mateo. La teoría recibe el nombre del primero que la postuló, J. J. Griesbach, que fue el primero en introducir la sinopsis de los Evangelios en 1776. Fue reactivada en 1964 por William Farmer y aún tiene defensores en la actualidad.

La prioridad de Marcos se considera generalmente como la teoría más fuerte porque es más fácil darles sentido a las diferencias entre los sinópticos asumiendo que Marcos escribió primero. El escaso material que se encuentra solamente en Marcos—como El ciego de Betsaida en Mar 8:22–26 o El joven que huyó Mar 14:51–2—tiene más sentido como material que fue omitido tanto por Mateo como por Lucas que como material especialmente añadido por Marcos, particularmente porque Marcos carece de mucho material atractivo que se encuentra en Mateo y Lucas (como Las bienaventuranzas y La oración del Señor).

En la tradición triple se perciben signos pequeños de fatiga editorial. Estos son los lugares donde Mateo o Lucas parecen hacer ajustes menores al principio de un pasaje y luego se deslizan al estilo de redacción de Marcos a medida que el pasaje de desarrolla. Mateo corrige el “rey” Herodes de Marcos con “Herodes el Tetrarca” aunque vuelve a llamarlo “rey” en la mitad de la historia de La muerte de Juan el Bautista (Mar 6:14–29; Mat 14:1–12). Así mismo, Lucas reubica la alimentación de los 5.000 en “una ciudad llamada Betsaida” a pesar de que vuelve a la forma de redacción de la versión de Marcos que habla acerca de un “lugar desierto” (Mar 6:32–44; Luc 9:10–17).

La teoría “Q”

Si la prioridad de Marcos provee una buena explicación para el material de la tradición triple, el material de la tradición doble—concordancia entre Mateo y Lucas que no se encuentra en Marcos—requiere explicación. La teoría de las dos fuentes propone que Mateo y Lucas trabajaron en forma independiente, lo que requiere la postulación de otra fuente, ahora perdida, por conveniencia llamada “Q”. Se cree que Q es una fuente antigua, de aproximadamente mediados del siglo primero, y presenta material con muchos dichos. Se mantiene como una teoría muy popular, pero la ausencia de cualquier evidencia manuscrita o certificación antigua para el texto significa que siempre ha sido cuestionada.

El rival principal de la teoría de las dos fuentes es la teoría de Farrer, que también apoya la prioridad de Marcos, pero que propone que Lucas también tuvo acceso a Mateo, dejando así sin efecto la necesidad de Q. Por lo tanto, el material de la tradición doble está compuesto por esas partes del material de Mateo que no se encuentra en Marcos y que fueron copiadas por Lucas. Los que concuerdan con esta teoría sugieren que la familiaridad de Lucas con Mateo se puede observar en el material de la tradición triple, donde hay acuerdos mayores y muchos acuerdos menores entre Lucas y Mateo que no hay con Marcos, que son difíciles de explicar si Lucas escribió sin tener conocimiento de Mateo.

Autores y fechas

Aunque los manuscritos de los Evangelios presentan títulos como “Según Mateo”, “Según Lucas”, y así sucesivamente, los Evangelios parecen ser anónimos, por ejemplo, en ningún punto del texto se puede observar demanda de autoría y no se trata de narración en primera persona. Este es un contraste importante con los evangelios posteriores, que generalmente tienen supuestas autorías apostólicas. El Evangelio de Tomás, por ejemplo, comienza diciendo “estos son los dichos secretos que Jesús habló en vida y que Tomás Judas el Dídimo escribió”.

Es probable que los Evangelios originalmente hayan circulado en forma anónima, aunque pudo haber tradiciones acerca de sus autores desde muy temprano. Por ejemplo, no ocurre variación en los nombres adjuntados a los Evangelios en los manuscritos—Mateo es siempre Mateo, Marcos es siempre Marcos y así sucesivamente.

De los Sinópticos, solamente Lucas utiliza el estilo de narración de primera persona, y solo lo hace en el prefacio del Evangelio (Luc 1:1–4). Por lo tanto, se desconoce quién escribió los Evangelios sinópticos. Justino Mártir (mediados del segundo siglo) se refiere a ellos como las “memorias de los apóstoles” y Papías (principio del siglo segundo) se refiere al evangelio de Marcos como el resultado de la prédica de Pedro; también se refiere brevemente a Mateo. Tradiciones posteriores que asocian a los Evangelios con los apóstoles no se consideran confiables.

El rango de fecha que comúnmente se le da a los Evangelios es: Marcos 65–70 d.C., Mateo 80–90 d.C., y Lucas 90–100 d.C. Sin embargo, estas fechas no son mucho más que aproximaciones. La fecha pivote principal es el año 70 d.C. debido a la posibilidad que el conocimiento de acontecimientos de este tiempo esté reflejado en los Evangelios. La guerra judía del 66–70 d.C., que resultó en la derrota de los judíos y en la destrucción del templo, fue profundamente traumática. Si los Evangelios fueron escritos después de estos eventos, probablemente estos hubieran tenido un impacto en los textos.

Marcos regularmente se refiere al templo y a las profecías sobre su destrucción (ej., Mar 13:1–2; 15:29–30), lo cual puede indicar para Marcos un escenario pre-70 d.C. Se cree que es altamente probable que Mateo y Lucas sean posteriores al 70 d.C.; ciertos detalles en sus textos le dan sentido a la suposición que están escribiendo después de estos eventos traumáticos

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