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Errores de Interpretación De la Ley

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Por siglos, la gente ha discutido y debatido acerca de la ley que recibieron los israelitas por medio de Moisés. Aunque su significado parezca muy claro y sin complicaciones para las personas comunes y corrientes, los líderes religiosos hebreos la escudriñaban día y noche para buscar significados secretos y ocultos con el objeto de debatir entre ellos. Los estudiosos de la ley de Dios la escudriñaban igual que un abogado secular escudriña la ley civil. Pensaban que era algo que ellos podían interpretar y aplicar a su antojo, en vez de ser para ellos una palabra que simplemente se debe obedecer. La consideraban complicada y le añadieron “enmiendas” para “simplificarla” y explicarla a la gente común. En ese intento, la distorsionaron y la torcieron al punto de que ésta llegó a ser irreconocible para su mismo autor y se constituyó en una piedra de tropiezo que impedía encontrar la salvación a quienes deseaban cumplirla.

De igual manera, los cristianos del primer siglo se enfrentaron a opiniones contradictorias y a críticas por enseñar que Jesús había venido a librarlos de las demandas de la ley. Sus contendientes caían en tres categorías básicas y aún hoy los cristianos continúan enfrentando los mismos errores de interpretación cuando tratan de decidir qué hacer con la ley veterotestamentaria.

Galacianismo

se refiere al propósito por el cual se escribió la epístola a los Gálatas, donde Pablo trató de corregir la falsa doctrina. Este error mezcla la ley y la gracia enseñando que la gracia es para la salvación, pero la ley rige el diario vivir. Es hacer buenas obras para alcanzar la perfección o ser santos para mantener lo que Cristo hizo posible por su muerte y resurrección. Esta enseñanza produce una iglesia local llena de estrés que ve a Dios como un padre criticón de quien debe ganarse el amor y la aceptación. “Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3:2–3)

Ceremonialismo

es la doctrina que enseña que ciertas ordenanzas como la confesión, el bautismo y otros sacramentos son esenciales para recibir la salvación y atraer el favor de Dios. Aquí se mezclan los rituales y la gracia, enseñando que no es suficiente la gracia por sí sola, sino que debe ir acompañada de algo más. Eso produce una iglesia llena de presión que busca hacer suficientes buenas obras para ganarse y retener la aprobación de Dios. “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos”. (Hechos 15:1)

Antinomianismo

proviene de los vocablos griegos anti, que significa “contra” y nomos que significa “ley,” es decir, “contra la ley”. Esta doctrina enseña que bajo el evangelio de la gracia, quedamos libres de cualquier ley o estándar moral. Únicamente la fe es necesaria para la salvación. Por tanto, se rechaza cualquier regla de vida para agradar a Dios. Esto produce una iglesia local llena de anarquía que confunde la libertad en Cristo con libertinaje y retiene a sus miembros en la esclavitud de sus deseos pecaminosos y carnales y en constante conflicto con la palabra de Dios. “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”. (Judas 4)

PREGUNTA: “¿Existe una ley para los cristianos?”

RESPUESTA: La Biblia dice que…

bajo el Nuevo Pacto, Dios colocó su ley en la mente y corazones de cada creyente. Además, todos tienen la ley interna que no es la ley de Moisés, sino la ley personal del Señor en cada uno de nosotros. Según Romanos 2:14–15: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”.

Cristo habita dentro de cada verdadero cristiano y naturalmente poseemos su voluntad y poder sobrenaturales para obedecerle.

“Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”. (Hebreos 10:16)

—Él nos impulsa a querer y hacer su voluntad.

“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. (Filipenses 2:13)

—Él nos da poder para hacer aquello a lo cual nos ha llamado.

“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Tesalonicenses 5:24).

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