EL DAR Y LOS 3 DIEZMOS

EL DAR

Tabla de contenidos

Dádiva personal, Dar. (el antiguo testamento) Traer un regalo o una ofrenda a Dios es una práctica tan antigua como la historia del hombre mismo. Génesis 4 relata el primero de estos incidentes. Esta ofrenda fue hecha por los hijos de Adán y Eva.

La ofrenda de Caín y Abel.

Génesis no dice que Dios haya ordenado a estos señores que le trajeran un sacrificio u ofrenda; pero Hebreos 11:4 implica esto, cuando dice: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín”. La frase “por fe” significa, aparentemente, que Dios se lo reveló.

Caín, siendo agricultor, trajo frutos de la tierra como su ofrenda. Abel trajo de los primogénitos de su rebaño, pues era pastor. Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín. El porqué fue rechazada la ofrenda de Caín, no se sabe con seguridad. Por evidencias, podemos deducir que:

(1) fue el tipo erróneo de sacrificio. Al parecer, Dios deseaba un sacrificio de sangre.

(2) fue un regalo sin generosidad.

Esto fue lo que causó problemas entre los dos hermanos y esto guió a Caín a matar a Abel. Sin embargo, vemos, por este incidente, la práctica antigua de traer ofrendas o dádivas a Dios en adoración a él.

Noé.

Cuando Noé salió del arca, después del diluvio, la primera cosa que hizo fue construir un altar a Jehová y tomó de todo animal y de toda ave limpios y los ofreció a Dios como su ofrenda de acción de gracias y adoración por su rescate. Dios se agradó de esta ofrenda y prometió nunca castigar a la Tierra con diluvio.

Abraham.

Para el tiempo de Abraham encontramos algo nuevo, en cuanto al dar. Abraham ofrecía todavía sacrificio animal a Dios y además dio sus diezmos. En Génesis 14:18–20 se narra que Abraham había rescatado a Lot después de haber sido capturado por los cuatro reyes. En el rescate, Abraham recogió un botín considerable; y cuando regresaba se encontró con Melquisedec, rey de Salem, que era un sacerdote del Dios altísimo, quien bendijo a Abraham y éste, en cambio, le dio el diezmo de todos sus bienes. Otra vez, no se dice que Dios haya mandado que Abraham hiciese eso, pero en vista de la práctica de los descendientes de Abraham, razonable es concluir que Dios inspiró en la mente de Abraham la enseñanza del diezmo.

Jacob.

El nieto de Abraham, Jacob, también fue un diezmador. Cuando salió de su casa, camino a la de su tío Labán, pasó la noche en Betel. Allí soñó una escalera que iba de la Tierra hasta el cielo, y por la mañana hizo un convenio con Dios: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20–22). Tal parece que Dios no se ofendió con la proposición de Jacob, más bien se agradó; pues, le bendijo material y espiritualmente toda su vida. Y tal parece que Jacob vivió también de acuerdo con su voto.

Estos son ejemplos del dar personal en la era patriarcal. Al llegar el período mosaico, veremos que los requisitos de Dios para dar son mucho más detallados y obligatorios.

El dar bajo la ley mosaica.

Cuando Dios dio la ley a Moisés, en el monte Sinaí, hizo del diezmo el principio del dar de los hijos de Israel. Dios no sólo instituyó un diezmo, sino, al parecer, dos, y hasta tres diezmos.

El primer diezmo ordenado.

En Levítico 27, Moisés proclama la ley del diezmo: “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová. No mirará si es bueno o malo, no lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados” (Levítico 27:30–33).

Notemos estas tres instrucciones en cuanto al diezmo:

(1) Iban a dar el diezmo de las cosechas de la tierra, cada año. Esto consistía en el grano que produjera la tierra, el fruto de los árboles o de las viñas. También incluía el diezmo del ganado o del rebaño.

(2) Esto era considerado santo a Jehová (Levítico 27:3–32).

(3) Parece que había un tiempo específico cuando debían efectuar este diezmo. Cuando llegaba el tiempo de diezmar el ganado, debían hacerlo bajo medida o cuenta. Un contador tomaba cada décimo animal (oveja, chivo o vaca) y lo ponía a un lado. No debían sustituir al décimo animal con uno antes o uno después de él; pues si lo hacían, tenían que dar los dos: tanto el décimo como el sustituto. Dios corría su riesgo con el décimo animal; y esperaba que ellos también hicieran lo mismo.

El primer diezmo fue instituido para el mantenimiento de los levitas. El diezmo de las otras tribus era considerado la herencia de los levitas, ya que ellos no recibieron heredad en la Tierra cuando Israel se estableció en Canaán. Las instrucciones de Dios para Moisés fueron: “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos de Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión” (Números 18:21).

Cuando la tribu de Leví recibía los diezmos de las otras tribus, ellos a su vez tenían que dar el diezmo de ello a Aarón, para el mantenimiento de su familia y la de los sacerdotes; pues, éstos tampoco recibieron heredad de la Tierra: “Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos.… Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón” (Números 18:25–28). En esta forma, vemos que Dios cuidaba de lo suyo. Cuando la Tierra de Canaán fue dividida, Dios dio provisión a las once tribus; lo mismo hizo con la tribu de Leví, que ministraba en el tabernáculo.

El segundo diezmo.

Después que se efectuaba el primer diezmo, Deuteronomio indica que se iba a dar un segundo diezmo, tomado de las nueve partes restantes. Este diezmo iba a ser usado para el alimento sagrado que se iba a comer donde Dios dijera, (tiempo después se comería en Jerusalén, pues allí estaba el tabernáculo; y más tarde el templo). Al parecer, era usado para financiar las diferentes festividades y comidas que Jehová requería de su pueblo. Por supuesto, que el oferente iba a compartir también su comida con los levitas (Lea Deuteronomio 14:22–27; 12:17–19). Y si alguno vivía muy lejos como para llevar comida, se llevaba el dinero y ya en Jerusalén compraba la comida necesaria (Deuteronomio 14:24–25).

El tercer diezmo.

Deuteronomio 14:28, 29 dice: “Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”. El Antiguo Testamento no aclara si se refiere a este diezmo trienal o si el segundo diezmo era usado totalmente con los pobres cada tres años. De acuerdo con algunos escolásticos, cada tercer año, el segundo diezmo era dado completamente a los levitas y a los pobres. Según Josefo, el diezmo para los pobres era el tercer diezmo.

En resumen, la ley mosaica requirió que los judíos dieran una décima parte de todas sus entradas, cada año, para mantener a los levitas, ya que éstos ministraban o servían a Dios en el tabernáculo. Los levitas, a su vez, diezmaban o daban el diezmo a los sacerdotes para que pudieran tener comida para vivir. Además, las once tribus iban a dar un segundo diezmo cada año para las fiestas religiosas en Jerusalén relacionadas con el tabernáculo o el templo. Cada tres años daban un diezmo para los pobres; y esto incluía a levitas, huérfanos, viudas y extranjeros pobres (Deuteronomio 26:12, 13).

Bendiciones de Dios hacia el diezmo

Las bendiciones de Dios son siempre en proporción a las responsabilidades del hombre. A primera vista, parece que Dios pidió mucho de los hijos de Israel, pero Dios nunca ha pedido al hombre otra cosa fuera de lo que él ya le bendijo primero. Dios les dijo que si obedecían sus mandamientos, entonces, él les bendeciría abundantemente (Deuteronomio 28:3–6). Salomón exhortó a la gente de su tiempo: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9, 10).

Tal vez las promesas más comunes de Dios para el pueblo de Israel sean las que se hallan en Malaquías 3:10–12, donde Dios desafía a Israel a “traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.

Dios es un Dios amante y generoso; él es el mismo del tiempo de Israel.

EL DAR EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

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Las doctrinas de Cristo pueden incluir un estudio de Su persona y de Su obra. Pero, puesto que Su obra principal fue la expiación, la soteriología generalmente se separa de la cristología. Sus otras obras usualmente se tratan bajo la cristología. La doctrina se puede organizar más o menos en orden cronológico. Primero viene un estudio del Cristo antes de su encarnación y esto sería seguido de una sección sobre Cristo en Su humillación, durante Su vida terrenal.

Entonces vendría un estudio de Sus ministerios presente y futuro. Los mayores problemas teológicos aparecen en el período de la humillación de Cristo mientras estaba en un cuerpo terrenal, problemas como el significado de kenosis, la relación entre Sus dos naturalezas, y la impecabilidad.

Las doctrinas de la persona de Cristo son cruciales para la fe cristiana. Son básicas para la soteriología, porque si nuestro Señor no es lo que alegó ser, entonces Su expiación fue deficiente, no un pago suficiente por el pecado.

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