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COMPARTIENDO LA VERDAD · ARTÍCULO

¿Son pocos los que se salvan? La respuesta de Jesús

¿SON POCOS LOS QUE SE SALVAN?
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¿Son pocos los que se salvan? Alguien formuló esta pregunta directamente a Jesús, pero el Señor no respondió proporcionando una cifra ni un porcentaje. En lugar de satisfacer la curiosidad de quien preguntaba, dirigió la atención hacia una cuestión personal y urgente: «Esforzaos a entrar por la puerta angosta». La enseñanza principal de Lucas 13:23–30 no es que calculemos cuántas personas serán salvas, sino que no demos por sentada nuestra propia entrada en el reino de Dios.

La Biblia contiene advertencias solemnes acerca del juicio y del camino ancho que conduce a la perdición. Al mismo tiempo, promete que una multitud incontable, procedente de todas las naciones, estará delante del trono y del Cordero. Debemos mantener unidas ambas verdades sin afirmar más de lo que Dios ha revelado.

La pregunta: «¿Son pocos los que se salvan?»

La pregunta aparece mientras Jesús viaja hacia Jerusalén enseñando por ciudades y aldeas. Lucas presenta así el diálogo:

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta.

Lucas 13:23–24, RVR60

No conocemos la identidad ni la motivación de quien preguntó. Es posible que estuviera preocupado por el reducido número de personas que seguían verdaderamente a Jesús. También pudo haber formulado una pregunta teológica discutida entre los maestros de su tiempo.

Lo importante es que Jesús cambia el enfoque. La pregunta estaba formulada en tercera persona: «¿Son pocos?». La respuesta se dirige a quienes lo escuchan: «Esforzaos vosotros a entrar».

Jesús no permite que una cuestión acerca del destino de otras personas sustituya la necesidad del arrepentimiento y la fe. La pregunta correcta no es solamente cuántos serán salvos, sino si hemos entrado nosotros por la puerta que Dios ha establecido.

¿Qué significa entrar por la puerta angosta?

La imagen de la puerta angosta expresa que la entrada en el reino no se produce de cualquier manera. No existen muchos caminos igualmente válidos hacia Dios. La salvación se recibe únicamente por medio de Jesucristo.

Jesús declara en Juan 10:9: «Yo soy la puerta». También afirma en Juan 14:6 que nadie viene al Padre sino por él.

Entrar por la puerta angosta implica abandonar toda esperanza de reconciliarnos con Dios mediante nuestros méritos, religión, moralidad o pertenencia externa a una iglesia. El pecador debe venir a Cristo con arrepentimiento y fe, reconociendo que solo su muerte y resurrección pueden salvarlo.

La puerta es angosta no porque la gracia de Dios sea insuficiente, sino porque excluye el orgullo humano y cualquier alternativa inventada por nosotros. Para conocer más sobre esta verdad puedes leer el único camino para la salvación.

¿Enseña Jesús que podemos ganar la salvación?

La palabra traducida como «esforzaos» procede del verbo griego agōnizomai, relacionado con luchar o contender intensamente. De él procede nuestra palabra «agonizar». Jesús transmite urgencia y seriedad, no salvación por méritos.

La Escritura enseña claramente que somos salvos por gracia mediante la fe, no por nuestras obras:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

Efesios 2:8, RVR60

Por tanto, «esforzaos» no significa acumular suficientes buenas obras para merecer el cielo. Significa responder seriamente al llamamiento de Dios, abandonar la indiferencia, arrepentirse y acudir a Cristo mientras la puerta permanece abierta.

La gracia no convierte la respuesta humana en innecesaria. Dios manda a todos que se arrepientan, según Hechos 17:30–31. Quien escucha el evangelio no debe aplazar indefinidamente su respuesta.

Llegará un momento en que la puerta será cerrada

La advertencia de Jesús continúa diciendo que muchos procurarán entrar y no podrán. Los versículos siguientes explican por qué: llegará el momento en que el dueño de la casa se levantará y cerrará la puerta.

La dificultad no consiste en que un pecador arrepentido acuda sinceramente a Cristo y sea rechazado. Jesús promete que no echará fuera a quien venga a él, según Juan 6:37.

El problema es que muchas personas querrán entrar cuando ya sea demasiado tarde. Durante su vida rechazaron el llamamiento de Dios, pero ante el juicio desearán evitar sus consecuencias.

Esta advertencia aparece también en la parábola de las diez vírgenes de Mateo 25:1–13. Cuando llegó el esposo, las que estaban preparadas entraron con él y la puerta fue cerrada.

La salvación no debe posponerse como si siempre pudiéramos disponer de otra oportunidad. La Escritura dice: «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones», según Hebreos 3:15.

¿Por qué algunos dirán que conocieron a Jesús?

En Lucas 13:26, quienes quedaron fuera afirman que comieron y bebieron delante de Jesús y que él enseñó en sus plazas. Habían estado cerca de su ministerio, pero esa proximidad externa no significaba que fueran verdaderos discípulos.

Es posible conocer información acerca de Jesús, escuchar predicaciones, participar en actividades cristianas e incluso pertenecer visiblemente a una iglesia sin haber confiado realmente en Cristo.

Jesús presenta una advertencia semejante en Mateo 7:21–23. No todo el que lo llama «Señor» entrará en el reino de los cielos. Algunos apelarán incluso a sus actividades religiosas, pero Cristo declarará que nunca los conoció.

La salvación no depende de una relación cultural, familiar o meramente externa con el cristianismo. Tampoco descansa en haber pronunciado ciertas palabras sin arrepentimiento ni fe verdadera. Ser conocido por Cristo implica pertenecerle y haber recibido la vida que él concede.

Los últimos serán primeros

Jesús advierte que algunas personas que se consideraban naturalmente herederas del reino quedarán fuera, mientras que otras vendrán del oriente, del occidente, del norte y del sur para sentarse a la mesa en el reino de Dios.

La salvación se extendería más allá de Israel y alcanzaría a personas de todas las naciones. Nadie entra en el reino por su origen étnico, tradición familiar o posición religiosa. Judíos y gentiles necesitan la misma gracia y son reconciliados con Dios mediante el mismo Salvador.

Jesús concluye esta sección declarando que algunos últimos serán primeros y algunos primeros serán últimos. El reino de Dios invierte las expectativas humanas. Personas despreciadas o consideradas alejadas pueden recibir el evangelio, mientras que otras rodeadas de privilegios espirituales pueden rechazarlo.

Pablo explica en Romanos 9:30–33 que gentiles que no buscaban la justicia la alcanzaron por la fe, mientras que parte de Israel tropezó al procurar establecerla mediante las obras de la ley.

¿Enseñó Jesús que pocos encuentran el camino?

En el Sermón del Monte, Jesús presenta dos puertas y dos caminos:

Estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Mateo 7:14, RVR60

La advertencia es inequívoca: el camino ancho resulta atractivo, recibe a muchos y conduce a la perdición. El camino de la vida no es el camino natural de la humanidad caída.

Sin embargo, este texto no nos proporciona el número final de personas salvadas a lo largo de toda la historia. Describe la seriedad de la decisión y la diferencia entre seguir la corriente del mundo y entrar por la puerta establecida por Dios.

No debemos vaciar la advertencia diciendo que finalmente todos serán salvos. La Biblia no enseña el universalismo. Pero tampoco debemos convertir una imagen exhortativa en un cálculo exacto sobre la proporción definitiva entre salvos y perdidos.

«Muchos son llamados y pocos escogidos»

Jesús pronuncia estas palabras al final de la parábola de la fiesta de bodas en Mateo 22:1–14. Muchos reciben la invitación, pero algunos la rechazan y otro pretende permanecer en la fiesta sin el vestido apropiado.

La parábola advierte que escuchar la invitación externa del evangelio no equivale automáticamente a participar de la salvación. La pertenencia visible al pueblo de Dios tampoco garantiza una relación verdadera con él.

Estas palabras afirman la realidad de la elección divina, pero la finalidad inmediata de la parábola es advertir a quienes desprecian la invitación o pretenden entrar bajo sus propias condiciones.

La doctrina de la elección nunca debe emplearse para justificar la incredulidad ni para impedir que una persona acuda a Cristo. El evangelio se proclama sinceramente a todos, y todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, según Romanos 10:13.

La gracia de Dios y la responsabilidad humana

La Biblia atribuye enteramente la salvación a la gracia de Dios. Ninguna persona puede presentarse ante él reclamando que fue más inteligente, más digna o moralmente superior a quienes se perdieron.

Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, según Romanos 3:22–24. Si alguien es salvo, lo es por la misericordia de Dios, la obra de Cristo y la acción del Espíritu Santo.

Al mismo tiempo, quien rechaza a Cristo es responsable de su incredulidad. Jesús lamentó sobre Jerusalén porque sus habitantes no quisieron venir bajo su protección, según Mateo 23:37.

La elección divina y la responsabilidad humana aparecen juntas en la Escritura. No debemos negar una para proteger la otra. Dios salva soberanamente, y el pecador que rechaza su Palabra lo hace voluntariamente y es justamente responsable.

¿Desea Dios que las personas se salven?

La Biblia presenta a Dios llamando sinceramente a los pecadores al arrepentimiento. En Ezequiel 33:11, Dios declara que no se complace en la muerte del impío, sino en que abandone su camino y viva.

Primera de Timoteo 2:3–6 habla de Dios como Salvador y afirma que hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Segunda de Pedro 3:9 destaca su paciencia y su llamamiento al arrepentimiento.

Estos textos permiten proclamar el evangelio sin reservas. No conocemos la identidad de los escogidos ni debemos intentar descubrirla antes de predicar. Cristo manda anunciar el evangelio a toda criatura y llamar a todas las personas al arrepentimiento y la fe.

Una multitud que nadie podía contar

Aunque Jesús pronuncia advertencias acerca del camino ancho, la Biblia no presenta el resultado de la redención como un fracaso insignificante.

Apocalipsis muestra una gran multitud procedente de todas las naciones:

Una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas.

Apocalipsis 7:9, RVR60

Dios prometió a Abraham una descendencia tan numerosa como las estrellas y que en él serían benditas todas las familias de la tierra, según Génesis 12:1–3 y Génesis 15:5–6.

Jesús dice que muchos vendrán del oriente y del occidente para sentarse con Abraham, Isaac y Jacob en el reino, según Mateo 8:11.

Por tanto, podemos afirmar que los redimidos serán una multitud inmensa. Lo que no podemos determinar con certeza es qué porcentaje representarán respecto a todos los seres humanos que hayan vivido.

¿Podemos saber cuántos se salvarán?

La Biblia no proporciona una cifra ni un porcentaje final. Contiene imágenes de pocos que encuentran el camino y también promesas de una multitud incontable.

Estas enseñanzas cumplen finalidades complementarias:

  • Las advertencias impiden la presunción y llaman al arrepentimiento.
  • Las promesas muestran la eficacia de la redención de Cristo.
  • La elección atribuye toda la gloria de la salvación a Dios.
  • El llamamiento universal fundamenta la proclamación del evangelio.
  • La responsabilidad humana explica la justicia del juicio.

Debemos resistir dos extremos. El primero es afirmar que casi nadie será salvo, como si la obra de Cristo produjera un resultado insignificante. El segundo es enseñar que finalmente todos serán salvos, ignorando las advertencias claras de Jesús acerca del juicio eterno.

La respuesta más fiel consiste en reconocer que los redimidos serán una multitud incontable, pero que la Escritura no revela la proporción final entre salvos y perdidos.

¿Cómo puedo saber si soy salvo?

La seguridad de la salvación no procede de calcular si pertenecemos a un grupo mayoritario o minoritario. Descansa en Jesucristo y en las promesas del evangelio.

La pregunta fundamental es si hemos reconocido nuestro pecado, abandonado toda confianza en nuestros méritos y acudido a Cristo. El evangelio promete perdón y vida eterna a quien cree en el Hijo.

Una fe verdadera no permanece sola. Produce arrepentimiento, amor a Cristo, obediencia y perseverancia. Estas obras no compran la salvación, pero constituyen evidencias de la vida nueva concedida por Dios.

Pedro exhorta a los creyentes a procurar hacer firme su vocación y elección, según 2 Pedro 1:5–11. Juan escribió su primera carta para que quienes creen en el nombre del Hijo de Dios sepan que tienen vida eterna, según 1 Juan 5:11–13.

Preguntas sobre cuántos serán salvos

¿Jesús dijo que solamente se salvarán unos pocos?

Jesús dijo que pocos encuentran el camino angosto y advirtió que muchos quedarán fuera. Sin embargo, cuando le preguntaron directamente si eran pocos los que se salvaban, no proporcionó una cifra. Exhortó a sus oyentes a entrar por la puerta angosta.

¿Enseña la Biblia que todos serán salvos?

No. Jesús habló del juicio, de la puerta cerrada y de personas que quedarían fuera del reino. La Biblia promete una multitud inmensa de redimidos, pero no enseña que todos los seres humanos serán finalmente salvos.

¿La gran multitud de Apocalipsis contradice la puerta estrecha?

No. La puerta estrecha muestra que solo se entra en el reino por el camino establecido por Dios. Apocalipsis muestra que la obra de Cristo salvará a una multitud de todas las naciones. La puerta es única y estrecha, pero quienes entran por ella forman una multitud incontable.

¿La salvación depende de la elección de Dios?

Sí. La salvación comienza en la gracia y el propósito soberano de Dios. Al mismo tiempo, el evangelio llama sinceramente a todas las personas a arrepentirse y creer. Quien acude a Cristo no será rechazado.

¿Qué debo hacer para ser salvo?

Debes arrepentirte de tus pecados y creer en el Señor Jesucristo. No confíes en tus obras, religión o bondad personal. Confía en Cristo, quien murió por los pecadores y resucitó.

La pregunta que debemos responder

Jesús no respondió a la pregunta «¿son pocos los que se salvan?» con una estadística. La convirtió en un llamamiento personal: «Esforzaos a entrar por la puerta angosta».

La puerta permanece abierta y Cristo promete recibir a quien viene a él. Pero no permanecerá abierta indefinidamente. Llegará el juicio y la proximidad externa al cristianismo no podrá sustituir una relación verdadera con el Salvador.

No necesitamos saber el número final de los redimidos para responder al evangelio. Necesitamos reconocer nuestro pecado, abandonar toda confianza propia y entrar por la única puerta: Jesucristo.

Referencias bíblicas principales

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